Esopo habla al siglo XXI: El lobo y los pastores cenando

Una nueva ‘fabula fabulosa’ de Esopo nos remite a un problema de actualidad que acaba de tratarse en el Parlamento Europeo, el del derecho…

Una nueva ‘fabula fabulosa’ de Esopo nos remite a un problema de actualidad que acaba de tratarse en el Parlamento Europeo, el del derecho a la vida.

Con la lectura de El Lobo y los pastores cenando, el autor nos propone reflexionar sobre la fábula de Esopo y algunas cuestiones referentes a ese derecho en los no nacidos:

¿Tiene la mujer derecho a interrumpir una vida, a cortarla, a acabar con ella, a fulminarla, a abortar?

¿Tenemos derecho a matar, o más bien a defender la vida, sobre todo de los más débiles?

El lobo y los pastores cenando

“Un lobo que pasaba cerca de un palenque, vio allí a unos pastores que cenaban las carnes de un cordero. Acercándoseles, les dijo:

-¡Qué escándalo habría ya si fuera yo quien estuviera haciendo

lo que ustedes hacen!

Mi buen amigo Esopo: Me has hecho recurrir al diccionario para buscar el significado de ‘palenque’. Empalizada, terreno cercado por una estacada. Estos pastores cenaban tranquilos en su ‘patio particular’, disfrutando de su sabroso asado. Y he aquí que el lobo, con ciertos dotes de inteligencia que tú le regalas, no entiende por qué han matado a un cordero para comérselo. “¡La de veces que he tenido que salir corriendo por intentar hacerlo yo mismo!”

Más allá de la interpretación que haría mi amigo vegetariano, creo que pones de manifiesto un gran problema, siempre de actualidad. ¿Quién es el dueño de la vida? ¿Quién se puede permitir quitar la vida, a alguien, a alguien a quien se la ha dado amando, ‘haciendo el amor’?

En estos días se ha hablado del tema en el Parlamento Europeo, en lo que sería el consejo de la polis de Atenas en tu querido siglo VI a.C. Se ha hablado de quitar la vida, del supuesto derecho a conceder vida o muerte según mi decisión.

¿Tiene la mujer derecho a interrumpir una vida, a cortarla, a acabar con ella, a fulminarla, a abortar? Todos son verbos semejantes, y espero que no me lea algún espartano de tu tiempo, pues éstos también lo hacían con toda tranquilidad: si el niño parece débil, lo despeñamos por el barranco.

¿Tenemos derecho a matar, o más bien a defender la vida, sobre todo de los más débiles?

Una cosa es lo que el dueño con todo derecho decida sobre su propiedad, y otra lo que haga el ladrón con lo que no le pertenece.

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