Elogio del optimismo

Volvemos a la rutina de este año que tiene tan mala pinta. Tras el paréntesis navideño, que nos debería dejar un rastro de…

Volvemos a la rutina de este año que tiene tan mala pinta. Tras el paréntesis navideño, que nos debería dejar un rastro de alegría y buenas vibraciones (quizás hemos olvidado su sentido más profundo, la buena noticia que el origen religioso de la Navidad debería transmitir), todo son malos augurios. Recortes, un gobierno que acaba de llegar y ya hace lo que dice que nunca haría, millones de parados, gente que pasa hambre… No hay motivos para el optimismo y sin embargo, yo reclamo, como hacía el amigo Georges Moustaki hace muchos años, un “êtat de bonheur permanent”.

Dicen los chinos que no se puede pedir a un pez que reflexione sobre la existencia del agua. Quizás el gobierno, los gobiernos, no pueden enviar mensajes positivos porque están demasiado preocupados para gestionar el desastre provocado por los gobiernos anteriores durante estos últimos años de abundancia virtual. Es cierto, hemos vivido engañados, todos, instalados en un estado colectivo, no de “bonheur”, sino de falsa euforia, basada en comprar, consumir, gastar sin control, pedir préstamos… El gobierno no puede, pero nosotros sí podemos reivindicar el optimismo como forma de ver la vida, de afrontar el futuro.

Estos días veo que uno de los libros más vendidos es precisamente uno de Eduard Punset que habla del optimismo. Necesitamos mensajes que nos devuelvan la alegría de vivir, de amar, de disfrutar de los pequeños (o grandes) placeres que no cuestan dinero. Hoy os hago un regalo. Es un fragmento de la felicitación de Navidad de Enric, un misionero salesiano que lleva años trabajando en África, con los más necesitados. Me ha escrito desde Lomé, la capital de Togo, para felicitarme las fiestas y desearme buen año. Y sus palabras, crudas como la realidad que le rodea, son a la vez un elogio del optimismo que hago mío. Que este año, sin embargo, sea lo mejor de vuestras vidas!

Estimado José Manuel

Te escribo esta carta, porque a pesar de que he preparado una pequeña carta postal de felicitación no creo que pueda enviarla, porque nuestros medios no tienen fuerza ni para arrastrar un carro de juguetes para niños. Así que decido escribir y dejar las fotos y las composiciones, que entretienen mucho.

También he deshecho la carta en la que decía que todo iba muy bien, por qué he cogido uno de estos virus que corren, y no sé bien si por Internet o en este ambiente que me rodea con polvo y sequía, y bichos de todo tipo.

Y lo siento, porque no llego a comprender que pueda resfriarme a 32 grados de temperatura, pero veo que eso son criterios europeos, y que aquí tienes que cambiar de chip, siempre que me he constipado ha sido en plena temporada de calor.

Bueno, pero me gustaría, ya que hoy me he levantado, que recibieras mi felicitación de Navidad, hoy mismo. No lo es el deseo este ya tan de este mundo que no sabes si es sincero, si no que es mi recuerdo que está contigo. Con vosotros, que pienso a menudo en todos los amigos y hermanos de Barcelona.

Este año será una Navidad calurosa, ya podéis imaginar que muy poco de esquí, ni de deportes de nieve, ni nieve, ni frío. Ahora estamos a 32 grados, con un fuerte Harmattan, viento del desierto que llena la casa y los pulmones de polvo. El tiempo invita a ir a la playa e iría si no fueran tan peligrosas, todavía encontraría un ratito para zambullirme. Me conformaré con una ducha.

Creo que será una Navidad muy austera, más que las otras, porque continuamente nos hablan de los problemas de Europa, y nuestra moneda depende del Euro, ya se habla de devaluar, y que pasaría de cotizar 1.000 francos CFA a un Euro, son las repercusiones de la crisis de Europa. Si esto llega las haría aún más austeras. Recuerdo que la anterior devaluación fue la noche del 24 al 25 de diciembre.

Sé que los Reyes no nos llegarán, porque es una fiesta que aquí no se hace, es un domingo cualquiera después del 1 de enero. No es una costumbre que haya entrado en estos pueblos lo de hacer regalos. Aunque empiezan a hacerlo en Navidad o Fin de año, sobre todo con los que tienen influencias de fuera, y depende mucho de las posibilidades económicas de la familia. Nosotros recibiremos una tela africana para hacernos una camisa. Todavía tengo guardado la del año pasado.

Eso sí, podré pasar unos días más tranquilos, de "vacaciones", para ponerme al día en el trabajo que tengo atrasado, este es mi deseo cada vez que me encuentro con unos días de vacaciones, pero si cuando estuve en convalecencia por la operación de la rodilla no lo conseguí, y eso que hice esfuerzos, no creo ahora que en cuatro días llegue. A esto yo le llamo empezar sin creer demasiado en lo que uno se propone. Como dicen aquí es “échec”, es como aquel que quiere subir una montaña, lo anuncia a todos, sabiendo que no llegará ni al primer cerro.

Y hoy, como veis, no hago una postal de felicitación sino que más bien aprovecho para comunicar cosas. Así que recuperado un poco y levantado de la cama, ya sin esa tos que daba pena y quebraba los pulmones, con el sentimiento que estoy ganando la batalla al resfriado, me puedo dedicar a escribir esta cartita para acordarme de todos, y me he dicho, antes de ponerme al día en el trabajo, me pondré al día con los amigos y conocidos ya que confieso tenerlos muy abandonados.

Pero, a pesar de todo, Felices fiestas de Navidad, a la europea o la africana, que cada uno pueda ser feliz en su situación, aunque por lo que oigo en las noticias de la tele allí serán también unas fiestas austeras, sobre todo para mucha gente. Bien, pero la felicidad no depende de la austeridad. ¡Bonheur à Tous! A pesar de todo.

Enrique

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