Estar por la familia no es olvidarse de la injusticia social

El Gobierno y uno de sus partidos políticos de apoyo, el diario EL PAÍS, han puesto en circulación un argumento en relación con la manifestación del 1…

Forum Libertas

El Gobierno y uno de sus partidos políticos de apoyo, el diario EL PAÍS, han puesto en circulación un argumento en relación con la manifestación del 18 y, especialmente, el apoyo manifestado por la Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal. La explicación gubernamental merece ser comentada. Se trata de contraponer esta actitud explícita con una hipotética falta de pronunciamiento sobre la guerra de Irak y la solidaridad con los pobres. Es necesario decir que existe una parte de verdad en lo que dicen, pero sólo una parte, ya que el ejecutivo se olvida de lo más importante. Este fragmento de verdad no afecta tanto a los obispos como a los laicos católicos.

 

Vayamos por partes. Es injusto o demagógico ignorar que la Iglesia ha sido la más decidida adversaria y crítica de la guerra de Irak y, en este caso, porque se trata de un hecho de significación mundial, con el mismo Papa Juan Pablo II a la cabeza. Los católicos y muchas de sus organizaciones fueron una componente importante de las manifestaciones contra la guerra, aunque en España el PSOE y su entorno artístico capitalizase la protesta con la ayuda de los medios de comunicación, que coincidían en un mismo objetivo: beneficiar al PSOE en un caso o evitar la imagen de que un sector muy mayoritario de votantes del PP, como es el de los católicos, participaba en buena medida de la protesta. Pero esta lectura mediática no cambia la realidad de los hechos: La Iglesia estuvo activamente contra la guerra de Irak.

 

Asimismo es evidente que la Conferencia Episcopal Española ha venido desarrollando, en sus declaraciones públicas, una especial atención sobre las cuestiones de solidaridad y justicia social, con la inmigración en primer término. Otra cosa es que una declaración sobre la moral recoja titulares a 5 columnas y otra sobre el escándalo de las pateras sea ignorada o reducida a una noticia microscópica. Por consiguiente, quienes intentan plantear como contradicción una pretendida diferencia de actitud traicionan la realidad de los hechos. La lástima es que, en este juego, también participen la corriente del PSOE Cristianos Socialistas y el propio Carlos García Andoni. Una vez más, se pone de relieve que, en los momentos críticos, su balanza cae, siempre sin excepción, del mismo lado: la consigna de partido. Y ello resta credibilidad a una opción que merecería ser fuerte e influir, lo cual no consigue en la política del PSOE.

 

Dicho esto, hay que afirmar que, en diversos sectores de los laicos católicos, sí que tiende a reproducirse aquella dicotomía, de la que participan los propios Cristianos Socialistas. A saber, unos confunden la pertenencia a la Iglesia con una atención exclusiva a los factores morales o, si se quiere en términos más precisos, a la ruptura antropológica, como es el aborto, el matrimonio homosexual, la investigación con embriones humanos, etc., y otros están atentos sólo a las cuestiones relacionadas con la solidaridad con los pobres. Los primeros pueden alinearse, aunque imperfectamente, con el Partido Popular, porque esta organización hace frente, de una manera muy imperfecta, a dicha ruptura antropológica. Los otro,s de una manera igual o más imperfecta, con el PSOE, por cuanto este partido ha dejado de pretender toda transformación social, toda acción efectiva, para construir una sociedad más justa, que vaya más allá del mantenimiento de lo establecido. Lo dicho en otras ocasiones: Solbes es intercambiable con Rato y viceversa.

 

Esta situación, tan real como la vida misma, revela dos hechos. En primer lugar, la fragmentación traiciona la esencia del catolicismo, porque oponerse a la ruptura antropológica va de la mano de la lucha contra la injusticia social. Todo forma parte del mismo cuerpo o doctrina, que (por cierto) ahora cuenta con un magnifico Compendio de Doctrina Social de la Iglesia, un importante documento del Pontificio Consejo Justicia y Paz. El segundo hecho es que ni el PSOE ni el PP expresan bien la concepción social y política de los católicos y que, por tanto, éstos deben aunar sus legitimas preferencias políticas y, por consiguiente, el pluralismo, con la supeditación de la instrucción política a la Doctrina Social de la Iglesia, es decir, a todo aquello sobre lo que existe una definición por parte del Magisterio. Sólo en ello. Ahí debería reinar la más completa transversalidad; y en todo lo demás, discrepar y debatir desde las respectivas opciones partidistas.

Hazte socio

También te puede gustar