Esopo habla al siglo XXI: El cazador miedoso y el leñador

Esopo vuelve a retratar la importancia de la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace en esta nueva entrega, con El cazador miedoso y el le&nt…

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Esopo vuelve a retratar la importancia de la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace en esta nueva entrega, con El cazador miedoso y el leñador. ¿De qué nos sirve llenarnos la boca de palabras y promesas si a la hora de la verdad en lugar de actuar nos quedamos en la sombra a verlas venir?

El cazador miedoso y el leñador

“Buscando un cazador la pista de un león,

preguntó a un leñador si había visto los pasos de la fiera

y dónde tenía su cubil.

-Te señalaré el león mismo. -dijo el leñador.

-No, no busco el león, sino sólo la pista-

repuso el cazador pálido de miedo y castañeteando los dientes”.

Mi apreciado amigo Esopo: ¡Qué bien retratas a los hombres, sus temores y sus debilidades! Cuando pensamos cómo afrontar un problema, somos prontos a hablar, opinar, juzgar, aconsejar… Incluso parece que sentamos cátedra y dominamos la situación. Sin embargo, cuando hay que actuar, cuando el leñador nos dice: ahí está el león que quieres cazar, nuestra piel palidece y siempre encontramos alguna escusa para posponer la decisión.

Es lo que los ingleses llaman “proscratinate”, dejar para mañana. O lo que en mi tierra ilustró Larra con el “vuelva usted mañana”, o Lope de Vega con su “mañana le abriremos, respondía, para lo mismo responder mañana”. Por el temor al actuar, al ponernos manos a la obra, dejamos la decisión para después. Y la calle del mañana termina en la plaza del nunca.

La clave de un gran hombre radica en este paso de la decisión a la actuación; a veces nos equivocaremos, se nos escapará el león porque hemos apuntado mal. Pero ganamos en experiencia, en preparación, y antes o después acertaremos de lleno.

Si quieres ser atrevido en las palabras, con más razón debes ser valiente con los actos

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