¿Es malo ser católico?

La progresía, los promotores del laicismo de la exclusión religiosa que desearían relegar el hecho religioso y expulsarlo del espacio público, encerrá…

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La progresía, los promotores del laicismo de la exclusión religiosa que desearían relegar el hecho religioso y expulsarlo del espacio público, encerrándolo y limitándolo a la intimidad de los hogares como si fuera una epidemia, utilizan cuando les conviene la religión como clasificación, como etiqueta pública y política.

El último ejemplo es bien reciente y conocido. El gobierno español ha nombrado al presidente de la Audiencia Nacional, Carlos Divar, como presidente del Consejo General del Poder Judicial.

La persona propuesta tiene un currículum profesional que todos sin excepción han valorado como muy bueno. Fue elegido por los demás jueces en dos ocasiones para su cargo de presidente de la Audiencia. La primera en el 2001 sin ningún voto en contra, solo tres abstenciones. Y la segunda el 2006 por unanimidad: mejoró su ya buen resultado en el ejercicio de su tarea y esto ya es por si solo un gran aval.

Lo describen como a un hombre discreto, conciliador y justo, nada polémico, situándose en el polo opuesto de los “jueces estrella”. Independiente, tanto que no pertenece a ninguna de las tres asociaciones profesionales de la judicatura.

Por una vez, el gobierno ha hecho una buena elección. Pero Jueces para la Democracia, mejor dicho, algunos de sus portavoces, la progresía ligada al PSOE, sus intelectuales orgánicos con El País y la Cadena Ser en una línea destacada, ya han encontrado un grave defecto en su historial. Ya han construido un problema. Es este: “es un magistrado muy religioso”.

Va a misa cada día, despide a los inculpados con un “vete en paz”, ayuda a los detenidos sin medios. Ante un problema personal no le cuesta nada decir, si resulta apropiado el momento, “rezaré por ti”.

Todo esto pertenece a su vida privada, a su espacio más íntimo, pero los laicistas de la exclusión religiosa lo han llevado a la plaza pública para poder criticar la elección de una persona que tiene esta conducta privada.

Y es que en el fondo lo que les molesta, lo que desean impedir no es el ejercicio público de la religión sino simplemente que el hecho religioso exista.

Simplemente, les molesta que haya católicos.

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