Estados, naciones y patrias (1/2) (bis)

Duc in altum

San Juan Pablo II, Papa

(Publiqué este escrito en dos partes a principios de septiembre de este año 2015. La incertidumbre de lo que pasa en Catalunya hoy y las próximas elecciones generales  en España me animan a republicarlo ahora. Esta reflexión no está presente al día de hoy en mi blog. Sí lo estaba en septiembre. La indicación bis es para evitar duplicidades)

 

Con una perspectiva de 15 años es muy recomendable atender ahora las palabras del Papa Juan Pablo II, actualmente santo canonizado, al inicio y al final del tercer milenio. Conviene distinguir muy bien éste su Magisterio de visiones pías apocalípticas. Estas “visiones” son aquellas que se dejan atrapar por el pesimismo, haciendo interpretación adivinatoria propia de la Palabra de Dios revelada. A veces con visos de credibilidad intelectual y teológica apelando a visiones de santos, beatos y venerables de otras épocas.

 

Estas visiones “ortodoxas” me salpicaron un poco en mis años mozos. La ortodoxia a veces es el parapeto farisaico de quienes cumplen con la Ley. Ya acontecían hace 2000 años. Jesús nos pide a todos huir de las adivinaciones. Nos pedía y nos pide reconocer a Dios cuando acontecen los hechos anunciados mucho antes por los Profetas. Esgrimir la Biblia como sustento del propio razonamiento adivinatorio de futuro es la gran tentación a lo largo de los siglos. La palabra de Dios se lee, se escucha, se medita y se contempla en el silencio de la intimidad con Él, en su presencia con actitud orante y sin discursos humanos de prójimos profetas. Es lo que debe hacerse siempre para construir el presente. De lo contrario se cae en la inacción y se cede al asentimiento a un discurso sin base teológica.

 

Hoy, en general, esta digamos actitud pía bienintencionada no tiene la relevancia que ha tenido en otras épocas. Ha quedado socialmente sustituida por las patrañas diabólicas de la inexistente era de acuario. Ya he escrito acerca de ello. Este desear y pretender adivinar el futuro es una tentación más. Difícilmente cae en ella quien se ocupa, con confianza en la Divina Providencia, en construir día a día su presente, tanto a nivel particular como colectivo.

 

Iniciamos nuevo curso. Toca hablar ahora de un nuevo paganismo: la divinización de la nación. El pasado 15 de enero de 1994 el Papa San Juan Pablo II manifestaba al cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede lo siguiente:

 

“La historia ha demostrado que desde el nacionalismo se pasa rápidamente al totalitarismo y que, cuando los Estados ya no son iguales, las personas terminan por no serlo tampoco”.

 

En su segundo viaje a la ONU, el 5 de octubre de 1995, dijo lo siguiente:

 

“Es necesario aclarar la divergencia esencial entre una forma peligrosa de nacionalismo, que predica el desprecio por las otras naciones y culturas, y el patriotismo, que es, en cambio, el justo amor por el propio país de origen.”

 

“Un verdadero patriotismo nunca trata de promover el bien de la propia nación en perjuicio de otras… El nacionalismo, especialmente en sus expresiones más radicales, se opone, por tanto, al verdadero patriotismo, y hoy debemos empeñarnos en hacer que el nacionalismo exacerbado no continúe proponiendo con formas nuevas las aberraciones del totalitarismo.”

 

Les dejo con los links de las dos cartas del nuevo milenio. Les recuerdo asimismo el link de mi escrito de la pasada primavera acerca del Jubileo de la Misericordia que se iniciará el próximo 8 de diciembre. ¿Han leído la Bula de este Jubileo? ¿La han reflexionado?

 

Tertio Millenio Adveniente

http://w2.vatican.va/content/john-paul-ii/es/apost_letters/1994/documents/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html

 

Novo Millenio Ineunte

http://w2.vatican.va/content/john-paul-ii/es/apost_letters/2001/documents/hf_jp-ii_apl_20010106_novo-millennio-ineunte.html

 

 

El rostro de la misericordia

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