Erich Przywara: sacerdote culto y místico para el siglo XXI

“La enorme tarea teológica de Erich Przywara, a la que no se puede comparar ninguna otra de actualidad, hubiera podido ser el remedio dec…

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“La enorme tarea teológica de Erich Przywara, a la que no se puede comparar ninguna otra de actualidad, hubiera podido ser el remedio decisivo de nuestro pensamiento cristiano de hoy. Mas la época escogió el camino más sencillo de no enfrentarse con una labor que, por su parte, no está exenta de responsabilidad por este hecho”. (Hans Urs von Balthasar).

Un jesuita místico

Erich Przywara nace el 12 de octubre de 1889 en Kattowitz (Silesia Superior). En 1908 ingresa en la Compañía de Jesús. Realiza sus estudios de Filosofía entre 1910 y 1913 en Valkenburg (Holanda). Se centra, a lo largo de sus estudios filosóficos, en la figura de Santo Tomás de Aquino, y participa activamente en las controversias entre la escolástica y los filósofos contemporáneos.

Entre 1913 y 1917 fue prefecto de música en el Collegium Stella Matutina de Feldkirch (Austria). Allí demostró sus dotes naturales para la música, muy sensibilizado por la música sacra y la música barroca, especialmente por la figura de Johann Sebastián Bach.

De 1917 a 1921 realizó sus estudios de Teología, concentrando su atención académica en los Padres de la Iglesia y en Newman. En esta época profundiza en sus estudios literarios, dedicándose al estudio de los autores románticos y de Nietzsche.

Entre 1921 y 1922 hizo su tercera profundización de estudios humanísticos en Exaten (Holanda). Allí se dedica al estudios de San Agustín de Hipona y de los Monumenta Societatis Jesu.

De 1922 a 1944 reside en Munich e ingresa allí como miembro del Collegium Stimen der Zeit hasta su disolución definitiva por la implacable Gestapo, una de las tantas actuaciones negativas de la Alemania nazi.

A lo largo de su vida académica y cultural, nuestro jesuita llevó una intensa actividad de conferenciante. De 1941 a 1945 desempeña el cargo de director espiritual universitario en Munich. A partir de 1951, y después de una intensa vida académica y pastoral, marchará al campo para mejorar su salud física. Pero en 1962 fallece en Munich a causa de su delicadísimo estado de salud.

Entre sus obras, podemos destacar: Una misma Iglesia (1915); Eucaristía y trabajo (1917); Que estás en el Cielo (1922-1923); Dios del mundo (1923); Estudios de Religión (1923); Año de la Iglesia (1923); El Cuerpo (1924); Majestad Divina (1925); Dios (1926); El secreto de Kierkegaard (1929); Kant hoy (1930); Analogia Entis (1932); El Carmelo (1932); Augustinus (1934); La existencia del cristiano (1934); Deus Semper Major (1938); Crucis Mysterium (1939); ¿Quién es Dios? (1947); Nuptiae Agni (1948); Humanitas (1952); Ignatianisch (1956); Idee Europa (1956); Escritos (vols. I-III, 1962).

Su pensamiento

Los inicios del pensamiento filosófico, teológico y místico de Erich Przywara se hallan en San Ignacio de Loyola, J.H. Newman y San Agustín de Hipona. Para Przywara, el fundador de los jesuitas es fuego ante Dios y para Dios. Ignacio de Loyola estuvo dispuesto, a lo largo de su vida, a una misión que tuvo por objeto el universo y como forma, la Cruz. San Ignacio es el fuego del misticismo y la pastoral, al servicio de la Iglesia. Son cuatro los libros de Erich Przywara dedica a este insigne fundador español.

John Henry Newman es, para nuestro pensador jesuita, como un oasis de calma, respeto, servicio, discreción y modestia en medio del fuego interior que la figura de San Ignacio le confería. El teólogo inglés, convertido del anglicanismo al catolicismo en el siglo XIX es, para nuestro pensador polaco, un punto de apoyo en los momentos de contradicción pastoral y, especialmente en los preliminares históricos de la Segunda Guerra Mundial.

San Agustín de Hipona, maestro espiritual de los primeros años del Cristianismo, es el punto de concentración del pensamiento humano filosófico-religioso para purificarlo en la humilde caridad cristiana: amor de Dios descendente en Cristo (contra Plotino), anhelo humano que responde (Desiderium) y que, dependiente totalmente de Dios, vence con facilidad las contradicciones del mundo. En 1934 Erich Przywara publicará el estudio Agustinius, el personaje como armazón. Dicha publicación establece la vida espiritual de Occidente bajo el patronato del gran santo de Hipona.

Otra columna del pensamiento de Erich Przywara será Santo Tomás de Aquino. El Aquinate establece sus bases filosófico-teológicas. Claramente enraizado en el tomismo, Erich Przywara se enfrenta a los filósofos del siglo XX, a todos ellos: agnósticos, ateos, indiferentes… Santo Tomás comprende las contradicciones relativas al mundo, al hombre en el cosmos y al sentido del mismo ante la divinidad.

Existencia, Misterio, Dios

Los rasgos existenciales del pensamiento filosófico-teológico de Erich Przywara son constantes. Przywara se presenta ante su época dispuesto a desarrollar su propio pensamiento mediante la ordenada controversia con el pensamiento revolucionario de su tiempo.

En su obra El divino secreto del mundo, Erich Przywara elabora el concepto de polaridad en forma de tesis. Parte de la corrientes contemporáneas y a partir de la “polaridad” enfoca al “Dios que está sobre nosotros y en nosotros como base de polaridad”, afirma.

Dios está próximo al ser humano, aseverará una y otra vez. Y frente a los ateísmos del momento, presenta la figura de Dios como un ser cercano al ser humano. Considera la transformación interior, como el camino para los cristianos, camino para acercarnos al Salvador del mundo, un camino de amor y de proximidad a Dios en la noche de la distancia.

En 1926 Erich Przywara intensifica sus conferencia bajo el tema de Dios. Trata la temática del misterio de Dios (Gottgeheimnis), en profunda controversia con la literatura filosófica de su época. Lleva a cabo una exposición general del problema religioso a través de la tesis de la polaridad del ser final. Esto es, todo tipo se relativiza a sí mismo por la indicación del contratipo. Las mayores longitudes de oscilación no cristianas con las que empieza, terminan por reducirse al final mediante el ineludible golpe pendular entre San Agustín (el anhelo directo de Dios en el cosmos) y Santo Tomás de Aquino (respetuoso servicio ante Dios).

Su mística

Algunos consideran a Erich Przywara como un verdadero místico del siglo XX. Lo cierto es que la figura de este insigne teólogo nos ayuda a afrontar el problema del mal, el por qué estamos en el mundo y cómo relacionarnos con un Dios que es todo Amor.

En su Analogia Entis, Erich Przywara somete todo su pensamiento a Cristo e indica “los insondables abismos de Dios a través de la flagrante contradicción que son la crucifixión y la resurrección”, como él mismo afirma.

A pesar de nuestras contradicciones del día a día, Przywara está convencido de que amanece el más allá de Dios como noche iluminada e iluminativa para toda alma. Esta luz es Cristo mismo que ilumina, que se nos hace asequible, pese a nuestra fragilidad humana: “La perfección que Dios supone luce a la faz de la nada, que es Cristo en la Cruz”.

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