Esopo habla al siglo XXI: El fanfarrón

Tras las vacaciones estivales, Esopo vuelve a estar con nosotros para plantearnos con El fanfarrón, una cuestión que sigue siendo de act…

Tras las vacaciones estivales, Esopo vuelve a estar con nosotros para plantearnos con El fanfarrón, una cuestión que sigue siendo de actualidad: la tendencia a exagerar nuestras acciones. Llevado al terreno de la política, habrá que saber si todas las promesas que nos hacen se cumplen en un futuro inmediato

El fanfarrón

“Un atleta, que era muy conocido de sus conciudadanos por su debilidad,

partió un día para tierras lejanas.

Volvió después de algún tiempo,

anunciando que había llevado a cabo grandes proezas en distintos países; contaba con especial esmero haber hecho en Rodas

un salto que nunca antes ninguno de los atletas coronados

en los juegos olímpicos había sido capaz de realizar,

agregando además que presentaría los testigos de su hazaña si algunos

de los que allí se hallaban presentes venían alguna vez a su tierra.

Uno de los oyentes tomó la palabra y dijo:

-Oye, amigo: si eso es cierto, no necesitamos testigos;

esto es Rodas, da el salto y muéstralo”.

Mi querido amigo Esopo: Termina el verano, que no el calor, y volvemos a la oficina, al colegio, al nuevo curso. Y como las olimpiadas están de actualidad, nos envías una fábula olímpica. Para cuando leas estas líneas ya sabrás que los juegos que empezaron en tu patria no vendrán a Madrid.

Más allá de lo deportivo, nos muestras a un fanfarrón, igualmente olímpico: presume de haber realizado grandes hazañas, y lo hace ante quienes conocen su debilidad, sus limitaciones. Hablar es gratis, le diría más de alguno, pero las palabras se las lleva el viento, incluso una suave brisa. Hechos son amores y no buenas razones.

Empieza un nuevo curso, y todos lo iniciamos con buenos propósitos, los estudiantes, los trabajadores, el jefe, los políticos y hasta la nueva presidenta de Andalucía. Veremos en la próxima meta volante, la Navidad, si los hechos corroboran las palabras y buenas intenciones.

Si no puedes probar con los hechos lo que dices, no estás diciendo nada.

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