Eurovisión, un montaje político

Gano Ucrania gracias a los votos de los jurados nacionales, pero la canción rusa conquistó de largo el televoto del público. En el trasfondo, el rechazo a las políticas de Putin y la presión del homosexualismo político

Jamala le ganó la partida a Serguéi Lázarev, pero el ruso conquistó al gran público Jamala le ganó la partida a Serguéi Lázarev, pero el ruso conquistó al gran público

Por si había alguna duda, el Festival de Eurovisión 2016, celebrado el pasado sábado, 14 de mayo, ha dejado constancia de algo que hace años advierten los expertos y la mayoría de medios de comunicación: que es un montaje político supeditado a los intereses de los países con más influencia.

En esta ocasión ganó Ucrania porque tenía que ganar. Así lo decidieron los jurados nacionales de los diferentes países con el nuevo sistema de votación, en el que se suman esos votos a los de quienes solo se basan en la calidad y preferencia musical: el televoto del gran público, al que la canción rusa conquistó de largo.

En el trasfondo de todo este embrollo, el rechazo de Occidente a las políticas del presidente ruso, Vladimir Putin, y la presión del homosexualismo político, que ha conseguido que la bandera arcoíris LGBT sea la única ajena al festival que ondee entre el resto de enseñas que representan a los 26 países participantes. Pero, vayamos a los detalles.

La consigna, Rusia no puede ganar

Una primera cuestión a destacar es que, a priori, la canción interpretada por el ruso Serguéi Lázarev, You are the only one, contaba con el apoyo unánime de la crítica y era la favorita para ganar Eurovisión. Así lo constataban todas las casas de apuestas.

En esas previsiones, la lucha por el primer puesto estaba entre Australia o Rusia, con preferencia incluso de la canción que representaba a este último país.

Sin embargo, como respondiendo a una consigna, la de que Rusia no podía ganar, el nuevo sistema de votación dio un vuelco en relación a lo que estaba cantado.

Primero se hicieron públicos los votos otorgados por los supuestos “expertos” de los jurados nacionales, donde se hizo evidente que en Eurovisión, de neutralidad, nada de nada.

A continuación se mostraron los resultados de los televotos, que acabaron por situar a Ucrania en primer lugar, con 534 puntos. Por detrás quedaban Australia, con 511; y Rusia, con 491 puntos.

Además, la canción ganadora, 1944, interpretada por Jamala, que habla sobre la deportación del pueblo tártaro a manos del gobierno de Stalin, ha sido criticada por el hecho de que en Eurovisión no están permitidas las canciones cuya temática sea política.

Hasta tal punto la lógica del resultado se ha visto alterada que un total de 307.162 firmantes han respaldado la petición de un ciudadano armenio en Change.org, en la que denuncia que la victoria de Ucrania este año en Eurovisión “no es justa”, y por ello solicita que “se revisen los resultados“.

De esta forma, Arthur Hovhannisyan se ha dirigido a la Unión Europea de Radiodifusión (UER) y a la organización del festival celebrado el pasado sábado en Estocolmo (Suecia) para trasladarles que “hay mucha gente que cree que Rusia o Australia tendría que haber ganado“.

La excepción arcoíris

Por otra parte, la sombra de la politización que se ha dejado ver en la votación de los “expertos” de cada país tiene sentido desde la perspectiva LGBT, teniendo en cuenta la presión que el homosexualismo político ha hecho de forma negativa sobre la Rusia de Putin, opuesta al llamado ‘matrimonio’ homosexual y todo lo que de él se derive.

Cabe recordar que la bandera arcoíris es la única excepción a la norma que el Eurofestival dicta en cuanto a las enseñas que pueden ondear en Eurovisión, es decir solo las de los 26 países participantes y la de la propia UE. Esta excepción LGBT en Eurovisión tiene su origen en el hecho de que, por primera vez también, el festival ha sido emitido en Estados Unidos de la mano de la cadena Logo, dirigida a la comunidad de lesbianas, gays, bisexuales y transexuales.

De hecho, las cámaras que filmaban Eurovisión tuvieron muy en cuenta en todo momento enfocar la bandera arcoíris y el público gay que se congregaba ante ella.

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Una deriva peligrosa

Pero, en unos momentos en los que la situación geopolítica en la zona donde Rusia y Ucrania tienen un conflicto de intereses se está internacionalizando, con Estados Unidos apoyando a este último, manipular también la participación de estos dos estados en el festival, que llega a más de 200 millones de espectadores, no ayuda precisamente al buen entendimiento.

Por una parte, Rusia, que ha mostrado su enfado por la politización de Eurovisión, advierte sobre el voltaje que se podría alcanzar en la próxima edición en Kiev.

El vicepresidente de la comisión de defensa del Senado ruso, Franz Kintsevich, ya ha declarado que Rusia no debería participar porque “los organizadores ucranianos sudarán sangre para politizarlo al máximo”.

Al mismo tiempo, cabe recordar que las relaciones entre Estados Unidos y Rusia no pasan por su mejor momento. El último tropiezo ha tenido su razón de ser con la activación del escudo antimisiles que los estadounidenses tienen en Rumania. Las obras del sistema en Polonia se iniciaron el pasado viernes.

Así, aunque la OTAN asegura que en ningún momento se han planteado utilizarlo contra Rusia, la actitud no es de lo más alentadora: “seguiremos enforteciendo el sistema para que los miembros de la alianza no se sientan amenazados”, declaró recientemente su secretario general, Jens Stoltenberg. Y la UE está involucrada justo en medio de ese conflicto.

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One comment

  1. 1

    ¡Qué tiempos aquéllos cuando lo que importaba en el festival de la canción era la canción! De Serrat (que le dio toque político) en adelante, empezó la degradación. (Para los que no saben: Serrat se negó a cantar La La La en castellano, a pesar de que las reglas prescritas –que él conocía en el momento de su inscipción– así lo determinaban. Pero cuando le ofrecieron un contrato adicionado con regalías para grabar en castellano, no puso reparos.)

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