En Holanda las mujeres sí van a la cárcel

La presencia del presidente del Gobierno en la televisión española ha despertado, como era lógico, riadas de tinta, más bi…

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La presencia del presidente del Gobierno en la televisión española ha despertado, como era lógico, riadas de tinta, más bien de perfil muy crítico dado el visible desajuste entre las preguntas y las respuestas, y la pérdida de capacidad comunicativa mostrada por Rodríguez Zapatero.

A pesar de que la única encuesta hasta ahora conocida le otorga un 6 de nota, es decir un aprobado alto, hay algunos otros datos cuantitativos que llaman la atención. Por ejemplo éste: si bien el nivel de audiencia para el conjunto de España fue muy alto, del orden del 30%, en Cataluña, la comunidad junto con Andalucía de cuyos votos depende el Gobierno de Zapatero, solo fue del 17%.

Es una diferencia muy considerable que tiene una lectura política. Un análisis entre la audiencia y el voto predominante de cada comunidad autónoma en las pasadas elecciones aportaría pistas sobre si quienes se han dedicado a seguir el programa lo han hecho por razones más bien morbosas, es decir, sus críticos y adversarios, o sobretodo, sus fieles. Si la lectura de Cataluña fuera generalizable, la defección de los simpatizantes alcanzaría una cuota importante.

Las respuestas de Zapatero se han repasado por el derecho y por el revés, como es lógico, y en ellas se han encontrado substanciales alteraciones de los hechos, para decirlo en términos considerados. Pero también han servido para mostrarnos algunas facetas más profundas del personaje. Una de ellas es que nuestro hombre sigue sintiéndose profundamente incómodo ante los temas económicos cuando éstos se apartan del mecanismo de reflejos condicionados, que tiene mucho más juego en el ámbito parlamentario. Es como el jugador que sabe realizar unos cuantos movimientos que le dan una rentabilidad aparente, pero que carece de fundamentos para crear soluciones ante jugadas imprevistas. Y en TVE, las jugadas de los presentadores se apartaban del guión; eran auténticas.
Zapatero se encuentra mucho más cómodo en los temas sociales. La razón puede ser bastante sencilla: le permiten un discurso ideológico que no tiene por que verificarse en la realidad inmediata que vivimos. Su significativo “esto se anima” cuando el que preguntaba era un sacerdote, revela el tic de fondo de enemistad hacia lo que pueda representar la Iglesia, de beligerancia revestida de autocomplacencia.
Centrémonos en esta respuesta porque es terriblemente desacertada. La pregunta que se repitió era que si creía que el embrión o el feto era un ser humano. La respuesta para un presidente constitucional era muy simple: Si. Esto es lo que dejó establecido la Sentencia del TC de 1985. Zapatero no puede ignorarlo, porque precisamente la Ley que intentan hacer, al introducir los plazos, lo que pretende es encontrar alguna fórmula jurídica que le permita burlar aquella jurisprudencia. Por lo tanto, él y sus asesores han hablado largamente del tema y tienen conclusiones sobre el mismo. Si evitó responder es precisamente porque se niega aceptar lo que esta legalmenteestablecido.
Uno de sus argumentos fue el que las mujeres que abortan no deben ir a la cárcel. Hay que decir que en España no hay ni ha habido mujeres encarceladas por este motivo, lo cual tampoco es para echar las campanas al vuelo. En toda Europa el aborto es siempre un delito, lo que varía son los límites, pero si estos se superan la mujer va a la cárcel, bueno, menos en España.
El ejemplo más paradigmático lo tenemos en el caso holandés. En aquel país la legislación es muy permisiva porque permite el aborto hasta las 24 semanas sin necesidad de alegar causa alguna. Pero si alguien adopta esta práctica en la semana 25, es detenida, va a la cárcel, sale en libertad provisional y es juzgada de homicidio por infanticidio. Esto es lo que le sucedió exactamente a una de las clientas del famoso doctor Morín. Ni más ni menos.

Pretender que el aborto sea un derecho ilimitado y que en ningún caso su ejercicio puede comportar penalización es una brutalidad, porque niega cualquier derecho al no nacido. No ya sólo en su fase de embrión o de feto, sino también en la de inmaduro. Es decir aquel que ya está en condiciones de sobrevivir con más o menos dificultades fuera del seno materno.

Lo que escandalizó a la opinión pública meses atrás del caso Morín, de las trituradoras y los “rompecocos”, no es nada más que una consecuencia de los abortos de fetos muy desarrollados y de inmaduros. Que el presidente de este Gobierno demuestre una nula sensibilidad para el que ha de nacer, tan extrema, revela una naturaleza profunda muy alejada de un sentimiento que todo gobernante debe poseer, que es el de un mínimo sentido de la compasión. La gran mayoría de la población sabe que Zapatero falta habitualmente a la verdad, pero ahora es necesario añadirle una segunda característica: bajo este almibarado talante vibra una beligerancia despiadada.
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