¿Es la religión el problema? Una radiografía de la nueva yihad que nos amenaza

Pensadores contemporáneos siguen dando la culpa a la religión, pero la realidad muestra un problema social más profundo. ¿Es entonces la creencia un catalizador? ¿Puede llevar esta religiosidad a la redención en vez de a la violencia?

Los ataques en París vuelven a poner de relieve el problema del terrorismo yihadista. Un hecho que, lejos de ser sólo un problema geopolítico o religioso, se convierte en algo social, porque tiene unas causas y unas consecuencias que pueden estar en la misma sociedad occidental y no tanto en Oriente Medio.

Marginación social, la cuna del yihadismo occidental

Los nuevos yihadistas que se unen al Daesh o que preparan atentados como los de París tienen una cosa en común: han sufrido una cierta marginalidad social. Ya sea por proceder de la delincuencia común, las drogas, la pobreza o la falta de integración, los nuevos terroristas encuentran en el islamismo radical una salida fácil a una vida que no les satisface.

Barrio marginal del extrarradio de París

Barrio marginal del extrarradio de París

Un lugar donde canalizar toda la rabia acumulada hacia una sociedad que les es hostil y donde encuentran una cierta redención para una vida previa dedicada al pequeño crimen o a las adicciones, tal y como demuestran las historias vitales que se han publicado sobre los terroristas suicidas parisinos.

Una sociedad hedonista que no es alternativa

El gran problema que se esconde detrás de estos nuevos yihadistas, lejos del perfil de los terroristas de Al Qaeda, que eran jóvenes con estudios provenientes de países de Oriente Medio y de familia de clase media o alta, es que, además de encontrarse en la marginalidad, no ven en la sociedad una respuesta fuerte en valores.

La respuesta de la "generación bataclan" ha sido salir de copas a los bares

La respuesta de la “generación bataclan” ha sido salir de copas a los bares

Tal y como destaca el diario Liberation, la “generación Bataclan” (los jóvenes parisinos actuales) es una mezcla de “neuróticos parlanchinos, algo alcohólicos, obsesos sexuales y vagamente cultivados”. ¿Cómo puede esta sociedad combatir contra los valores de una religión que propone un paraíso al que dé su vida por sus creencias?

Una historia real: Karim, un potencial yihadista salvado por un sacerdote católico

Karim Nokhtari es un chico del extrarradio parisino, de familia desestructurada, que terminó en la cárcel como tantos otros tras fracasar en su adolescencia y terminar en la delincuencia. Allí se refugió en el islam para salir del mal trago. Pero entonces, “el imán de la cárcel vino a mi celda con una mirada muy dura que no le había visto jamás. Dijo que nos separarían pronto y que mi deber como buen musulmán era defender el Islam y matar a los infieles. Vi odio en sus ojos. Me di cuenta enseguida de que lo que me proponía era más violencia de la que yo ya había cometido, que allí no encontraría la paz que había ido a buscar en la religión. Que aquello no era el verdadero Islam”, recuerda Karim.

Karim Mokhtari, un joven que podría haber sido uno de los yihadistas de París

Karim Mokhtari, un joven que podría haber sido uno de los yihadistas de París

Poco después, el joven se encontró con un cura católico a quien confesó que no sabía si Dios lo podría perdonar por las cosas que había hecho. El cura le aseguró que Dios la amaba y le abrió una nueva dimensión espiritual. Encontró la verdadera redención y no cayó en la tentación de devolver con más dolor el daño que había recibido de su sociedad.

Mientras occidente culpa a la religión

Aunque las causas son complejas y, en muchos casos, van más allá de la religión (están situadas en el plano social), algunos intelectuales occidentales aseguran que el mal está en la religión, amparándose en que los cristianos también cometieron atrocidades durante las cruzadas medievales.

cruzadas cristianas

Un gran error histórico, ya que este pensamiento intenta juzgar con ojos actuales una realidad muy diferente. Y es que no se puede comparar una guerra en el siglo XV con una en la actualidad, sobre todo teniendo en cuenta que en la época todo se revestía de religiosidad y que la separación entre el poder político y la Iglesia (que tenemos actualmente) era inexistente.

El problema, por tanto, no es la creencia en algo trascendente, sino cómo se reacciona ante la adversidad y como ayuda la religión a hacer este camino: si lleva a hacer más daño, como los ojos de odio del imán que se encontró Karim en prisión, o si lleva a la redención, tal como lo hicieron las palabras del sacerdote en el joven.

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