Esopo habla al siglo XXI: El labrador y la víbora

Esopo da esta semana un salto en el tiempo y, con El labrador y la víbora, nos advierte de algo que aún sucede en nuestros días c…

Esopo da esta semana un salto en el tiempo y, con El labrador y la víbora, nos advierte de algo que aún sucede en nuestros días con frecuencia. Está bien ayudar a alguien cuando lo necesita, pero sin olvidar la prudencia necesaria para evitar situaciones que se vuelvan en nuestra contra.

El labrador y la víbora

“Llegado el invierno,

un labrador encontró una víbora helada de frío.

Apiadado de ella, la recogió y la guardó en su pecho.

Reanimada por el calor, la víbora, recobró sus sentidos

y mató a su bienhechor, el cual,

sintiéndose morir, exclamó:

-¡Bien me lo merezco por haberme compadecido de un ser malvado!”.

Mi querido amigo Esopo: Nos transmites hoy una lección de realismo, que algunos calificarán como cruel. La víbora, que tiende a atacar a quien tiene cerca cuando ve un atisbo de peligro, actúa así sin pensarlo, sin decidirlo. Y si no hay libertad, voluntad, decisión, tampoco puede haber responsabilidad ni juicio por ello.

En las relaciones humanas, sin embargo, el caso es un poco distinto. Primero porque no somos malos por naturaleza, impepinable e irremediablemente, ni tampoco buenos a la perfección. Elegimos cómo tratar a los demás, si devolverles un favor o corresponderles con una puñalada (por lo normal metafórica).

¿Qué hacer, entonces, cuando nos encontramos a alguien necesitado de un favor? Ayudar, con buena voluntad, pero también con una sana prudencia, sabiendo que en el corazón humano, también en el propio corazón, conviven tendencias buenas y malos deseos.

No te confíes del malvado, creyendo que haciéndole un favor vas a cambiarle su naturaleza

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