Esopo habla al siglo XXI: El ciego

En esta ocasión, Esopo nos habla con El ciego de la sabiduría que proporciona la experiencia. Ante una situación que puede result…

En esta ocasión, Esopo nos habla con El ciego de la sabiduría que proporciona la experiencia. Ante una situación que puede resultar conflictiva o difícil de dilucidar, la voz de la experiencia siempre puede encontrar la salida más conveniente.

El ciego

“Érase una vez un ciego muy hábil

para reconocer al tacto cualquier animal al alcance de su mano,

diciendo de qué especie era.

Le presentaron un día un lobezno, lo palpó y quedó indeciso.

-No acierto -dijo, si es hijo de una loba,

de una zorra o de otro animal de su misma cualidad;

pero lo que sí sé es que no ha nacido

para vivir en un rebaño de corderos”.

Mi recordado amigo Esopo: hoy no nos presentas ningún cuadrúpedo, volador o marino. Traes a consideración un hombre ciego, ciego pero que en el alma veía con claridad uno de los principales cimientos de las relaciones humanas. No distingue con precisión al lobezno, pero sí identifica su maldad, su peligro, su naturaleza de cazador y depredador.

Es la sabiduría de la experiencia, que ve el inicio de un problema (quizás un gruñido o un intento de arañazo) y se pone vigilante. ¿Se esconderá el mal detrás de este detalle? Los gestos, hasta los más pequeños, dejan traslucir la naturaleza de aquel que tenemos delante. Y si hay un gesto peligroso, inquietante, lo prudente es ponerse en guardia, atento. El mal, igual que el bien, sobreabunda en nuestras acciones, y querámoslo o no, los demás lo perciben.

La naturaleza de la maldad se puede notar en una sola de sus características

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