Éste no es un buen camino para la democracia

La polémica sobre la nueva ley que regula el nombramiento de los altos cargos judiciales ha crispado el Parlamento y la vida política. En el fragor de…

Forum Libertas

La polémica sobre la nueva ley que regula el nombramiento de los altos cargos judiciales ha crispado el Parlamento y la vida política. En el fragor del combate partidista, quizás el ciudadano no haya reparado, en una medida suficiente, en unos datos básicos que le permitan establecer su juicio más allá del partidismo político. Y es que la materia  de que se trata en este caso, el nombramiento de jueces, es particularmente delicada porque constituye, junto con el legislativo y el ejecutivo, el tercer pilar sobre el que se fundamenta toda democracia constitucional. ¿Cuáles son estos datos? Resumámoslos: 

El primero de ellos se refiere al contenido de la ley. El Gobierno, y como él los demás grupos parlamentarios con la excepción del Partido Popular, desean aumentar la mayoría con la que actualmente se designa a los altos cargos judiciales, con lo que se pasaría de la actual mayoría absoluta a un quórum reforzado de 3/5. Se aduce a favor del cambio, y esto parece razonable, que con una exigencia tan elevada el consenso se hace obligado. Dicho esto, hay que añadir dos datos más: Hace 25 años que se funciona de la misma manera y, en las Cortes, para aprobar las leyes orgánicas, solamente se exige la mayoría absoluta del Congreso de los Diputados. 

A estos hechos, es necesario añadir un tercero que afecta al trámite parlamentario seguido. Se utiliza un camino extraordinario, que es el procedimiento de lectura única que elimina trámites que son característicos de una línea legislativa democrática. Así, se prescinde de la fase de comisión, no se admiten enmiendas, el debate se limita a la totalidad del proyecto y se realiza en el pleno de la cámara. La fase deliberativa de todo proceso parlamentario se acorta extraordinariamente. Cabe subrayar que no se trata del procedimiento de urgencia, para el que existe otro mecanismo específico, sino de éste tan particular de la lectura única. 

La modificación de un aspecto tan importante que ha durado un cuarto de siglo no podía ser sometida a una vía tan inédita, tan extraordinaria, tan limitativa de la posibilidad de consenso como es este tramite superabreviado de la lectura única. El más elemental respeto a la estabilidad de la norma y a la prudencia en el legislar exigía que la elaboración de un nuevo quórum naciera de un debate sosegado que facilitara el más amplio acuerdo posible. Al actuar así, el Partido Socialista demuestra que no busca tanto en la ley un mejor servicio a la justicia, sino evitar nombramientos, por parte del actual Consejo General del Poder Judicial, que no le resulten convenientes.

Está instrumentalizando una norma jurídica tan delicada por un objetivo inmediato y de interés de partido. De esta manera está sentando un precedente que justificaría que en el futuro, al cambiar el color de gobierno, se introdujeran nuevas normas básicas sin consenso para favorecer al partido de turno. Esto significa un atentado a la estabilidad democrática y retrotraernos a tiempos lejanos donde quien gobernaba hacia y deshacía el estado a su gusto. Es un paso hacia la democracia bananera.

Por otra parte, si bien un quórum elevado empuja al consenso, también puede bloquear las decisiones sobre nuevos jueces, porque el consenso no nace sólo de una mecánica ciega, sino de la voluntad de diálogo y. con estos precedentes. parece que lo que menos se va a favorecer es la condición de dialogante. Porque exigir al CGPJ un quórum más importante que el que se demanda al Congreso para aprobar leyes tan exigentes como las orgánicas parece una condición como mínimo discutible y por consiguiente una razón más para criticar el despropósito de la falta de diálogo para construir el acuerdo necesario que dote de estabilidad a la decisión de nombrar jueces. 

Una última acotación, el abandono por parte del PP del Congreso en el momento de la votación, no está en ningún caso justificado. Puede considerarse lo que se quiera sobre el procedimiento seguido, pero la elección practicada, el salir del hemiciclo, es la peor de todas, sencillamente porque no conduce a ninguna parte buena, al menos para la ciudadanía.

 

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