Entre Durban y Bruselas

Dos acuerdos incidirán en nuestras vidas esta semana y muchas más que seguirán, porque señalan dos hechos histórico…

Forum Libertas

Dos acuerdos incidirán en nuestras vidas esta semana y muchas más que seguirán, porque señalan dos hechos históricos.

El primero es el semifracaso de la conferencia sobre el clima celebrada en Durban. El acuerdo al que se ha llegado después de prolongarla 36 horas más de la fecha prevista es escaso: prolongar Kioto. La razón de esta insuficiencia radica en que no se ha resuelto el problema de fondo. Tres países, Estados Unidos, China y la India producen el 50% de CO2, y son ahora los principales agentes responsables del cambio climático. Mientras esta cuestión no se resuelva, y ha sido aplazada una vez más, el mundo seguirá bajo los efectos de un proceso que ahora ya difícilmente puede cuestionarse: el clima de la Tierra está cambiando. Esperar a una confirmación cien por cien segura es una visión catastrófica, porque cuando la poseamos será tarde. Es, salvando las distancias, como quien piensa “no sé si Dios existe, por tanto viviré sin Dios”

La otra cuestión, mucho más inmediata, y que afecta de una forma directísima a nuestra vida cotidiana, es el acuerdo, incluida la fractura británica, celebrado por la Comisión Europea, es decir el máximo órgano de gobierno de la Unión. ¿Éxito, fracaso, una reunión más que empuja la pelota hacia delante? Pensamos que es difícil dilucidar el balance definitivo, lo veremos en los próximos días, pero como mínimo hay tres cosas concretas que sí se pueden decir.

Primera, era un acuerdo necesario. Sin este principio al que se ha llegado, el consagrar la austeridad, es difícil que Alemania y los países del norte de Europa se avengan a razones para acordar futuras medidas que puedan ayudar a equilibrar el extraordinario endeudamiento y sobre todo bajo crecimiento de los países del sur.

Segunda, no es suficiente precisamente por la razón apuntada más arriba. No se contemplan medidas de la magnitud adecuada ni de la concreción exigida que puedan paliar los efectos del endeudamiento de España y de Italia, y que sobre todo les ayude a encontrar el camino del crecimiento económico. Porque el problema de estos países no es solo el de su deuda pública, sino la dificultad para pagarla por su escaso dinamismo económico, el estancamiento, si no recesión en el caso de España, al que han llegado.

La tercera cuestión es que el balance real de la conferencia lo vamos a ver ya, de manera inmediata. Si este lunes y los días sucesivos se produce una atenuación de la presión que sufre la deuda española en los mercados internacionales, y el diferencial con el bono alemán se relaja, si las bolsas expresan otro estado de ánimo, podremos decir que el balance de la reunión ha sido bueno. En caso contrario, nos encontraremos todavía en el fondo del pozo, pero en una situación aún más difícil.

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