Eutanasia: Ramón Sampedro no tuvo “una muerte digna”

La presión que determinados grupos interesados en legalizar la eutanasia están realizando últimamente, aprovechando el “tirón” de la película de Amena…

La presión que determinados grupos interesados en legalizar la eutanasia están realizando últimamente, aprovechando el “tirón” de la película de Amenabar Mar adentro, se ha estrellado contra la rotunda evidencia que revelan las últimas declaraciones de la mujer que ayudó a morir a Ramón Sampedro. Según manifestaba Ramona Maneiro este lunes, 10 de enero, el cianuro que ella misma proporcionó al tetrapléjico no le ofreció “la muerte ideal de la que él tanto hablaba”. 

Además, en los últimos instantes de su vida y debido al intenso sufrimiento que padecía el tetrapléjico gallego, Maneiro no tuvo entereza para permanecer en la habitación durante la agonía y se fue al cuarto de baño, con lo que Sampedro no murió acompañado. Estamos ante un ejemplo de lo que es la eutanasia: mientras se presenta como algo positivo, la persona que ayuda a morir es incapaz de contemplar la muerte que provoca.

Cuando se cumplen 7 años del suicidio asistido del tetrapléjico más mediático en España, la mujer que “por amor” le ayudó a morir ha decidido presentarse en un plató de televisión, en El programa de Ana Rosa, de Tele 5, para aclarar su participación en aquellos hechos. Maneiro, que mantuvo una estrecha relación con Sampedro en los últimos meses de su vida, ha confesado que fue ella quien le suministró la dosis mortal de cianuro que acabó con su vida. Ella fue también quien puso en marcha la cámara de vídeo que registró las últimas palabras y la intensa agonía que padeció el tetrapléjico antes de morir. 

“Fui sus manos”

Después de dejar constancia de que todo lo hizo por amor, la compañera sentimental de Sampedro relataba así el momento en que, protegidas por unos guantes, sus manos facilitaban el potente veneno al tetrapléjico: “Hice una serie de reparticiones con el cianuro, cogí el vaso con la cantidad de agua y de cianuro que él me decía, le puse la pajita donde él quería. Y me quedé allí detrás de la cámara”. También aseguraba que todo lo hizo siguiendo sus instrucciones: “El me iba dirigiendo, fui sus manos… Yo soy la única persona que le puso el vaso y la mala de la película, pero me da igual”. Durante ese proceso, según Maneiro, Ramón “me dijo una cosa importante, que cuando él acabara de beber no le diera ningún beso”, por temor a que ella probara el cianuro en sus labios.

Muerte digna, deseo incumplido

Ramón Sampedro quiso dejar grabada en vídeo la escena de su muerte para demostrar que las personas que lo ayudaron en su empeño se limitaron a cumplir con su voluntad de morir. Al mismo tiempo, quería asegurarse de que quedara un testimonio gráfico que sirviera de alegato a la legalización de la eutanasia, un objetivo pretendido también ahora por Maneiro con sus declaraciones. Sin embargo, lo que había de representar un ejemplo de muerte digna se ha convertido en todo lo contrario. La muerte de Sampedro ni fue digna, ni estuvo exenta de sufrimiento, y ni tan siquiera pudo estar acompañado en los últimos instantes de su vida. 

“Yo estaba detrás de la cámara, y hasta que me miró, hasta que nos miramos, estuve allí. Pensaba que al cerrar los ojos se dormiría, como siempre pensó. No sé quién le aconsejó”, relataba Maneiro en referencia al sistema elegido para morir. “Me tuve que escapar al cuarto de baño. Cuando cerró los ojos y ya dejó de mirarme, esperé un ratito y yo no podía soportarlo. De hecho dijeron que se oían unos gemidos o algo (en el vídeo). Yo lo único que le decía era ‘hasta luego, cariño’ y cosas así”, concluía la mujer que le acompañó en esos últimos instantes.

Un delito prescrito

La mujer que ahora ha confesado ser la responsable de facilitar el cianuro a Sampedro llegó a ser detenida en 1998, en los días que siguieron a la muerte del tetrapléjico. Sin embargo, los cargos que habían contra ella no prosperaron y el delito de cooperación al suicidio en el que podía haber incurrido, castigado en el Código Civil con penas de hasta 5 años de cárcel, se desvaneció por completo. Un delito que ahora ya ha prescrito y que ha decidido a Ramona Maneiro a hacer estas declaraciones en televisión.

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