Europa, la crisis de nunca acabar: ¿España se hunde?

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Cuando el Partido Popular de la mano de Mariano Rajoy empiece a gobernar, su escenario será poco menos que dantesco. Los expertos de FUNCAS prevén un paro del 22,2% para el 2012, si bien hay que decir que de acuerdo con Eurostat esta tasa de desempleo ya se ha superado, dado que este organismo estadístico de la Unión Europea nos asigna una del 22,8%, más del doble de la media de los países de la zona euro. Aún más grave es la situación del paro juvenil, que llega al 48’9%, mientras que en la eurozona es del 21,4%. Aquí se duplica. Seguro que el nuevo Gobierno adoptará medidas de inmediato y seguro también que buena parte de estas medidas, de una u otra manera, ya han salido a la luz pública, pero la situación es tan grave que es necesaria la aplicación de un programa de choque. En este sentido, hay cinco medidas que difícilmente hoy están contempladas, por razones diversas, que considero que son esenciales por su efecto a corto plazo. Todas ellas van dirigidas a aliviar los costes del endeudamiento al tiempo que se genera más capacidad de gasto por parte de los presupuestos públicos y se hace fluir otra vez el crédito, mientras se mantiene una política racional de reducción de los costes de las Administraciones Públicas.

Estas son las cinco medidas que considero que pueden aplicarse en este sentido:

Una.- La primera va dirigida a un plan de mayor eficacia y racionalidad de los recursos públicos, introduciendo la planificación indicativa. La ola liberal que desde los años ochenta ha llenado los gobiernos y las mentes de muchas personas ha hecho olvidar que la planificación indicativa es un instrumento que permite utilizar mejor los recursos, y no sólo eso sino que, para su mayor claridad en los objetivos y la forma de lograrlo, hace posible una mayor participación de la sociedad civil. El plan Brasil, aplicado al desarrollo de este país, al margen de las actuaciones del propio gobierno, ha tenido un efecto beneficioso al generar estados de opinión entre los sectores más emprendedores en la línea de quedar convencidos de que, efectivamente, Brasil podía hacer el salto y de esta manera incentivar las iniciativas de desarrollo. Es un absurdo que toda gran empresa tenga necesariamente un plan, pero no que lo haga la Administración Pública, el Gobierno Español y los Gobiernos Autonómicos, que tienen programas de gobierno más o menos definidos, pero esto no es una planificación indicativa ni cumple con sus exigencias.

Dos.- Reducir de forma sustancial el coste de la Seguridad Social que paga la empresa. Sustancial significa rebajarlo ocho, diez puntos, incluso más. Evidentemente provocará una merma de los ingresos de la Seguridad Social, pero dada nuestra pésima situación, donde el trabajo en negro es tan generalizado, está por ver que el nuevo empleo creado por la medida no compense sobradamente esta disminución de los ingresos. Más aún cuando una parte de los de ellos ya proceden de los propios presupuestos del Estado, a través de la cuota de la Seguridad Social de la gente parada con subsidio de desempleo. Si la medida no fuera capaz de autoequilibrarse habría que acudir a un incremento modesto del IVA, de un punto, por ejemplo. El aumento de este impuesto debe estar estrictamente ligado a medidas que fomenten el empleo, lo contrario sería muy contraproducente. La reducción de los costes de la Seguridad Social ya fue empleada por Alemania con éxito cuando este país estaba en crisis.

Tres.- El empréstito solidario de acuerdo con los ingresos reales. Se trata de que cada persona preste de una manera proporcional a sus ingresos reales, por lo tanto no guiándose sólo por el IRPF, y aporte una determinada cantidad al Estado, que le sería devuelta al cabo de dos años con el interés que compensara la inflación más una pequeña compensación de un cuarto o de medio punto de interés. Sería una forma obligada de que una minúscula parte del ahorro pasara a manos del Estado, lo remunerara, lo devolviera, pero que, al mismo tiempo, lograra con este dinero aligerar el coste del endeudamiento de una manera muy sustancial. Actualmente el ahorro está situado en una cifra importante, del orden del 13%, mucho más que antes de la crisis, pero menos que en 2010. La vía del empréstito, perfectamente conocida por la ortodoxia económica, tiene sentido en casos extraordinarios de emergencia. Pero, precisamente, es uno de esos casos lo que estamos viviendo.

Cuatro.- Reducir el coste de las Administraciones Públicas afectando lo mínimo a la prestación finalista del servicio, a base de situar el foco en los costes de gestión internos de la propia Administración. Esta medida debería verse complementada por otras dos en la misma línea. Aplicar el principio de subsidiariedad transfiriendo servicios a la iniciativa social, garantizando su calidad y buscando un menor coste. Esto es posible en todos aquellos casos en que los costes de intermediación de la iniciativa social son menores que los de la Administración, por ejemplo, en el terreno de las prestaciones de los servicios sociales. Este es un ámbito donde la reducción es clara, pero seguro que hay más. Explorar esta línea en el campo de la enseñanza abriría también un nuevo capítulo en el ámbito de la libertad y autonomía de los centros. La tercera medida sería suprimir o fusionar los ‘quangos’, organismos cuasigubernamentales, de una manera sustancial.

Cinco.- Articular el ahorro privado, que es importante, para que pueda acudir a las empresas que se encuentran en situación de viabilidad, pero que ven estranguladas sus posibilidades de solicitar crédito por la situación de los bancos. Esta función es la clásica y primordial del sistema financiero, pero hoy los bancos, debido a sus dificultades internas, son incapaces de llevarla a cabo y constituyen parte del problema y no la solución. Las Administraciones Públicas deben ser capaces de establecer mecanismos que, temporalmente, ejerzan esta actividad de conectar el ahorro con el crédito, con carácter de suplencia y de complementariedad.

Josep Miró i Ardèvol, presidente de E-Cristians y miembro del Consejo Pontificio para los Laicos

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