Esopo habla al siglo XXI: El asno que cargaba una imagen

Esopo nos cuenta esta vez otra ‘fábula fabulosa’ que se refleja también en nuestros días. Y es que a medida que Dios …

Esopo nos cuenta esta vez otra ‘fábula fabulosa’ que se refleja también en nuestros días. Y es que a medida que Dios desaparece de la vida cotidiana, seguimos adorando, mostrando reverencia, a lo que se nos ponga por delante: poder, dinero, reconocimiento personal…

El autor recurre a El asno que cargaba una imagen para recordar que en estos tiempos que corren algunos se empeñan por evitar y prohibir hasta la más mínima referencia hacia Dios.

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“Una vez le correspondió a un asno cargar una imagen de un dios por las calles de una ciudad para ser llevada a un templo.

Y por donde él pasaba, la multitud se postraba ante la imagen.

El asno, pensando que se postraban en respeto hacia él, se erguía orgullosamente, dándose aires y negándose a dar un paso más.

El conductor, viendo su decidida parada, lanzó su látigo sobre sus espaldas y le dijo:

-¡Oh, cabeza hueca, todavía no ha llegado la hora en que los hombres adoren a los asnos!”

Mi querido Esopo: No sabía que los autobuses pro-ateos, y sus contrarios a favor de Dios, tienen su pasado remoto en este buen asno. Ya habrás visto desde tu Olimpo la polémica de las últimas semanas en Barcelona y Madrid, un ejemplo más de que Nietzsche se equivocó cuando afirmó que “Dios ha muerto”. Son pocos los muertos que levantan tanta polémica; ¿o será que tal vez no está tan muerto? Con razón alguien escribió, a la muerte de este pensador: “Nietzsche ha muerto. Firmado: Dios”.

En tu glorioso siglo la ciudad era de todos los ciudadanos, y tranquilamente podían manifestar sus creencias morales y religiosas, adorar sin mayor problema a uno de sus dioses. Pero el pobre asno, que dará nombre a cierto nivel intelectual de algunas personas, no se percató de que llevaba un dios sobre sus lomos y fatuamente se adjudicó a él el mérito de otro.

Con el debido respeto que me mereces, y con tu permiso, creo que en estos tiempos tendríamos que cambiar un poco tu fábula. Como sabrás, algunos se empeñan por evitar y prohibir hasta la más mínima referencia hacia Dios. Poco a poco, hemos hecho desaparecer al dios que llevaba el burrito; pero seguimos en las calles, postrados, adorando… ya te imaginas a quién.

A medida que Dios desaparece, como el hombre es religioso de cabo a rabo, seguimos adorando, mostrando reverencia, a lo que se nos ponga por delante: poder, dinero, reconocimiento personal, ya sea en el gobierno nacional o regional, en los intereses empresariales, o en la sencilla vida de todos los días.

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