En esta ocasión, bien por Ciudadanos

El delito contra la pareja responde en la mayoría de casos a la combinación entre una circunstancia, la ruptura, y una patología individual El delito contra la pareja responde en la mayoría de casos a la combinación entre una circunstancia, la ruptura, y una patología individual

Justo ayer publicábamos un elogioso editorial para Ciudadanos por su posición de modificar la ley sobre violencia de género para terminar con la asimetría que castiga al hombre por el hecho de serlo. Decíamos lo que sigue más abajo. Lo mantenemos a pesar de que los medios de comunicación plantean las posteriores precisiones de Ciudadanos como una rectificación, que no es tal. Lo que afirmó la número tres de la lista era de sentido común: la naturaleza del delito no varía si lo comete un hombre o una mujer. Este planteamiento fue traducido como la propuesta de un cambio legislativo para igualar a ambos cónyuges en la pena, retornando al equilibrio anterior a la ley, que es el propio de Europa. Pero el fin de la discriminación sobre el hombre puede lograse por la otra vía: la de elevar la pena de la mujer si comete un delito igual en el marco de las relaciones de pareja. Este es el camino escogido por Ciudadanos, y conduce a no criminalizar la condición de haber nacido hombre. No es la mejor solución, porque se producirá, ahora también para la mujer, el paso, en muchas ocasiones, de la simple falta al delito, y eso nos parece mal, pero al menos se habrá apuntado al corazón ideológico de la ley, que no es otro que la aplicación de la sectaria ideología de género. 

Esto es lo que decíamos ayer:

No nos interesan las etiquetas políticas sino su propuesta, y sobre todo sus actos, y ahora en plena campaña electoral ha emergido un punto del programa de Ciudadanos que merece ser elogiado, porque por fin alguien se atreve a señalar que el rey va desnudo, y esta desnudez no es otra que la ley de violencia de género.

Se trata de una legislación especial que solo rige en España, porque ningún país europeo ha aceptado algo semejante, y que consagra que por una misma infracción cometida entre los miembros de una pareja la pena será distinta, más grave por el simple hecho de ser hombre. El resultado es que miles de hombres han ingresado en la cárcel por delitos que en realidad eran faltas, cosa que no ocurre si el marco de relación es otro, o si quien lo ha cometido en la pareja es la mujer. Se trata, por tanto, de una legislación especial, una causa general, por el hecho de ser hombre, que prescinde de cada caso concreto. Se juzga a una categoría, al hombre, y no solo al individuo que ha cometido el delito, a pesar de que este, por definición, es individual y así debe ser valorado. Existen los instrumentos jurídicos suficientes para acentuar la pena, los agravantes, por múltiples motivos que pueden aplicarse a un culpable, pero no porque perezca al sexo masculino, sino porque haya abusado de su fuerza, de la confianza u otros muchos motivos.

La cuestión es tan radical y tan extrema que una denuncia por violencia de género arruina la vida de un hombre, lo que ha convertido a la ley en un instrumento de presión que genera injusticia.

Que se trata de una legislación especial, lo consagra la idea de que es “un delito especial” el que el hombre comete contra su pareja o ex pareja. Un delito más grave, por ejemplo, es el de los familiares con un anciano o un menor, a pesar de la prevalencia elevada y su mayor indefensión.

Defender este castigo al hombre, en razón de la “situación en la que se encuentra la mujer por razones culturales e históricas”, es una gran deformación de la realidad, cuando en los menores de 35 años hay muchas más tituladas universitarias que hombres, mientras que estos abundan más entre quienes solo tienen la Secundaria. Cuando el fracaso escolar se ceba en los muchachos, que presentan una diferencia en relación a las chicas, insólita no ya en Europa, sino en el conjunto de la OCDE, ¿cuáles son las circunstancias históricas que condenan a todos los hombres? ¿La de que podrán aspirar solo a peores empleos? Eso es puro sectarismo de género. Sería equivalente a afirmar que cuando una pobre atenta contra un rico tiene razones históricas y culturales para hacerlo y su delito es menor. Es equivalente a afirmar que el delito que un empresario cometa con un trabajador suyo en un pelea, los insultos, o los golpes, tengan una sanción mayor por “razones históricas” ligadas al empresariado.

Solo los delitos relacionados con el terrorismo y banda organizada tienen un agravamiento especifico por una razón estructural, pero, ¿el hombre por qué ha de tenerlo? Solo por un motivo: porque es la categoría humana y no el individuo el responsable. Hay una causa estructural de la que son culpables todos los hombres. Estos son los fundamentos de la extraña ley española.

Pero, ¿cómo va ser algo estructural la muerte de 50, 60 mujeres al año, sobre un total de 11,3 millones de parejas? Esto significa una prevalencia de un caso cada 226.000 parejas, una afectación marginal, afortunadamente, y muy inferior a la de la mayoría de países de Europa, empezando por el modelo sueco, que rechazan una ley como la española, y consideran que una forma eficaz de proteger a la mujer es prohibir la prostitución. Toda muerte es una tragedia, pero precisamente por ello no se debe hacer política sobre ella. El delito contra la pareja responde en la mayoría de casos a la combinación entre una circunstancia, la ruptura, y una patología individual; eso es lo que debe ser abordado y eso sería lo eficaz. Lo otro es utilizar estas desgracias para imponer una ideología, la de género.

Por eso es tan importante que al menos un partido haya tenido el valor de situar el tema prohibido encima de la mesa, de abrirlo al debate, y por eso Ciudadanos merece un elogio.

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