Esopo habla al siglo XXI: El asno, el gallo y el león

Tras la lectura de El asno, el gallo y el león, cabe preguntarse si “no resulta más fructífero el silencioso trabajo que la…

Tras la lectura de El asno, el gallo y el león, cabe preguntarse si “no resulta más fructífero el silencioso trabajo que la presunción que culmina, casi siempre, en un terrible desplome, económico, político y moral”.

Esta nueva ‘fábula fabulosa’ de Esopo acaba con una moraleja que, como en las anteriores, se puede adaptar perfectamente a nuestros días: “Ten siempre presente que las cualidades de tu prójimo no son necesariamente las tuyas”.

El asno, el gallo y el león

Estaban un gallo y un asno en un pastizal

cuando llegó un hambriento león.

Y ya iba el león a tirarse encima del asno, cuando el gallo,

cuyo cantar se dice que aterroriza a los leones, gritó fuertemente,

haciendo salir corriendo al león tan rápido como pudo.

El asno al ver el impacto que un simple canto del gallo realizaba,

se llenó de coraje para atacar al león,

y corrió tras de él con ese propósito.

No había recorrido mayor distancia cuando el león se volvió,

lo atrapó y lo seccionó en pedazos”.

Mi querido Esopo: ¿Por qué eres tan cruel con algunos animales? Me aterroriza imaginarme al pobre y buen asno, que además de ser burro tiene algo bueno, despedazado cruelmente por un león. ¿No son mejores las fábulas con un final feliz? ¿No se enseña mejor ofreciendo un premio que amenazando con un castigo?

Un compatriota tuyo, maestro en el arte de educar, nos mostró al maestro dialogante, que nunca castiga, siempre habla, y poco a poco convence.

Con el debido respeto para Platón, creo que hay que amenazar y castigar, además de motivar. A veces nos creemos tan fuertes como este asno. Vemos que el canto del gallo ha funcionado, y tratamos de hacer lo mismo: “estaremos en la Champion league de las economías”, “adelantaremos a Francia e Italia, y que se cuide Estados Unidos”, “nuestra economía soportará la crisis sin grandes problemas”… Y ahora estamos constatando la confusión entre un “kikiriki” y un rebuzno.

Razón tienes, la conclusión de nuestra fábula está siendo igual de cruel: familias atrapadas y seccionadas por el paro y las deudas, por unos gastos que suben como la espuma mientras baja todo ingreso.

¿No resulta más fructífero el silencioso trabajo que la presunción que culmina, casi siempre, en un terrible desplome, económico, político y moral?

Ten siempre presente que las cualidades de tu prójimo

no son necesariamente las tuyas.

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