Estuve en la misa de desagravio en Somosaguas

El pasado viernes pude participar en la misa de desagravio de la capilla de Somosaguas, en Madrid. Llegué una hora antes de la misa, cuandoya…

El pasado viernes pude participar en la misa de desagravio de la capilla de Somosaguas, en Madrid. Llegué una hora antes de la misa, cuandoya había unas 50 personas en el lugar, la mitad dentro de la capilla. Medio hora despuésya no se cabía: un espacio pensado para unos 60 fieles se abarrotó con 120. Y fuera, unos 600, quizá 700.
"Si no nos dejan entrar, que no convoquen por la radio", se quejaba una señora, que al final consiguió sitio en la capilla. Calculo que unos dos tercios de los asistentes eran estudiantes y jóvenes. El resto eran profesores, personal universitario o jubilados que querían rezar para reparar la profanación.
La ceremonia me recordó las catacumbas. La capilla es un espacio semienterrado, de techo bajo. La misa, con velas, poca luz y tan lleno de gente, y con el ambiente de "persecución"recordaba las celebraciones de cristianos clandestinos, en la Roma del siglo I, o en la China del siglo XXI. Era a la vez intensa, serena y devota. Sin estridencias ni expresiones desentonantes.
De forma paradójica, los manifestantes antisistema que asaltaron la capilla en plena misa hace días, desnudándose de cintura para arriba, gritando eslóganes absurdos y leyendo manifiestos cansinos alrededor del altar, han dado un "toque especial", al lugar: es un sitio que ha sido objeto de "odio a la fe", y que después ha recibido más oración y sacrificio que nunca antes. En la misa muchos se quedaron sin comulgar porque la organizaciónse quedó corta al calcular el número de formas.
Un fruto del asalto a la capilla es que los católicos de la Universidad se han reconocido unos a otros y han ganado en fraternidad y amistad. Al llegar a la capilla, se saludaban y se presentaban unos a otros. "Este es Fulano, de la Facultad de Tal y Cual", introducían unos a otros. "Mucho gusto; bienvenido, hombre". La atomización de cientos de cristianos que iban a misa en días distintos, o a lugares distintos, quedaba superada y se creaba conciencia de comunidad. Nada como una persecución de baja intensidad (persecuciones serias son las de Asia) para avivar la fe.
La ceremonia fue devota dentro y fuera de la capilla. Fuera tenía más mérito, porque la megafonía exteriorera más que pobre. Pero en el momento de la consagración, el silencio fue impresionante, con muchos arrodillados. En la capilla se cantaron canciones de Hermana Glenda ("Sólo hay una cosa importante"), bien acompañadas de guitarra y violín. El oficiante, el obispo César Franco, insistió en remarcar la gravedad de los hechos, y también la importancia del perdón. Y señaló lo absurdo del asalto cuando "existen cauces de diálogo y de debate para manifestar las propias opiniones". “Todos debemos estar atentos y rezar para que estas situaciones, que denigran a quienes las provocan, no vuelvan a suceder”, añadió.

También aventuró que “quizás algunos jóvenes que participaron en estos actos no fuesen plenamente conscientes de lo que hacían, o se dejaron llevar por impulsos irreflexivos de masa, o por otros compañeros que les indujeron a esta acción reprobable. Pidamos por ellos para que reciban la luz de la verdad, se conviertan y vivan en la verdad. Dios es pura e infinita misericordia” y “para que encuentren verdaderos amigos”.

Parece que no fue así, al menos ese día. Esa misma tarde un grupo de antisistemas se dedicaron a colgar carteles groserosen la capilla de Geografía. A los gamberros de gama baja les hacen la ola los profesores e intelectales laicistas. Igual que el movimiento "borroka" en las universidades del País Vasco combina la violencia de los "chavales espontáneos" con la de los intelectuales que les dirigen, en la Complutense y otras universidades se aplica la misma modalidad: el miedo para asustar a unos, y los manifiestos de académicos lacistaspara las charlas de café.
Sim embargo, la juventud católica en Madrid está bastante concienciada. La Misión Joven madrileña de hace pocos años, los actos previos a la JMJ y la vivacidad de los nuevos movimientos mantiene una importante masa de jóvenes católicosactivos, y más en Somosaguas, desde donde se ve Santa María de Caná, la llamada "catedral de Pozuelo", probablemente la parroquia más viva de España.
Ya más de 1.600 personas con vinculación al mundo universitario han firmado la Declaración de Somosaguas ( http://declaraciondesomosaguas.blogspot.com) en la que se pide protección para la libertad religiosa y los sentimientos religiosos en la universidad y que las agresiones no queden impunes. Es otro fruto que demuestra que al catolicismo español,un nivel moderado de persecución le va bien para salir de la modorra. No es que se quiera encarcelar a unos chavales más o menos bobos, pero hay muchas modalidades de sanciones y la sanción es necesaria. El arrepentimiento y las disculpas sin duda serán bien aceptadas y reducirán la sanción.
En la Historia de los Judíos, de Paul Johnson, aprendemos los negrosfrutos de dejar impune la violencia estudiantil, cuando recordamos las agresiones de los estudiantes pro-nazi en los años 20 en Alemania, incluso 10 años antes de llegar al poder. Como explica Johnson:
Lo más siniestro no estuvo tanto en la amenaza de la violencia como en lade la pusilanimidad de las autoridades universitarias que se inclinaron ante ella (…) las propias autoridades jamás adoptaron medidas decididas para frenar la prepotencia estudiantil.Noes que los profesores fuesen pronazis, pero eran enemigos de Weimar y la democracia, y sobre todo se mostraban cobardes frente a actos estudiantiles que ellos sabían que eran condenables, un presagio de la cobardía más general que la nación demostraría después. En consecuencia, los nazis controlaron de modo efectivo los claustros dos o tres años antes de apoderarse del país.
En las universidades deberían repartir estos párrafos de la Historia de los Judíos de Johnson entre alumnos y profesores. Algunos de los grupos agresores declaran en sus webs que "renunciar a la violencia sería antiético", que es, básicamente, asumir la ideología borroka. Lo grave es, como dice Johnson, "la pusilanimidad de las autoridades". Evitemos repetir "la cobardía más general de la nación".
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