Esopo habla al siglo XXI: El enfermo y su doctor

De nuevo Esopo nos demuestra con su fino y ácido humor, las contradicciones de su época y, de paso, de la nuestra. Con El enfermo y su d…

De nuevo Esopo nos demuestra con su fino y ácido humor, las contradicciones de su época y, de paso, de la nuestra. Con El enfermo y su doctor nos ayuda a entender la actual situación de crisis económica. Años de engaños desde el poder para evitar la confrontación en la calle y, ahora que se expone la cruda realidad, los mismos que engañaron y ya no están en el Gobierno animan y se solidarizan con quienes protestan por los recortes.

El enfermo y su doctor

“Habiéndole preguntado un médico a un enfermo por su estado,

contestó el enfermo que había sudado más que de costumbre.

-Eso va bien -dijo el médico.

Interrogado una segunda vez sobre su salud,

contestó el enfermo que temblaba y sentía fuertes escalofríos.

-Eso va bien -dijo el médico.

Vino a verle el médico por tercera vez y le preguntó por su enfermedad. Contestó el enfermo que había tenido diarrea.

-Eso va bien -dijo el médico-, y se marchó.

Vino un pariente a ver al enfermo y le preguntó que cómo iba.

-Me muero -contestó- a fuerza de ir bien”.

Mi apreciado amigo Esopo: Me dejas un tanto perplejo con la fábula de esta semana. ¿El médico en cuestión tenía algún conocimiento médico, o sólo responde para tener contento al paciente? Ciertamente, los conocimientos médicos de tu época no son como los de ahora, pero que el diagnóstico sea siempre “eso va bien”, y el paciente se acerque a la muerte a pasos agigantados no deja de ser sospechoso.

Nuestro país está enfermo; el paciente no deja de quejarse, de constatar su enfermedad. Durante mucho tiempo nos han dicho: “eso va bien”, “llegan los brotes verdes”, “a mitad de año la economía empezará a crecer”, “en primavera remontará la caída en el empleo”. Ahora tenemos otro médico, que nos pone frente a la dura realidad, nos receta un agrio medicamento y nos dice: “vienen tiempos duros”. Y el enfermo, ante tal diagnóstico, sale a la calle, protesta, se rebela, como el niño que no quiere que le pongan una inyección.

¿Qué hacer? ¿Cómo recuperar la salud? Imagino que no tienes respuesta fácil, porque tu patria de origen, querido Esopo, está aún más enferma. Nos queda el consuelo de que el médico actual no tiene miedo a dar un diagnóstico poco halagüeño.

Por lo general, quienes nos rodean nos juzgan por las apariencias y nos consideran felices por cosas que en realidad nos producen profundo dolor

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