España, una situación delicada

España vuelve a vivir un momento extraordinariamente delicado fruto de la situación económica. En realidad y desde un punto de vi…

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España vuelve a vivir un momento extraordinariamente delicado fruto de la situación económica. En realidad y desde un punto de vista político, hay un pez que se muerde la cola. Por una parte, la necesidad de ajustar los presupuestos para reducir el déficit público de una forma extraordinaria, que además genera grandes dudas en cuanto a su éxito. Por otra, el convencimiento que esta vía conlleva bloquear toda posibilidad de crecimiento este año y el que viene, con el riesgo de profundizar la recesión. A partir de ahí los brindis al sol carecen de sentido. Afirmar que el Estado no debe recortar tanto o que se debe gastar más, que viene a ser lo mismo, sin decir cómo esto puede resolverse considerando la presión de la Unión Europea, los Mercados y Estados Unidos es una actitud políticamente inútil, cuando no dañina.

Lo decisivo por parte de todos los partidos políticos en este momento, y también de los sindicatos, sería primero asumir la realidad tal cual es y segundo poner encima de la mesa, no grandes principios ni finalidades últimas, sino ver cómo puede alcanzarse este doblete de reducir el déficit y conseguir el crecimiento. Se trata de una cuestión de “cómos” y no de “qués”. Naturalmente, la falacia política que impera hoy comporta la demonización del adversario, pero resulta insostenible pensar que el discurso de los sindicatos, considerando que los empresarios disfrutan despidiendo, o del PSOE de que al PP le pasa lo mismo recortando y entrando en dificultades con la población, no tiene ninguna racionalidad.

Si hubo un momento en la vida de España, con los Pactos de la Moncloa, en que se produjo una determinada unidad de criterio en cuanto a qué se tenía que hacer y cómo hacerlo, ahora nos encontramos en una situación de una gravedad parecida, que requiere una propuesta por parte de cada sujeto político y sindical equivalente. Pero no es así, existe la esperanza de que hundiendo al otro vas a flotar tú y en esta ocasión esto no funciona así, hundir al otro significa, además de hundir al país, que también naufrague tu propia embarcación. Esta es la cuestión. Hay que hacer una llamada a la responsabilidad de todos, porque, de lo contrario, a finales de 2013, el paro representará ya el 25% y la maquinaria económica española estará tan agotada que será difícil de salir, durante años, de un estado grave de postración.

Aquellos que piensan que como peor mejor, que esto puede favorecer el cambio del gobierno, cuando acaban de salir de él, o que se va a recuperar poder sindical por esta medida, están demostrando su incapacidad para asumir la realidad en todas sus dimensiones. También el Gobierno del PP debe hacer esfuerzos más importantes en este sentido, el de conseguir una mayor unidad de acción.

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