En torno al Sínodo que viene

Recuerdo que en la Iglesia siempre se ha vivido el discernimiento para tratar diversas situaciones. Por ejemplo, las personas afectadas por la ruptura de un matrimonio, que ha acabado en un divorcio civil, jamás han sido “excomulgadas” por la Iglesia. Y no pocas de ellas, que han sufrido la ruptura y no han contraído otro matrimonio civil, siguen adelante en su vida, cuidándose de los hijos, y viviendo su unión con la Iglesia en plenitud sacramental. Al citar el n. 84, de la Exhortación de Juan Pablo II, es natural pensar que el papa Francisco nos invita a leer de nuevo ese escrito, que ha sido, y es, punto de referencia para toda esa cuestión de los divorciados y vueltos a casar civilmente, a los que tampoco nadie ha “excomulgado” nunca. Juan Pablo II, consciente de la situación de esas personas, al no estar en gracia de Dios, o sea, en pecado, señala: “La Iglesia, no obstante, fundándose en la Sagrada Escritura reafirma su praxis de no admitir a la comunión eucarística a los divorciados que se casan otra vez. Son ellos los que no pueden ser admitidos, dado que su estado y situación de vida contradicen objetivamente la unión de amor entre Cristo y la Iglesia, significada y actualizada en la Eucaristía. Hay además otro motivo pastoral; si se admitieran estas personas a la Eucaristía, los fieles serían inducidos a error y confusión acerca de la doctrina de la Iglesia sobre la indisolubilidad del matrimonio”. El papa Francisco sabe que la Iglesia tiene la misión de atender a todos los bautizados, estén en la situación que estén; y por eso recuerda con insistencia que se mantenga constante, y se mejore en lo posible, contando lógicamente con, su libertad e interés, la atención pastoral con esas personas.

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