España, un horizonte económico complicado

Sin ganas de aguar el vino, porque es cierto lo que afirma el Gobierno sobre la moderada y progresiva recuperación económica, hay que de…

Sin ganas de aguar el vino, porque es cierto lo que afirma el Gobierno sobre la moderada y progresiva recuperación económica, hay que decir que nuestra situación presenta riesgos muy profundos a los que no se les otorga la atención debida. No están claramente contemplados en la agenda política, ni tan siquiera la mediática.

Señalemos tres. El primero es que la pérdida de población que nos manifiestan los datos de cada año tiene un impacto a corto y a largo plazo, como si de una tenaza se tratara, sobre las pensiones. En efecto, por un lado pocos nacimientos y envejecimiento creciente, eso hace inviable el equilibrio en un futuro; pero por otra parte la disminución que registran los padrones se debe en gran medida a la salida de inmigrantes, en parte -no todos, claro está- con trabajo, y por consiguiente cotizantes a la Seguridad Social que se pierden en tiempo real.

El segundo problema es la tendencia general en Occidente observada desde hace años de la reducción de la participación de las rentas del trabajo en la formación del Producto Interior Bruto. En otras palabras los que trabajan cada vez se llevan una parte más pequeña del pastel en benéfico de lo que corresponde al capital. Este dinámica, motivo de polémicas económicas sobre sus posibles causas, resulta en España particularmente aguda, unida a un crecimiento extraordinario de la desigualdad, el mayor de Europa.

La tercera cuestión es la combinación de fracaso educativo y situación laboral. Prácticamente un 30% de las personas en edad de trabajar menores de 35 años, mayoritariamente hombres, no reúnen la formación elemental ni la mínima experiencia laboral para insertarse en una empresa, aunque las condiciones de ocupación mejoraran. Es el fruto de la cadena Repetidores – fracaso escolar – abandono escolar – NiNI. Ningún país puede pensar en alcanzar un crecimiento razonable con un lastre de esta dimensión, sobre todo cuando es claramente el capital humano un motor clave de crecimiento y decisivo para paliar la desigualdad.

El último factor de riesgo es el desafío de mantener la productividad actual reduciendo sensiblemente el paro. Una hazaña inédita en la economía española, si exceptuamos la década de los sesenta del siglo pasado.

No abordar a fondo todo esto es demostrar que la política no sirve, al menos tal y como se practica, para abordar los problemas profundos antes de que sean catastróficos y difícilmente reversibles.

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