Eluana y la justicia de los hombres

En estos días, nos ha conmocionado a muchos la pérdida de Eluana y las circunstancias en las que se ha producido. Apagada su vida, se ha…

En estos días, nos ha conmocionado a muchos la pérdida de Eluana y las circunstancias en las que se ha producido.

Apagada su vida, se ha apagado también la esperanza. Y es que la vida de Eluana contaba con diversos elementos que, a juicio de mucha gente, la hacían merecedora de protección.
He citado la esperanza que, a modo de insignificante lucecilla, era tan pequeña que muchos no podían ni verla.
Su dignidad se camuflaba en la reducción de sus sentidos y probablemente en la atrofia de su cuerpo pero ¿acaso su dignidad se podía medir por su apertura al mundo y la estética de su cuerpo?
Y ¿qué me dicen del amor que giraba en torno a ella? En el Hospital de Lecco, unas monjitas le habían jurado amor de por vida, un amor que podría ser más intenso que el amor contingente que hoy en día se promete la gente, condicionado a bienestar y margen de libertad individual. Pero ¿qué es al fin y al cabo el amor de una monja?
Lo cierto es que muchos ojos no vieron en Eluana ni esperanza, ni dignidad, ni amor y decidieron abogar por su desaparición.
Otros, vieron todas esas cosas y lucharon por mantenerla en vida, contra todo pronóstico médico. Fueron aquéllos que conciben la vida como un don, un regalo que recibes de un Padre y ante el que no cabe rechazo, si realmente piensas que viene de Él.
La Corte de Apelación de Milán optó por no ver en lo escondido y decidió lo que ya sabemos. El Tribunal Supremo italiano confirmó la decisión. Tengo que decir que en estos días me he sentido orgulloso del Gobierno italiano, del Procuratore Generale, que intentó oponerse al Recurso y su acción fue rechazada por falta de legitimación procesal, al tratarse de una materia civil y no penal. Del Ministro de Sanidad, Maurizio Sacconi, que se llevó las manos a la cabeza cuando supo de la muerte de Eluana y de tantos diputados, a los que tanto critico durante el año en mis viajes a Italia. Muchos de ellos vieron en lo escondido.
La Sentencia de Milán no ve en Eluana esperanza.Se acogen argumentos como: “… es radicalmente incapaz de vivir experiencias cognitivas y emotivas y, por tanto, de tener contacto alguno con el ambiente externo”, no existiendo en ella “signo alguno de actividad psíquica y de participación en el ambiente, ni capacidad alguna de respuesta comportamental voluntaria hacia los estímulos sensoriales externos, visuales, auditivos, al tacto, al dolor”.
Se acoge el criterio de un grupo de expertos del Ministero della Sanità en su estudio de “valor científico seguro (S.V.P.)”, avalado por estudios internacionales, por los que “… el tiempo de espera para considerar irreversible un estado vegetativo estaba orientativamente fijado en tres meses para los niños y un año para los adultos …”.
Gracias a estos científicos, sabemos cuándo un ser humano debe perder su esperanza y dignidad. El tiempo se constituye en elemento vertebrador de la dignidad humana cuando no sabemos relacionarnos con la Sociedad y somos entonces una carga. Y así como estos científicos diferencian el tratamiento entre niños y adultos ¿podrán en el futuro distinguir entre jóvenes y ancianos,hombres y mujeres, blancos y negros, judíos o arios? Al fin y al cabo, son expertos y además internacionales.
En tales circunstancias, el tutor se convierte en dador o sustractor de vida. En efecto, la Sentencia continúa “La Corte milanesa … ha expresado, por tanto, su convicción de que las pruebas practicadas, acogibles, unívocas y eficaces, autorizaran concluir acerca de la correcta determinación volitiva del legal representante del incapaz en su adecuación a la elección presumible que, en las condiciones indicadas, habría hecho propia la representada”.
Como vemos, la voluntad actual es la del tutor, la voluntad presunta es la de la paciente, pero los efectos recaen en ésta última. No soy digno de juzgar a los padres de Eluana, que muy probablemente son mejores personas que yo y han pasado por una situación extrema, pero sí juzgo argumentos jurídicos, que están yendo mucho más allá de los límites que a mí me enseñaron en la Facultad de Derecho.
Como se aprecia insuficiente el argumento de la delegación en el tutor, la Sentencia retoma alguna conversación de Eluana con amigas del Instituto y las acoge como manifestación de voluntad, como testamento vital que legitimará su muerte. Puesto que existían dudas acerca de la realidad de tales manifestaciones, el Tribunal fundamenta la voluntad de Eluana en que “haya manifestado, de forma expresa e incluso a través de sus propias convicciones, su estilo de vida propio y los valores de referencia, la inaceptabilidad de un cuerpo destinado, gracias a terapias médicas, a sobrevivir a la mente …”.
En lo que no entra la Sentencia es en el amor de las monjas de Lecco, porque sabemos todos que ese amor no tiene medida, que se ejercía en el frío invierno alpino y también cuando el sol del verano invitaba a pasear por el Lago de Como. Se ejercía durante el día y de madrugada. Ese amor no entra en la sentencia, porque lo eterno no se puede manejar como concepto jurídico. Porque ese amor a imagen y semejanza del que viene del Padre, hace temblar la justicia de los hombres, hace ver en lo escondido y nos enseña que esta vida es un corto espacio de tiempo en el que sólo se nos pide una cosa, amar. Eluana generó durante su vida más amor del que probablemente podamos generar cada uno de nosotros. Lo generó en sus padres, amigos y en las monjas de Lecco ¿Fue entonces un don de Dios?
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