Esopo habla al siglo XXI: Los dos perros

En esta ocasión, con Los dos perros, Esopo nos remite a la importancia del trabajo que desarrolla cada cual, independientemente de si ese traba…

En esta ocasión, con Los dos perros, Esopo nos remite a la importancia del trabajo que desarrolla cada cual, independientemente de si ese trabajo se realiza a la vista de todos o en la sombra. Ni uno ni otro es mejor, y ambos deben ser reconocidos.

Los dos perros

Un hombre tenía dos perros.

Uno era para la caza y otro para el cuidado.

Cuando salía de cacería iba con el de caza, y si cogía alguna presa,

al regresar, el amo le regalaba un pedazo al perro guardián.

Descontento por esto, el perro de caza lanzó a su compañero algunos reproches: que sólo era él quien salía y sufría en todo momento, mientras que el otro perro, el cuidador, sin hacer nada, disfrutaba de su trabajo de caza.

El perro guardián le contestó:

-¡ No es a mí a quien debes de reclamar, sino a nuestro amo,

ya que en lugar de enseñarme a trabajar como a ti,

me ha enseñado a vivir tranquilamente del trabajo ajeno!”.

Mi buen amigo Esopo: ¡Qué mal suena eso de vivir tranquilamente del trabajo ajeno! En España se nos va la mente demasiado rápido a la clase política y sindical, aunque no es bueno generalizar. Y en tu país natal, con las presiones europeas que le rondan, tampoco andan mucho mejor.

Me permito, sin embargo, llevarte un poco la contraria en esta ocasión. El perro cuidador no vivía del trabajo ajeno; mientras estaba vigilando y cuidando la casa, el perro cazador perseguía a las presas y las cazaba. Cada uno cumplía su trabajo, su cometido, y en tales casos considero que es de justicia que el dueño premie a ambos perros. El primero tenía un trabajo más oculto, más ‘tranquilo’ pero también menos interesante; el segundo, un trabajo más dinámico, activo, de conseguir frutos palpables e inmediatos.

En esta vida, cada uno ocupa un lugar, a veces en el primer plano de las fotos, otras detrás de las cámaras o detrás, sujetando el hermoso decorado. Ni uno ni otro es mejor, y ambos deben recibir el mismo reconocimiento, el sencillo y humilde trabajador y el presentador de los telediarios.

Todos los trabajos son importantes, y todos merecen su reconocimiento.

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