Estamos en un mundo cada vez más feliz: lo dice la Encuesta Mundial de Valores

La felicidad ha aumentado en líneas generales en todo el mundo. Esas son las conclusiones de la última Encuesta Mundial de Valores, presentada el pasa…

La felicidad ha aumentado en líneas generales en todo el mundo. Esas son las conclusiones de la última Encuesta Mundial de Valores, presentada el pasado 1 de julio por el Instituto de Investigación Social de la Universidad de Michigan.

Fue una conclusión sorprendente”, asegura Ronald Inglehart, científico político que dirigió el estudio publicado en la edición de julio de la revista Perspectives on Psychological Science

De los 98 países analizados a partir del inicio del estudio, 45 de ellos muestran registros de aumento de la felicidad en todo el período que va desde 1981 hasta 2007.

Gracias a su democracia, su igualdad social y su atmósfera pacífica, Dinamarca es el país más feliz del mundo; mientras que Zimbabwe es el más triste y ocupa el último puesto de la lista, desgarrado como está por conflictos políticos y sociales.

Dos sencillas preguntas

La Encuesta Mundial de Valores aparece cada año y está financiada por la Fundación Nacional de Ciencias de Estados Unidos y agencias internacionales de todo el mundo.

En este caso, se realizaron un total de más de 350.000 entrevistas personales para realizar el estudio.

Los entrevistados respondieron en la encuesta, realizada por primera vez en 1981, a dos sencillas preguntas:

“Considerando todo en general, ¿diría usted que es muy feliz, bastante feliz, no muy feliz o nada feliz en absoluto?” y “Considerando todo en general, ¿cómo de satisfecho está usted con su vida tal y como es en la actualidad?”

España, en el puesto 44

El índice de felicidad de los españoles dista bastante de los primeros puestos del ranking, que también ocupan Puerto Rico y Colombia, en segundo y tercer lugar, respectivamente.

Así, España ocupa un discreto puesto número 44, alejada asimismo de otros países como Irlanda, Islandia, Suiza, Países Bajos o Suecia, en Europa; y de la India o Corea del Sur, en Asia, que obtienen también calificaciones altas en cuanto al índice de felicidad de sus ciudadanos.

En el continente americano, por ejemplo, Canadá está también en puestos destacados y Estados Unidos ocupa el puesto 16, mientras que otros países como El Salvador (11), México (16) o Guatemala (17), también aventajan a España.

Por otra parte, acompañan a Zimbabwe en el furgón de cola Armenia, Moldavia, Bielorrusia y Ucrania, los países menos felices del planeta.

Paz y felicidad, de la mano

Sospecho firmemente que hay una fuerte correlación entre la paz y la felicidad”, manifestó Inglehart, el director del trabajo, quien también aseguró que “el determinante más importante de la felicidad es la proporción en la que la gente tiene libertad de elección en cómo vivir su vida”.

Ronald Inglehart explicó que el estudio indica que la democratización y la tolerancia creciente tienen un impacto mayor que el crecimiento económico. 

“Los acontecimientos de los últimos 25 años han traído un creciente sentimiento de libertad que parece ser más importante aún que el desarrollo económico”, afirmó en un comunicado. 

En cuanto a las sociedades pobres, o en vías de desarrollo, que están al nivel de subsistencia, dice que la felicidad está estrechamente vinculada con la solidaridad del grupo, la religión y el orgullo nacional.

En este contexto, el investigador destacó que países como México, India, Irlanda, Puerto Rico y Corea del Sur muestran una tendencia de marcado incremento de la felicidad. 

Sin embargo, Austria, Bélgica, Reino Unido y Alemania son las únicas naciones que son menos felices progresivamente. 

“La mayor parte de la investigación previa ha sugerido que los niveles de felicidad son estables”, apuntó Inglehart. “Los acontecimientos importantes, como que uno gane la lotería o reciba la noticia de que tiene cáncer, pueden conducir a cambios de corto plazo, pero no importa qué ocurra o qué hagamos, los niveles básicos de felicidad son estables y realmente no cambian”, concluyó el investigador.

Más ricos, pero no más felices

Por otra parte, cabe recordar que hace ahora tres años el economista británico Richard Layard publicaba un libro, Happiness: Lessons from a New Science (Felicidad: Lecciones de una Nueva Ciencia), cuya tesis central era que el mundo moderno podrá ser más rico que antes, pero no por ello más feliz.

En Estados Unidos, en Gran Bretaña o en Japón, la gente en general no es más feliz de lo que era hace 50 años, afirmaba entonces Layard. De hecho, en su libro asegura que la sociedad moderna y materialista no ha logrado satisfacer las aspiraciones de la gente.

Y esto ocurre a pesar de que los ingresos medios se han más que duplicado, hay más vacaciones, los fines de semana laborables son más cortos, y la gente vive más y tiene mejor salud, declara el autor, citando abundantes datos que respaldan esas afirmaciones. 

Layard sostiene que a lo largo del tiempo la búsqueda de la felicidad suele degenerar en un individualismo desenfrenado. El economista considera que necesitamos renovar el concepto de búsqueda de la felicidad añadiéndole la idea de bien común, evitando así el excesivo individualismo.

Noria hedonista

En su libro, Layard mantiene que existe una falta de correlación entre riquezas y felicidad, y examina algunos factores que están detrás de esa ausencia de felicidad creciente.

Comparamos constantemente nuestro bienestar económico con el de otros, observa. Así, el crecimiento económico que afecta a todos por igual puede dejarnos sin un aumento de nuestro contento. 

Luego está lo que él denomina la ‘noria hedonista’, por la que nos acostumbramos a nuevas posesiones y necesitamos aún más para sentir una sensación de satisfacción constante.

Pero, si los factores económicos no son los principales determinantes de nuestra felicidad, ¿de qué depende entonces?

Layard apuesta por la influencia de la infancia, incluyendo la importancia de una familia unida. Muchos estudios, afirma, muestran que los niños sufren cuando sus padres se divorcian.

El autor cita más adelante evidencias de que en nuestra felicidad en la vida adulta influye una combinación de factores. Nuestra situación financiera juega una parte. Otros elementos importantes incluyen el ambiente del trabajo, la calidad de las relaciones familiares y de las amistades, y el estado de salud

Asimismo, son factores clave el grado de libertad personal y la clase de valores personales que tenemos. En cuanto a este último punto, los estudios muestran que la gente que cree en Dios es más feliz.

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