En la EpC todo vale: cada manual enseña cosas distintas

Algunos periódicos, El País y La Vanguardia entre otros, han abierto el curso escolar con una defensa –más bien un intento- de los libros de texto de …

Forum Libertas

Algunos periódicos, El País y La Vanguardia entre otros, han abierto el curso escolar con una defensa –más bien un intento- de los libros de texto de la asignatura de Educación para la Ciudadanía.

Lo mínimo que puede decirse una vez leídas las decenas de miles de palabras que le dedican, es que lo que muestran condena a la asignatura. La condena por irracional, por arbitraria, por subjetiva.

Atrapados en la propia trampa del gobierno, de intentar presentar esta cuestión con un perfil bajo, predicando que es un marco de referencia amplio donde todos tienen cabida, lo que consiguen los periodistas a base de citar frases de los distintos libros es mostrar una inmensa confusión, un gran batiburrillo. Todo va a depender del libro que escojan, de la editorial que lo haya editado, del autor que haya detrás.

En ninguna asignatura reglada, cuya nota cuenta para la media del curso, se admitiría que lo que expone variara radicalmente según el libro de texto. Lo que para unos alumnos será A para otros será –A.

Por ejemplo: algunos libros como los editados por Algaida y Octaedro, se dedican al adoctrinamiento directo sobre la doctrina de género.

El término género hace referencia a una construcción cultural y como todo lo cultural, puede ser modificado. Queda claro, pues, que la diferencia en las relaciones de género no es algo natural ni biológico sino aprendido y muy a menudo impuesta”.

O sea que de hombre y mujer biológico, nada de nada. En contrapartida la editorial Casals, sin duda, a años luz el mejor libro de texto, define a la mujer en su condición de tal y subraya su capacidad afectiva y como sobre todo es la madre la que humaniza la familia y constituye su cemento de unión. Santillana, la editorial de PRISA, se inclina por una línea más suave en la forma pero contundente en los contenidos. A la existencia de condiciones específicamente masculinas y femeninas, las califica de estereotipos “son creencias falsas y ofensivas

Técnicamente la mayoría de estos libros no se aguantan, es extraño encontrar uno de ellos que presente definiciones acordes con lo que la comunidad científica tiene establecido en la multitud de campos que trata.

Y esto no sirve solo para los aspectos conectados con la naturaleza del ser humano, sino para cuestiones en el ámbito institucional.

Por ejemplo, ¿qué es España? Bien, pues aquí podrán encontrar tesis diversas. Va a haber tantas Españas casi como autores. Es decir, como editoriales. Y en este caso no se podrá decir que ha sido ésta o aquella autonomía que se “inventa” su propia realidad sino que son ediciones a escala española. Ahí también el batiburrillo es manifiesto.

La incapacidad para fijar técnicamente los conceptos es muy grave porque niega a los alumnos la posibilidad de adquirir los fundamentos básicos. En la mayoría de ellos, obviamente en los de Fernando Sabater (editorial Laberinto) y José Antonio Marina (editorial SM), se habla de la familia, del modelo familiar, se dicen cosas tópicas como que la familia varía según el modelo cultural, lo cual es desde un punto de vista sistémico, falso, y se asimila esta institución a un simple grupo social ligado por relaciones afectivas. Muchos todavía lo entontecen más al relacionar la familia así definida con el parentesco.

Casi nadie subraya el hecho de que la familia es una institución que obedece, por lo tanto, a los fines sociales que debe cumplir, que no es solo una relación afectiva y que necesariamente en una sociedad ordenada surge del matrimonio. No existe relación de parentesco ni por consiguiente estructura familiar, sin un vínculo formalizado más o menos estable, que se desarrolla a través de la filiación y la fraternidad.

La estructura social primaria, el fundamento de la sociedad civil no es nada más que una red enlazada por los nódulos que establecen los matrimonios, que se vinculan entre sí en sus relaciones ascendentes, descendentes y colaterales, de padres, hijos y parientes.

El adoctrinamiento es otra característica común y ahí hay de todo (promoción de la homosexualidad, ideología de género, antiglobalización), pero también el descenso a cuestiones de detalle absurdo, que no se entiende como pueden formar parte de un currículo educativo, como por ejemplo cuando el libro de la editorial Octaedro califica a las películas hechas en Europa como buenas porque responden “a una concepción plural y diversa”; y a las americanas de malas, porque tienen “una concepción restrictiva y homogeneizadora”. Y se quedan tan descansados. ¿Esto es educar, ayudar a construir el propio juicio? Esto es fomentar el perjuicio.

El hecho de que una editorial sea presuntamente de responsabilidad religiosa no garantiza nada. Por ejemplo SM ha encargado el libro a Jose Antonio Marina, una persona de indudables valores intelectuales pero cuyos planteamientos en el aspecto religioso están en las antípodas de lo que debe ser en este terreno.

Resumen: nunca en la historia de este país, ni con la Formación del Espíritu Nacional, (penosa pero que obedecía una lógica) se ha producido un mayor dislate en los libros de texto, una mayor degradación de lo que es el enseñar. Por eso los primeros que deberían rechazar este burdo mercadeo de ideas y dinero, son los propios profesores, por dignidad.

Los padres y madres ya lo saben, la mayoría de los libros de texto van a crear confusión en la mente de sus hijos. Algunos son absolutamente rechazables como los de las editoriales de Laberinto, Algaida y Octaedro. Otros nada recomendables como los de SM y Santillana. De todo el conjunto, aunque puede haber alguno más que no hayamos leído, solo hay uno que resulta plenamente recomendable, como libro de lectura y reflexión, el de la editorial Casals.

Cualquier esperanza de que todo esto sirva para educar cívicamente a nuestros alumnos puede depositarla allí donde Dante la dejaba, en la bajada a los infiernos.

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