¿Es necesaria la moral en la economía?

Existe una racionalidad económica que nos guía en la correcta administración del gasto público, que naturalmente no puede …

Existe una racionalidad económica que nos guía en la correcta administración del gasto público, que naturalmente no puede crecer sin límites si no queremos acabar en el desastre para el país en su conjunto. Por eso resulta esencial saber qué gasto es prioritario y de cuál se puede prescindir, por razones éticas y de eficacia.

Deberían tener prioridad, por una parte, la inversión productiva a plazo medio, que se podría recuperar con creces en un tiempo razonable y generar puestos de trabajo que es una de las urgencias básicas. Y, por otra parte, el gasto social que protege el capital más valioso: el capital humano. El hombre debe ser el centro de la economía.

En cambio, una perversión de esa racionalidad económica, por olvido de su dimensión ética, haría descargar el necesario ahorro público sobre los hombros de los más débiles, sin disminuir y cercenar, en cambio, los gastos realmente innecesarios, improductivos o directamente dilapidadores y sin preocuparse, o muy poco, de un necesario gasto en inversión productiva (en colaboración con los agentes sociales).

Esa perversión económica, indigna con razón a toda persona con una mínima sensibilidad, al margen de sus creencias.

Y, para el creyente cristiano, frente a esa economía que pretende superponer eficacia e injusticia, la palabra de Dios nos dice algo que está en sus antípodas: “Buscad el Reino de Dios y su justicia y todo lo demás se os dará por añadidura”. Hagamos lo justo (que incluye también lo misericordioso), y los bienes que necesitamos nos vendrán como de propina. Ésta es la postura activa del creyente, en vez de caer en la perversión, que también invade el ámbito económico, de que “el fin justifica los medios”, “hagamos cosas injustas porque resultan bien”.

Pero sólo lo justo tiene a la larga buenas consecuencias. Aunque el mandato de nuestra conciencia de hacer lo justo no depende del “porque resulta bien” ya que ser justo es en sí mismo un valor y una recompensa que nos reconcilia con nuestra conciencia, que satisface y llena de luz el corazón del hombre o mujer que tiene corazón.

Hace pocos días, hablando de la crisis económica, nos advertía el Papa Benedicto XVI sobre una pretendida ciencia económica que desprecia las consideraciones éticas y se torna pues coartada de decisiones inhumanas. Decía así el Papa en el avión que le llevaba a Portugal (11-5-2010):

“Vemos también un falso dualismo, esto es, un positivismo económico que piensa poderse realizar sin la componente ética, un mercado que sería regulado solamente por sí mismo, por las meras fuerzas económicas, por la racionalidad positivista y pragmatista de la economía; la ética sería otra cosa extraña a esto. En realidad ahora vemos que un puro pragmatismo económico, que prescinde de la realidad del hombre – que es un ser ético –, no concluye positivamente, sino que crea problemas insolubles”.

A la luz de estos principios, comentemos brevemente las recientes medidas que se propone llevar a cabo el Gobierno español para reducir su déficit:

Pues bien, este paquete de medidas se propone recortar en 800 millones de euros la ayuda al Tercer Mundo (equivalentes a 132.800 millones de las antiguas pesetas). ¿Será que morir de hambre no es un drama humano de atención prioritaria para el hombre solidario con los demás hombres?, ¿o que no hay otros capítulos del gasto público de los que se puede prescindir sin que supongan cercenar la atención a situaciones dramáticas?

Del mismo modo, sin que de momento se halla implementado, se rumorea que se suprimiría la prestación de 420 euros a quienes estando sin trabajo ya no cobran el paro (prestación que apenas si garantiza no caer en la exclusión social). También ello supondría dejar a personas, en este caso de nuestro país, sin lo más elemental que asegure su supervivencia. Se dice que hay que impulsar una cultura del trabajo y no de la subvención, pero hay que observar que actualmente no es nada fácil encontrar trabajo y, a quienes las razones de humanidad y justicia no les digan nada y aduzcan una pretendida eficacia, hay que recordarles que esa pretendida eficacia puede abocar a muchas personas a la desesperación que podría ser caldo de cultivo de mayor delincuencia o de violencia social que conducirían a todo el país a la ruina. El egoísmo o su coartada económica de búsqueda de una supuesta eficacia sin escrúpulos morales puede muy bien resultar suicida.

Y. habiendo tantos capítulos que pueden ser recortados sin que nadie sufra dramáticamente, también merecen el calificativo de moralmente inaceptables los recortes, éstos ya a punto de ser aprobados, que afectan al cheque-bebé en un país cuya tasa de natalidad es tan baja (recorte de 1.530 millones de euros) haciendo más difícil tener hijos a las familias modestas. El de las pensiones en general (ahorro de 1.250 millones de euros) que se congelan, disminuyendo el poder adquisitivo de la mayoría de pensionistas cuya pensión media es escasa. Y de un modo más matizado el recorte a la ayuda a la dependencia que queda sin efectos retroactivos, haciendo más problemática la economía de aquellas familias o personas que cuidan a un inválido o incapacitado.

En suma, se busca imponer una falsa racionalidad económica que olvida los criterios morales y humanos a la hora de reducir el gasto público, que sin duda ha de ser reducido, pero no castigando a los más débiles. No caigamos en esa economía lúgubre que busca una miope eficacia económica al margen de la moral y de la justicia y del respeto al hombre o mujer.

En cambio lo justo y humano, porque responde a la verdadera realidad del hombre, es a la larga lo único eficaz. Seamos justos y humanos y Dios pondrá la añadidura de una fertilidad también económica. Si el hombre tiene una dimensión moral, una economía que prescinda de lo ético viola la dignidad del hombre y no va a salvarlo, sino al contrario, como comenta el Papa, incluso le introducirá en problemas sin solución.

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One comment

  1. 1

    Lo de la ética sin duda es para humanizar al sistema capitalista que impera en la aldea global… En el fondo la iglesia es una portadora del capitalismo, pues asume conceptos que devienen de la clase burguesa, entre ellos los llamados derechos humanos, que sin duda son paños de agua, pues en realidad son mecanismos que se usan para reprimir el arte liberador al que el hombre está llamado.

    Establecer el diálogo entre estas dos formas de ver el mundo, es sin duda un apoyo al capitalismo para que mejore sus desperfectos, y eso en el fondo es prolongar la ideología consumista , tan naturalizada en las conciencias de los sujetos de estos tiempos…

    ¿por qué más bien no se piensa por un cambio desde las bases, desde las estructuras y organización de la misma economía o sistema capitalista? …. la iglesia dice poner su DSI en favor de la humanidad, pero en el fondo es un aliento para el capitalismo, pues ella suple cosas que el capitalismo no puede, por ejemplo la solidaridad, y políticamente eso es una gran ayuda discursiva y práctica. ..

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