Eternidad del infierno

Dice Josep Miró en su artículo sobre Cielo e Infierno, tras muchas cosas sensatas, algo que no lo es tanto: que quizás el Infiern…

Dice Josep Miró en su artículo sobre Cielo e Infierno, tras muchas cosas sensatas, algo que no lo es tanto: que quizás el Infierno no sea eterno (aunque subjetivamente sea interminable). Pero es característico de la Fe católica la creencia en la eternidad del Infierno. Hago un repaso a lo que dicen al respecto algunas revelaciones privadas, a lo que dice la Sagrada Escritura y la Dogmática de la Iglesia tal como vienen recogidas en el Catecismo de la Iglesia Católica. También hago una consideración pastoral sobre el tema del Infierno.

Revelaciones privadas y el Infierno

Fátima

Tras la aparición de la Virgen a los tres pastorcillos, en que éstos vieron el Infierno con almas en el mismo y el llamamiento de María para que con la oración y sacrificios impidamos que muchas almas caigan en el abismo, se produjo un diálogo de Jacinta con Lucía, la mayor de los niños videntes, en que ésta da una interpretación autorizada del mensaje recibido:

Jacinta: ¡Aquella Señora dijo que muchas almas van al Infierno! ¿Y nunca más van a salir de ahí?

Lucía: ¡No!

Jacinta: ¿Incluso después de tantos y tantos años?

Lucía: ¡Sí! ¡El Infierno no acaba nunca!

(Jacinta y Francisco- Predilectos de María, por Juan S. Cla, página 58)

María Valtorta

Esta mística italiana del siglo XX tiene unas locuciones en que habla el Señor Resucitado sobre su bajada al sheol o “infiernos” o lugar de los muertos en general y dice:

“Cuando, sobreabundando de gozo tras la consumación de mi Sacrificio, pude abrir el Limbo a los justos y sacar del Purgatorio a muchísimos justos, me estremecí de horror al contemplar en mi pensamiento que únicamente para el lugar de condenación no habría redención ni mutación de horror. Pero no entré en él. No era justo ni conveniente hacerlo.”

(31-1-1947, en Cuadernos de 1945 a 1950, de María Valtorta)

Otras revelaciones privadas

En otras revelaciones privadas se explica que si los condenados en el Infierno se arrepintieran Dios los perdonaría, pero que –misterio de iniquidad– los condenados están cristalizados, congelados, en el mal y nunca se arrepentirán y por eso la pena es eterna. No es que Dios no continúe amándoles; es que ellos rechazan el amor de Dios en su estado de impenitencia final que han escogido libremente.

Consideración pastoral a propósito de las revelaciones privadas

En otra revelación privada se nos dice que la mayoría de los que ahora están en el Infierno no creían que éste existiera. Esto unido a que el Señor haya querido que niños de corta edad, en Fátima, vieran el Infierno, significa que el conocimiento de que existe el Infierno y de que es eterno resulta saludable, tanto para evitar ir a él nosotros como para hacer lo posible para que otros no caigan en el mismo. Dios no nos habla del Infierno por sadismo, sino para que alcancemos la salud eterna, y vayamos al lugar de la eterna paz y felicidad, evitando caer en el abismo sin fin.

El Infierno en la Sagrada Escritura y en la Dogmática de la Iglesia a través del Catecismo de la Iglesia Católica

Nº 1033 del Catecismo

“Morir en pecado mortal sin estar arrepentido ni acoger el amor misericordioso de Dios, significa permanecer separados de Él para siempre por nuestra propia y libre elección (estado de autoexclusión definitiva)”.

Evangelio: “fuego que nunca se acaba” (Mt 5, 22.29; 13, 42.50; Mc 9, 43-48).

Nº 1034

“Alejaos de mí malditos al fuego eterno” (Mt 25, 41).

Nº 1035

“La enseñanza de la Iglesia afirma la existencia del infierno y su eternidad”.

Dogmática: Cf. DS (Denzinger) 76; 409; 411; 801; 858; 1002; 1351; 1575. Ver también Credo del Pueblo de Dios, de Pablo VI, (12).

“La pena principal del Infierno consiste en la separación eterna de Dios”.

Nº 1861

Muerte eterna del Infierno”.

A modo de conclusión

Así pues, tanto lo que dice la Sagrada Escritura como la Dogmática Católica sobre la eternidad del Infierno, y que recoge autorizadamente el Catecismo, y que viene reforzado o confirmado por muchas revelaciones privadas, hace que no se pueda por parte de un fiel católico poner en duda la eternidad del Infierno.

Por otra parte, la concesión de que el Infierno resulte subjetivamente interminable, aunque no sea objetivamente eterno, está fuera de lugar, ya que más bien se referiría a la experiencia de algo que parece no tener fin en nuestra vida temporal presente, pero que no resulta adecuado para las categorías de la vida eterna, en que propiamente no existe el tiempo, sino que todo es un único presente.

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