Esperanza Aguirre y la amistad civil

Establece Aristóteles que la virtud fundamental para que pueda ejercerse la política dirigida al bien de la ‘polis’ es la am…

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Establece Aristóteles que la virtud fundamental para que pueda ejercerse la política dirigida al bien de la ‘polis’ es la amistad civil. Se trata de una variante de lo que llamamos amistad pero referida o aplicada a extraños, a personas con las que no existe otra relación que la de participar en la tarea común de los asuntos públicos del cuidado de la ‘polis’, esto es la política.

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, con sus declaraciones sobre la final de la Copa del Rey y apuntar la posibilidad de que se juegue a puerta cerrada si se dan silbidos al Príncipe y a la bandera española, ha contribuido a crispar la situación más que a resolverla. La mejor prueba de ello es que ni la Casa Real ni el propio Gobierno se han situado no ya en la misma línea sino en actitudes absolutamente opuestas. Esperanza Aguirre tiene una mayoría absoluta y esto quiere decir un apoyo claramente mayoritario de los madrileños, pero esto no le da patente de corso. Sus actitudes políticas se alejan en muchas ocasiones de esta condición básica de la amistad civil, algo que por otra parte no tiene nada de extraño dada la forma en que se entiende y se practica hoy en día la política.

Pero, en esta ocasión, el exceso ha sido notorio, como notorio es -lo hemos apuntado en otras ocasiones- su empecinamiento en conseguir para la capital una gran instalación dedicada al juego, con todos los elementos críticos que comporta y que una reciente declaración de e-Cristians tenía la virtud de sintetizar. También es una adalid de que se eliminen las restricciones para el uso del tabaco en los espacios para el juego, un precedente además peligroso, porque el resto del sector hostelero, que pasa por dificultades, no tardaría en proclamar que este es un trato de favor que no tiene justificación legal y que la medida debe extenderse a todo el conjunto de la actividad con independencia de que se juegue o no en las salas. Algo parecido va a suceder con las exigencias del grupo americano. Si para favorecer su instalación se han de disminuir las presiones legales, fiscales, los controles sobre el juego, lo que necesariamente sucederá es que esto se deberá extender al conjunto del sector, que además pasa por un mal momento, porque de lo contrario el choque con la legalidad sería evidente. En este caso, lo que se habrá conseguido a través del empecinamiento de Madrid o Barcelona, que es la otra candidata, es que España se convierta en un paraíso del juego porque las facilidades para el mismo, con lo que lleva implícito de blanqueo de dinero, estarían a la orden del día.

Pensamos que ésta no es una manera de gobernar, que el ‘forofismo’ no es un criterio político que conduzca al bien común, que alentar determinadas pasiones humanas puede representar popularidad en ciertos sectores, pero daña profundamente a la sociedad civil. Esperanza Aguirre debe volver a la moderación y al buen criterio en todos los aspectos relacionados con su mandato político. Madrid, como gran capital de España que es y espejo público de la misma, no debe verse reflejada en los medios de comunicación ni en las conciencias de las personas con esta estridencia.

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