Esta gran nación‘, de Jaime Mayor Oreja

Ahora que la nación española ha entrado en una fase, aparentemente irreversible, de disgregación moral y política; ahora que, pese a las evidencias en…

Ahora que la nación española ha entrado en una fase, aparentemente irreversible, de disgregación moral y política; ahora que, pese a las evidencias en contra, el gobierno de nuestro país insiste en legitimar el terrorismo (vesania sí, pero de rédito) convirtiéndolo en interlocutor político, ahora digo, son más necesarias que nunca personas que, como Jaime Mayor  Oreja, encarnen muchas de las cualidades que hicieron de nuestra nación la más pujante, decisiva y, al mismo tiempo, generosa durante largos siglos de la historia.

Arrojo, altruismo y catolicidad, valga el pleonasmo. Sin esas virtudes no se conquista primero y se evangeliza después un continente entero a mayor gloria de Dios y de España. Un puñado de hombres sólo temerosos de Dios, ¿deberemos recordarlo de nuevo?

Pero aquella gloria esfumóse y, a día de hoy, en este país sin remedio no se sabe quién es más desapta, si la izquierda traidora y cainita (toda) o la derecha acomplejada e idiota (casi toda). Ahora que la ETA ha dado por finiquitado el torticera e interesadamente llamado “proceso de paz”, se advierten, mejor que nunca y al descubierto, las vergüenzas de toda una generación de politicastros de tercera, más interesados en el grosor de su billetera que en los intereses reales, y legítimos, de los ciudadanos que los han elegido y les pagan el sueldo.

Una izquierda que nunca ha sido nacional y una derecha que nunca ha sido valiente, ésa es nuestra maldición atávica. Con dos únicas excepciones: en 1936 y durante este último año, en que esa derecha ha tenido que salir a la calle impelida por la dignidad de un pueblo estupefacto y asqueado. En ambas ocasiones se cumple la advertencia de Gil Robles y, de nuevo, se demuestra que media nación “no se resigna a morir”.

Por eso es resulta tan reconfortante leer libros como éste, una larguísima conversación (de largo recorrido, pero algo optimista en su epílogo) con César Alonso de los Ríos, uno de los escasos intelectuales “de izquierdas” que nos quedan, en la que, además de la recreación nostálgica de un mundo que ya no existe, el del San Sebastián de los años 50 y 60, asistimos al declive de una sociedad entera (prácticamente una clase social) la burguesía vasca de la posguerra, que se desliza por el sumidero del paganismo nacionalista hasta despeñarse en la inevitable demencia terrorista.
 
Jaime Mayor Oreja, ministro del Interior en el período de gobierno de José María Aznar, es, probablemente, el mayor experto que hay en España acerca del funcionamiento y la lógica interna de la banda terrorista ETA, como muestra aquí, yendo al fondo del asunto.

(“ – Hasta que se ha demostrado que el proyecto de Zapatero era perverso. De Bambi, nada. De oligofrénico, tampoco. – Es curiosa esta obsesión por negar la realidad para evitar la respuesta [dice Mayor]. Todavía para muchos ETA es una simple partida de mafiosos y criminales. No quieren aceptar que, además de ser todo eso, hacen “política”: de discriminación, de persecución, etnicista y territorial… Eligen a los que matan, desde Broseta a Tomás y Valiente, desde Gruesa a Gregorio Ordóñez y los concejales del PP…”).

Pero no sólo eso, acaso sea también el más experto conocedor y fustigador de la praxis ideológica nacionalista, verdadero cáncer y origen de tantos males que nos asolan desde hace casi treinta años. Su labor como ministro fue ensalzada y valorada por los españoles, casi sin excepción, salvo aquellos que, como él denuncia en este libro, y ha señalado durante años, odian la idea de España casi tanto como la inteligencia: los liberticidas regionalistas.

Y ha señalado, desde siempre y con preclaro acierto, la intención última de la lenta implosión que pretende este gobierno acerca de los valores que construyeron esta vieja y cansada nación. De mucho mayor calado que una simple cesión frente a los terroristas. El gobierno más sectario e inane toda de nuestra historia, impregnado de pensamiento mágico, como ha escrito con tanto acierto y brillantez Hermann Terstch.
 
Mayor Oreja aúna dos de las cualidades imprescindibles para ser un buen político, es decir, buen gestor de los asuntos públicos, a saber: la valentía y la inteligencia. Sus análisis de las razones de la ETA van más allá de la panoplia de estupideces y lugares comunes tan propios del periodismo lerdo y los analistas de corte que abarrotan las tertulias.

A eso se le añade, como hemos dicho, una clarividencia impropia por estos pagos, y que comparada con la mezcla de ingenuidad buenista e iluminada de quien nos desgobierna ahora, lleva al llanto y a la irritación. Clarividencia, por ejemplo, demostrada a la hora de calificar como “trampa” la falsa tregua decretada por la Eta en 1998, pero también cuando en enero de este año, vaticinaba ya que:

“son muchos los políticos y analistas que hacen depender las negociaciones (…) de algunas circunstancias realmente irrelevantes o secundarias. No se dan cuenta de que si el “proceso de paz” no sale adelante se deberá a una decisión de Eta. El proyecto saldrá mal, explosionará porque no hay una conjunción posible de los dos proyectos”.

Ello a pesar de una confluencia maléfica de intereses que, entre otros, ha denunciado con fuerza Pío Moa.

“Lo cierto es que entre ETA y Zapatero se ha dado una coincidencia profunda. Ha sido un encuentro feliz de los dos aunque eso no garantiza el éxito. Zapatero pretende una España irreconocible y ETA la quiere, además, rota. Ahora bien, el proyecto saldrá mal, explotará, nos llevará a un callejón sin salida y la única solución será que emerja una voz democrática de un gran mayoría de españoles. Pero no hay conjunción posible entre la España irreconocible de Zapatero con la ruptura de España que siempre presidirá el proyecto de ETA”.

Esperanzadoras palabras que, en esta ocasión, ni sabemos si la realidad acabará desmintiendo. Así sea.

Esta gran nación
Jaime Mayor Oreja
LibrosLibres, 2007
175 páginas

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