Ennio Morricone: “Yo rezo una hora al día, incluso más”

El director Quentin Tarantino, conocido por obras de culto cinematográficas como Pulp Fiction o Kill Bill, ha anunciado recientemente que el co…

El director Quentin Tarantino, conocido por obras de culto cinematográficas como Pulp Fiction o Kill Bill, ha anunciado recientemente que el compositor Ennio Morricone será quién pondrá música a su última película, el western The Hateful Eight, que se estrenará a fin de año.

Esta es la primera vez que Morricone, de 86 años de edad, crea una banda sonora expresamente para una película de Tarantino, quien en sus filmes anteriores ha utilizado en ocasiones fragmentos musicales del compositor romano, todos pertenecientes a otras cintas.

Es de sobras conocido el recorrido profesional de este compositor en el mundo del cine, que ha compuesto la banda sonora de filmes tan importantes como La Misión, Cinema Paradiso, Los intocables de Eliott Ness, El Bueno, el Feo y el Malo, y Érase una vez en América, entre otros muchos.

Lo que ya no es tan conocido por el gran público es que Ennio Morricone busca constantemente aproximarse a Dios, tanto a través de su música como en su día a día, según ha manifestado en una entrevista concedida a Credere.

“Mi fe nace en la familia”

En esa entrevista, el compositor recuerda: “provengo de una familia cristiana. Mi fe nace en la familia. Mis abuelos eran muy religiosos. Con mi madre y mis hermanas siempre orábamos antes de ir a la cama”.

“Recuerdo la época de la guerra. Durante esos años terribles rezábamos el Rosario. Todos estábamos muy impactados. Me veo a mí mismo, ahora, como en un sueño, respondiendo el Ave María de mi madre. Siempre hemos sido religiosos. Los domingos íbamos a misa y nos acercábamos al sacramento de la Comunión”.

Morricone considera que la identidad creyente revela en un hombre que “es honesto, altruista, respetuoso de Dios y el prójimo. Ama a los demás, incluso si la palabra amor significa renuncia; pero es así. Esto es importante”.

“Realmente, buscar el bien de los demás y no dañar al prójimo con mis actos. Me parece perfectamente normal y expresa respeto, hacer algo por la persona con quien me encuentro”, añade.

Su familia le transmitió siempre esos valores y “también la capacidad de sacrificio. En este tiempo es urgente sacrificarnos aún más… Con mi esposa, que es una persona bondadosa, dedicada, hemos habituado a nuestros hijos a vivir la generosidad”.

“La música es cercana a Dios”

Cuando le preguntan sobre la relación de la música con Dios, responde sin dudar que “la música es sin duda cercana a Dios. La música se proyecta al mismo tiempo en el alma y en el cerebro del hombre. Le permite orar… La música es el único arte verdadero que realmente nos acerca al Padre eterno, a la eternidad. Me digo a mí mismo, también se lo he dicho a mi esposa, que la música ya existía, ¡toda! La música que se escribe y se escribirá. El compositor solo la toma y se la lleva…”.

También hace mención a su repertorio de música sacra, y comenta que hace algunas semanas presentó la Missa Papae Francisci, un homenaje al Papa Francisco de intensa y particular belleza.


“En verdad se me pidió como una composición para coro de la iglesia de Santa María de los Ángeles en Roma con motivo de un Festival al que asistirían seis coros, provenientes de todo el mundo. Decidí componer una ópera, donde se cantase sólo la palabra "Amén", pero debía involucrar a los seis coros”.

Y sigue: “luego, Egisto Macchi me pidió que escribiera un Vía Crucis. Yo le respondí que sí. Yo había escrito hacía poco además una música sobre la Creación. El aire, la luz, el agua, el fuego, la tierra, el hombre. Entonces, la torre de Babel de la que brota, en hebreo, una multitud de voces… vino en un ‘crescendo’ cada vez más imponente”.


El “milagro” de La Misión

Más adelante, habla de la película que le ha permitido exponer con mayor intensidad la conversión de la conciencia humana, la espiritualidad en el cine y el poder del perdón: La Misión.

“El coproductor de la película, Fernando Ghia, me llevó a Londres para ver la película. Antes del final, yo estaba llorando; en la masacre de los indios y jesuitas a manos de portugueses y españoles. Tenía ante mí al director con los dos productores y yo dije: ‘No, yo no haré la música, ya es hermoso así’. Creo que estuve llorando media hora. Y ellos insistieron. Hasta que me di por vencido: ‘Bien… haré la música’”.

“Yo no quería hacerla, porque si era incorrecta, podía arruinar la película. Trabajé en tres elementos distintos que no podía ignorar, el oboe del padre jesuita Gabriel, la música coral y la de la etnia india; creo que fue un milagro poder componer esa música en la que tres combinaciones independientes de sonidos trabajan simultáneamente”, continúa.

Al final de la entrevista se refiere a la relación entre la música y la oración, algo que da por hecho: “¡Cierto! Pero más allá de la música se necesitan palabras, intenciones, concentración”.

Yo rezo una hora al día, incluso más. Es lo primero que hago. También durante el día, si se da la ocasión. Por la mañana me paro frente al Cristo (en el gran salón, iluminado por una ventana, hay una hermosa imagen de Jesús) y al anochecer. Espero que mis oraciones sean escuchadas”, concluye.

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