España no quiere trabajar más

Los empresarios y sindicatos españoles no consideran adecuado plantear la prolongación de la jornada laboral, a diferencia de lo que sucede en todo un…

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Los empresarios y sindicatos españoles no consideran adecuado plantear la prolongación de la jornada laboral, a diferencia de lo que sucede en todo un sector industrial como el de Alemania, que ha presentado como necesidad recuperar la jornada de 40 horas. En este país, la jornada legal máxima a la semana es de 48 horas (y solo 40 en España), pero la jornada semanal pactada, la que se realiza realmente, es de solo 37 horas, 11 menos que el máximo legal.

Si descontamos la excepción francesa, que tiene una semana laboral pactada de 35,7 horas, los otros países que menos trabajan en Europa, junto con la mencionada Alemania, son Dinamarca, Holanda y Gran Bretaña, que se sitúan en las 37 apuntadas.

Jornada laboral en los países de la Unión Europea 

JORNADA LEGAL SEMANA MÁXIMA JORNADA SEMANAL PACTADA
BÉLGICA 39 39
DINAMARCA 48 37
ALEMANIA 48 37
GRECIA 48 40
ESPAÑA 40 38,5
FRANCIA 48 35,7
IRLANDA 48 39
ITALIA 48 38
LUXEMBURGO 48 39
HOLANDA 48 37
PORTUGAL 40 39
AUSTRIA 40 38,5
FINLANDIA 40 39,3
SUECIA 40 38,8
GRAN BRETAÑA 48 37,2
MEDIA UE   38,5
Fuente: Observatorio Europeo de Relaciones Industriales 2002

 

En el caso de España, la jornada laboral pactada se acerca mucho a la máxima, ya que es de 38,5, prácticamente la media de la Unión Europea de 15 países. Este hecho puede explicar la actitud de empresarios y sindicatos en nuestro país, aunque (y no es un dato menor) la producción española sigue siendo inferior a la de la mayor parte de Europa.

¿Esto significa que no existe un debate sobre la jornada laboral en España? El debate existe, pero formulado en otros términos. En España, la cuestión no es tanto el aumentar el número de horas como dotar a las que se trabajan de una mayor flexibilidad en su distribución a lo largo del tiempo, de manera que el numero de horas trabajadas pueda adecuarse más y mejor al ciclo productivo.

Y aquí, en este tema, existe un importante trasfondo. Una flexibilidad excesiva alteraría profesionalmente la vida de los trabajadores, que no dispondrían de una pauta razonable para organizar sus propias vidas; perderían algo fundamental como es la autonomía, puesto que ésta giraría aleatóriamente en torno (y únicamente) a su trabajo, haría todavía más difícil la vida familiar al constituir el horario de trabajo un incierto intemporal. Pero al mismo tiempo, es necesario que una mayor flexibilidad se produzca a fin de que las empresas puedan garantizar su capacidad de competitividad y de adaptarse enteramente a la demanda.

Si estos dos elementos de la equilibrada autonomía personal y vida familiar, por una parte, y competitividad empresarial, por otra, son trabajados con justicia por sindicatos y empresa y son escuchadas otras voces sociales como las de las organizaciones familiares, el resultado final podría ser satisfactorio para todos.

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