Escuela e inmigración

Es una evidencia que el sistema de enseñanza de este país está en crisis como muestran tozudamente todas las mediciones que vienen realizándose. Al mi…

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Es una evidencia que el sistema de enseñanza de este país está en crisis como muestran tozudamente todas las mediciones que vienen realizándose. Al mismo tiempo también es otra evidencia que la presencia de un contingente de niños de padres inmigrantes en las aulas dificulta alcanzar un buen nivel pedagógico, si no se articulan las debidas medidas de refuerzo y adaptación. Pero, de este planteamiento no se puede acabar con la conclusión reduccionista de que es la inmigración la causa fundamental de las deficiencias del sistema educativo español.

Las razones son múltiples y todas ellas las podemos constatar con datos. Una, inapelable, es que las deficiencias de nuestra escuela son anteriores al inicio de la gran oleada inmigratoria. Otra, que las escuelas públicas, sobre todo donde no existe una presencia singularmente elevada de inmigrantes, presentan, en muchos casos, malos resultados, jugando más la circunstancia del tamaño de la población que no aquel factor. La inmigración tiende a concentrarse en áreas muy concretas y sus efectos territoriales resultan limitados, mientras que la crisis escolar es prácticamente general, con los matices que se quiera, pero general. No se trata de eludir la cuestión de la inmigración en la escuela sino de circunscribirla a su justo valor.

En este sentido resultan alucinantes los resultados de un estudio presentado en Barcelona (sobre los servicios educativos en Cataluña, de los profesores de la UPF, Iván Moreno y Eugeni García) que fija en un 6% el número de niños inmigrantes en una escuela que ya inciden de manera negativa en el resultado. ¡Seis por ciento! Esto significa que en una clase de primaria, donde como mucho encontraremos a 25 niños, bastará con que haya uno o dos inmigrantes para que baje el nivel escolar. Y en una clase de secundaria, donde podemos encontrar como mucho de 30 a 35 alumnos por aula, menos, en muchos centros públicos, resultaría que alcanzaríamos la cifra crítica con solo dos alumnos. ¿Alguien puede pensar que la simple presencia de de un par de niños de la inmigración en una clase ya destroce todo el sistema? Es obviamente un absurdo que no debería haber sido publicado con la pretensión de un trabajo riguroso.

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