España y el tsunami: Dar créditos FAD no es solidaridad

Son muchos los gobiernos de países de todo el mundo que han decidido estos días conceder ayudas a la zona afectada por el maremoto del pasado 26 de di…

Son muchos los gobiernos de países de todo el mundo que han decidido estos días conceder ayudas a la zona afectada por el maremoto del pasado 26 de diciembre. España, que no es ajena a la realidad del desastre, tampoco es una excepción, pero la aportación anunciada hasta el momento por el ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero no es tan generosa como las cifras pueden hacer pensar. De momento, la cantidad para el sureste asiático asciende a los 53 millones de euros, pero el 90 por ciento (48 millones) son créditos FAD, es decir, dinero público prestado a países pobres, como Indonesia en este caso, con la condición de que se gasten en empresas españolas. Sólo 5 millones se darán como ayuda neta. El resto son 48 millones de euros de nueva deuda para el país receptor del dinero. Por otro lado, el Gobierno acaba de anunciar el envío de 650 militares a la zona en una operación que costará 6,5 millones de euros.

Ante esta realidad, muchos cooperadores y organizaciones no gubernamentales se preguntan por qué el Gobierno español, en vez de generar más deuda externa y enviar al ejército desplazándolo en miles de kilómetros, no ha anulado inmediatamente la deuda anterior y no ha ofrecido un apoyo logístico a entidades e instituciones locales que trabajan en la zona. La ayuda con efectivos militares es un gasto desproporcionado y los créditos FAD no pueden presentarse nunca como un gesto de ayuda al desarrollo.

En toda esta cuestión, se juntan varios temas importantes. Por un lado, está el aumento del porcentaje de los Presupuestos Generales del Estado que va destinado al ejército. Dentro de que es discutible, la realidad es que esa partida ha aumentado en un 4,2 por ciento en las cuentas del año 2005. Algunas entidades habían pedido recientemente al ejecutivo que desviase esa cantidad de dinero a la emancipación del Tercer Mundo. Por otro lado, el hecho destapa nuevamente el problema de la deuda externa que los países pobres tienen con los ricos.

En este sentido, numerosos colectivos cristianos y de acción social llevan años reclamando la condonación total de esas cargas económicas que sólo generan pobreza y más pobreza. No parece, pues, una buena respuesta el afrontar la emergencia de esta catástrofe con dinero que debe ser retornado. Por ejemplo, en España y en 1998, Cáritas, Manos Unidas, Justicia y Paz y la Confederación Española de Religiosos (CONFER) organizaron la campaña Deuda externa, ¿deuda eterna?. La respuesta de los responsables políticos fue más de lo mismo: palabras sin hechos.

Paralelamente, más de 250 representantes de gobiernos y organizaciones de ayuda humanitaria se reunieron este martes 11 de enero en la sede de las Naciones Unidas de Ginebra, con el objetivo de coordinar su respuesta de asistencia financiara a los países del suresta asiático devastados por el terremoto. Hasta el momento del encuentro, la ONU había recibido formalmente promesas de contribuciones por valor de 2.038 millones de dólares por parte de la comunidad de países donantes y entidades privadas. La cifra supera ampliamente la petición de urgencia formulada públicamente por el secretario general del organismo mundial, Kofi Annan, que había cifrado la emergencia en 977 millones de dólares. Japón es, de momento, el país que ha prometido más, 500 millones, seguido de Australia, con 434 millones, y Estados Unidos, que ha garantizado 350.

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