Ese tren de carbón

Forum Libertas

Referían mis abuelos las peripecias – y las “aventuras” – que pasaban en su juventud y madurez cuando viajaban, en esos trenes que utilizaban carbón como carburante.

Los chiquillos nos divertíamos escuchando esas historias llenas de maletas de madera o cartón, de pollos vivos y de botijos de agua para el viaje. Recuerdo con especial viveza lo que nos referían los mayores, acerca de cómo entraba la carbonilla en los vagones del tren, pintando de tizne caras, manos, ropas, maletas y todo lo que hubiera alrededor.

A ese respecto, mi abuelo nos contaba que un sabio ingeniero o maquinista había descubierto cómo evitar la entrada de la molesta carbonilla: bastaba con aumentar la presión interior de los vagones, para no dejarla entrar.

Este recuerdo ha saltado ágil a mi memoria al leer lo que ha dicho la Canciller alemana, señora Merkel, ante una pregunta sobre el riesgo de “islamización” de Europa. Angela Merkel, recordó que la mejor respuesta era tener “el valor de ser cristianos, saber fomentar el diálogo [con los musulmanes], volver a la iglesia, sumergirse de nuevo en la Biblia”. Luego añadió con pesar que “si le preguntas a niños en edad escolar qué es Pentecostés, las respuestas serán probablemente muy decepcionantes”.

A nosotros nos llegó la época de los asientos tapizados de un plástico extraño o de pana recia, y el carbón fue sustituido por electricidad. Vivimos años más cómodos, y también más dispersos y relajados… en los que perdimos la “presión interior”, nuestras raíces y nuestra identidad cristiana. Espero que no seamos menos listos que el maquinista del tren que descubrió cómo luchar contra la carbonilla.

 

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