Epístolas a Serapión sobre el Espíritu Santo’, de San Atanasio

Atanasio es uno de los grandes padres de la ortodoxia católica. En su azarosa vida, que conoció varios destierros no dejó de luchar por la correcta fo…

Atanasio es uno de los grandes padres de la ortodoxia católica. En su azarosa vida, que conoció varios destierros no dejó de luchar por la correcta formulación de la fe y la erradicación de la herejía.

 

Las Cartas a Serapión constituyen, en su conjunto, un importante tratado sobre la divinidad del Espíritu Santo. Una vez fue desplazada la herejía arriana, que concebía al Verbo como criatura, algunos empezaron a afirmar que el Espíritu Santo no era Dios.

 

Atanasio, que entonces estaba exiliado en el desierto por orden del emperador Constancio, tiene noticia de esa nueva desviación doctrinal a través de su amigo el obispo Serapión. Los negadores de la divinidad del Espíritu Santo son conocidos, en la actualidad, con el nombre de pneumatómakos, aunque Atanasio los denomina trópicos, por el uso indebido que hacen de los tropos (lugares) escriturísticos.

 

La argumentación atanasiana gira en torno a dos grandes polos. Por una parte enseña a distinguir los diversos usos que se dan en la escritura a la palabra “espíritu”. Hay que fijarse bien cuando se refiere a la Tercera Persona de la Trinidad. Lo mismo sucede cuando se habla del Verbo. Hay que diferenciar cuando se le trata según la naturaleza humana o la divina.

 

Y, por otra parte, Atanasio insiste en la limitación del lenguaje humano para explicar cómo es Dios. La herejía no pocas veces proviene de un mal uso de la razón al intentar ir más allá del lenguaje revelando y explicar lo inefable. De ahí la importancia de prestar atención al lenguaje escriturístico y, por extensión, al fijado en la Tradición y el Magisterio.

 

Las cuatro cartas a Serapión son una magnífica refutación el error herético. Vale la pena leerlas detenidamente. A mí me impresiona singularmente el argumento del santo según el cual si el Espíritu Santo diviniza no puede ser criatura sino que ha de ser divino. Me gusta no sólo por la lógica argumentativa sino porque presupone también la conciencia de la vida divina en los fieles. Es por tanto un argumento sostenido no sólo desde la racionalidad del dogma sino también desde la experiencia de la fe de la Iglesia.

 

No es en el que más incide el santo, que se fija en otros aspectos como la imposibilidad de que en Dios haya alguna composición de criatura, o en la imposibilidad de que el Espíritu Santo sea hijo del Hijo. Pero encuentro que es indicio de una experiencia muy profunda.

 

El libro está bien traducido y va precedido de una oportuna introducción del Padre Carmelo Granado, S.J., quien ha hecho una buena edición de la obra.

 

EPÍSTOLAS A SERAPIÓN SOBRE EL ESPÍRITU SANTO

Atanasio

Ciudad Nueva

Madrid 2007

220 páginas

 

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