¿Todo ese proceso de ocultación es pedagogía o manipulación?

La manipulación tiene fines y métodos opuestos a los de la educación. Es una dictadura encubierta que instrumentaliza a las personas al servicio de lo ideológico o de lo lucrativo, impidiendo así la conducta crítica y divergente.

En contraste, la acción educativa promovida por la auténtica pedagogía (no su caricatura utilizada como coartada de ocasionales errores políticos) es un servicio de mejora personal. No pretende “moldear” al educando como lo hace el alfarero con la arcilla, ni adoctrinar; aspira, por el contrario, a liberar, a desarrollar las capacidades potenciales que posee el educando, a que sea él mismo, a que llegue a ser más y mejor, a que adquiera criterio propio y una creciente autonomía responsable.

Sorprende que los pedagogos no hayan manifestado en público (que yo sepa) su disconformidad con el significado espurio del término pedagogía y con su uso indiscriminado.

El problema de la supuesta incomprensión de los votantes se suele achacar también a otro mantra: “no hemos sabido transmitir bien el mensaje”. Esta excusa es más plausible que la anterior, pero el objetivo no se conseguirá simplemente mejorando la técnica del mitin (anglicismo de meeting).

El mitin es un reclamo electoral informativo y persuasivo orientado a conseguir adeptos por la vía de un adoctrinamiento que apela no a la razón, sino a lo emocional. Además, no admite el debate de sus ideas. Desde sus orígenes tiene un planteamiento radical, como se observa en varias revoluciones históricas.

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