Ermitas i Okupas

L'Aleixar, Tarragona

España es un país de ermitas. En sus montes, bosques y campos, derruidas por el tiempo, en parajes hoy inhóspitos o vivas y plenas de actividad, las ermitas marcan y dan significado a todo nuestro espacio, de la misma manera que muchas de ellas, en sus celebraciones, también dotan de significación al tiempo. En particular, Catalunya es un país de ermitas que pueblan todo el país y que proclaman montes santos: Montsant, Monserrat.

Pero hoy ya no hay entre nosotros constructores de ermitas, el fruto más sólido de la religiosidad del pueblo. Ya no hay hombres y mujeres que para expresar su relación con Dios se sientan en la necesidad de levantar, con el esfuerzo de sus manos, estos singulares lugares de oración y celebración.

Pero, aquella afirmación no es del todo cierta, la desmiente la minúscula y bella ermita erigida en piedra del lugar, como en el pasado, perfectamente integrada en su entorno natural que, con su detalle de humanización, realza en el municipio de l’Aleixar, en Tarragona. Allí, un hombre, con su propio esfuerzo, la levantó movido por la única y gratuita razón de dar testimonio de su fe.

Pero ahora esta pequeña obra de orfebrería natural que enaltece el paisaje va a ser derruida por mandato de la Generalitat si el buen sentido y la opinión ciudadana no lo frenan. La ermita que está en un recóndito lugar de la naturaleza, entre bosques abandonados y en los terrenos propiedad de quien la ha levantado, no cuenta con la tramitación urbanística requerida. No ultraja el paisaje, al contrario, lo respeta, y aunque tiene poco tiempo a sus espaldas ya es lugar de visitas y paso de excursiones. El pequeño municipio que la acoge y su Ayuntamiento no ven ningún problema con ella, y el propio arzobispo de Tarragona ha escrito una carta a favor de esta iniciativa de religiosidad popular. Pero, a pesar de todo ello, la Generalitat quiere manifestarse al mundo llenándolo de imágenes de la destrucción de una ermita. Existen vías para solventar la burocracia, pero solo parecen interesados en el derribo y en sancionar económicamente a su constructor. Esta es una cara de la moneda, la cruz y nuca también dicho, porque es una cruz soportar esta sinrazón.

Y hay otra cara, justo lo opuesto. En Barcelona, en el barrio de Sants, hay un edificio, “Can Vías”, de titularidad municipal, que está condenado a desaparecer porque está afectado por la construcción de una obra absolutamente necesaria: la construcción del “cajón” que debe enterrar las vías del tren y permitir así superar una barrera histórica que ha troceado aquel popular barrio. Un mal día, aquel edificio fue okupado, y se convirtió en centro de grupos, lugar donde viven y, sobre todo, donde realizaban multitud de fiestas hasta altas horas de la noche que provocaron la protesta reiterada de una buena parte del vecindario. Finalmente, el Ayuntamiento, gobernado por el alcalde Trías, ordenó el desalojo y se inició su demolición, pero la respuesta del movimiento okupa de Barcelona fue de extrema violencia, manifestaciones, agresiones a establecimientos, especialmente bancos, quemas de contenedores, “asaltos” urbanos. La violencia fue tal que el alcalde, en un error que seguramente contribuyó a hacerle perder las elecciones, hizo marcha atrás, permitió la “reocupación” y declaró una moratoria hasta que la necesidad de su demolición fuera inminente a causa de las obras del ferrocarril.

Llegaron las elecciones y Ada Colau aventajó a Trías por un solo concejal. En un error terrible, porque el grupo de la actual alcaldesa solo reunía 11 de los 43 concejales del plenario barcelonés, Trías reconoció la victoria de Colau la misma noche electoral y no intentó construir ninguna alianza que los superara.

El resultado es conocido. Colau alcaldesa, y el resultado automático ha sido beneficiar a los okupas de “Can Vías”. No importa que sea una ilegalidad flagrante, que el edificio sea del Ayuntamiento, es decir, que un grupo privado se haya apropiado de un bien de la ciudad, que su existencia afecte al proyecto urbanístico global, que hayan utilizado la violencia, que sus actividades -hoy más prudentes- continúen alterando la vida de muchos vecinos. Todo esto no importa, lo único que cuenta que son Okupas, defensores de lo común cuando es solo suyo.

El contraste entre la Generalitat de Puigdemont y la pequeña ermita de l’Aleixar, y los okupas de “Can Vías” y Colau, definen perfectamente la sociedad violenta y arbitraria en la que nos hacen vivir, donde la violencia y la arbitrariedad dan derechos y el testimonio de la fe en términos amables y constructivos, es perseguido.

Quienes callan o permanecen inactivos ante este tipo de hechos colaboran con ellos.

Si deseas defender la ermita de l’Aleixar escribe a: secretaria@e-cristians.net

 

Hazte socio

También te puede gustar

One comment

  1. 1

    Realmente, ni la alcaldesa de Barcelona la Sra Colau, obtuvo el voto de la mayoria de barceloneses, sino que entró por la puerta trasera de las elecciones, a traves de apoyos post electorales,y así nos va. Cosa que tristemente se rerpite y coincide en el modo que fue elegido el Presidente de la Generalidad, que fue nombrado “a dedo”, por el ya olvidado ¡Gracias a Dios! Sr Mas, con su renuncia obligada por la cup. No ocurriendosele otra cosa mejor, que decir quien le debía sustituir como cabeza de su lista y no encabeza ni por él,y éste fue precisamente el sr Puigdemon(Cuarto de la lista electoral¡Menos mal!), que en Cataluña solo trabaja para unos cuantos catalanes, desamparando al resto, al igual que hizo en tiempos pretéritos el Sr Mas.

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no se va a publicar. campos obligatorios *

Puedes utilizar estas etiquetas HTML y atributos: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>