¡¡Es la Luna, tontos!!

Seguro que usted conoce el adagio chino que dice que, cuando el dedo del sabio señala la Luna, el tonto mira el dedo. Algo parecido sucede con la form…

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Seguro que usted conoce el adagio chino que dice que, cuando el dedo del sabio señala la Luna, el tonto mira el dedo. Algo parecido sucede con la forma de tratar la reciente información del Instituto Nacional de Estadística (INE) sobre la evolución de los hogares españoles 1991-2001. Los medios de comunicación se concentran en los cambios, ciertamente importantes, por ejemplo el elevado número de personas de 24 a 35 años que viven con sus padres, así como el numero de hogares con una sola persona joven o el crecimiento de las parejas de hecho (por cierto, un dato conectado, al menos en términos de correlación estadística, con el aumento de los feminicidios de la pareja). Pero en general, se relega o se omite el peso que poseen los hogares con uno, dos o más hijos (algún diario, como el “pata negra” socialista  EL PERIÓDICO, simplemente omite esta categoría en su cuadro resumen; es el único concepto que desaparece). Concretamente ésta es la situación de las tres cuartas partes de los hogares españoles.

Si a ello añadimos los ancianos en pareja o que viven solos, es fácil constatar que la inmensa mayoría de la sociedad española sigue fundamentada en la familia tal y como la conocemos. Al afirmar esta evidencia, no se pretende negar la evolución registrada en la ultima década, sino simplemente señalar la Luna y subrayar, porque nadie lo hace, que a pesar de los pesares, para la mayoría, la familia es la familia. Y esta obviedad enmascarada no conduce a una cuestión central. Si ésta es la mayoría donde se sitúan las necesidades y demandas fundamentales y no en los extremos, sería lógico presuponer que la mayoría de acciones de Gobierno se concentran en las mismas. Pero no es así, sino exactamente lo contrario.

Después de meses de Gobierno, ni una sola medida importante se ha producido para ayudar a los matrimonios a que tengan hijos, a que exista una mayor compatibilidad entre trabajo y vida familiar, a dotar de medios para facilitar la estabilidad matrimonial, a cuidar mejor a nuestra gente mayor, a replantearse en términos realistas la protección de nuestros jubilados, en gran número en excelente estado, que podrían continuar trabajando si así lo deseasen y que no pueden hacerlo por nuestras rigideces legales, y otros, una minoría que crece con la edad, que necesitan unas atenciones que no reciben. Otras medidas ausentes son actuar contra el trabajo basura, que exista una vivienda digna al alcance de todos  para que la gente pueda casarse y formar una familia, facilitar a todos los padres y madres el derecho a elegir el centro que mejor se ajusta a su ideario y sentido pedagógico. Todo esto y muchas más cosas que se podrían hacer y sobre las que nada se ha hecho.

Les ocupa, eso sí, el matrimonio homosexual, la manera de deshacer rápidamente el matrimonio implantando el repudio de doble sentido -propio de la legislación islámica-, tragar más facilidades al aborto en clínicas privadas a la satisfacción de las prestaciones sanitarias obligatorias, reducir la tan cacareada campaña de lucha contra el SIDA a lo de siempre, al condón, convertido, a pesar de sus fracasos evidentes, en la "solución taumatúrgica". Es cierto que este método de barrera protege, pero con un nivel de fallo en usos reales que, en la hipótesis más aceptada, es del 15%. El problema radica cuando se difunde su uso y al mismo tiempo se publicita un proyecto de vida basado en la promiscuidad sexual, como hace la ministra de Sanidad y su Ministerio mientras se mofa de medidas básicas, según la Organización Mundial de la Salud, como la fidelidad y la abstinencia.

En definitiva, las políticas sociales del actual Gobierno no sólo se dirigen a los márgenes de la sociedad, sino que fomentan la crisis de los vínculos familiares. Entre la  satisfacción de las necesidades de la mayoría y el deseo de unos pocos, el ejecutivo practica una opción clarísima a favor de estos últimos. Esto es injusto ahora y será dañino a medio plazo para el buen funcionamiento de la sociedad, la economía y las instituciones.

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