Esopo habla al siglo XXI: El tocador de cítara

Esopo nos habla desde la antigüedad de una cuestión de actualidad. Estamos inmersos en una sociedad en demasiadas ocasiones tan despersona…

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Esopo nos habla desde la antigüedad de una cuestión de actualidad. Estamos inmersos en una sociedad en demasiadas ocasiones tan despersonalizada que, a fuerza de imitar a aquellos que se nos asemejan líderes, perdemos nuestra propia identidad.

El tocador de cítara

“Un tocador de cítara sin talento cantaba desde la mañana a la noche

en una casa con las paredes muy bien estucadas.

Como las paredes le devolvían el eco,

se imaginó que tenía una voz magnífica,

y tanto se lo creyó, que resolvió presentarse en el teatro;

pero una vez en la escena cantó tan mal, que lo arrojaron a pedradas”.

Mi apreciado amigo Esopo: no conocía yo las potencialidades de las paredes bien estucadas, positivas pero también engañosas. Adaptan la realidad del canto a lo hermoso que queremos oír, pero no mejoran al cantante, o al tocador de cítara. Por eso, cuando desaparecen las condiciones favorables y aparece la realidad del talento, podemos distinguir al buen artista del mediocre o incluso del malo.

Vivimos en una sociedad muy vulnerable a las circunstancias que nos rodean, que nos lleva a conocernos como otros nos conocen, a juzgarnos como otros nos juzgan, a opinar como otros opinan y a decidir como otros deciden. ¿Y dónde queda mi decisión personal, mi criterio personal, mi valía personal, mi identidad personal? Las dos visiones son necesarias, mi conciencia personal y lo que los demás me transmiten, pero en una y otra hemos de buscar la verdad, que puede no coincidir ni con la opinión ajena ni con el gusto personal.

No seamos nosotros jueces de nosotros mismos, no vaya a ser que nuestra parcialidad nos arruine

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