¿Excelencia en la apologética?

Hace poco leía a un buen amigo, apologista católico incansable, que con justicia se preguntaba si nosotros, los laicos que tratamos de d…

Hace poco leía a un buen amigo, apologista católico incansable, que con justicia se preguntaba si nosotros, los laicos que tratamos de defender la fe en el internet y en los medios, vamos a recibir algún día un poco de aliento de parte de la Iglesia [este artículo lo publicó ForumLibertas AQUÍ].

El aliento sería magnífico y un poco de apoyo material no sería mal recibido tampoco aunque no soy yo la persona más indicada para hablar de eso ya que, al presente, recibo mi salario de una organización sin fines de lucro que se sostiene por medio de la caridad pública. Aquí en los Estados Unidos hay varias instituciones semi-eclesiásticas como Santa Cruz Media, Ignatius Press, o la Red de la Palabra Eterna (EWTN) que producen todo tipo de material audiovisual, programas de radio y televisión, libros y cursos de evangelización, etc.

La Iglesia, o más localmente el Episcopado, no apoya directamente ninguna de estas iniciativas que son sostenidas por los laicos americanos que donan pequeñas sumas, en su mayor parte, para ayudar a las causas con las que se sienten identificados. El presupuesto de EWTN es de unos dos millones dólares mensuales, una verdadera pitanza cuando se considera que transmite su señal al mundo entero a más de 1.000 millones de televidentes sin necesidad de vender tiempo a comerciales.

Mil ministros protestantes, "vuelven al hogar" católico

El ministerio para el cual trabajo, The Coming Home Network ( http://www.chnetwork.org/), ha ayudado a recibir más de mil ministros protestantes en sus trece años de vida. Adicionalmente ha guiado a incontables (miles) de laicos a entrar a la Iglesia católica.

La financiación de ambos ministerios corre por cuenta de los laicos católicos americanos que hasta ahora no han fallado en dar gloria a Dios por medio de proveernos los fondos necesarios. Es imposible no sentirse muy humilde al abrir un sobre y encontrar cinco dólares enviados por un anciano o un niño que quieren ayudar a la causa del Evangelio. En mi caso, esas experiencias me estimulan a trabajar más duro y a usar mi tiempo bien: la blanca de la viuda es el dinero que Dios más aprecia, nosotros no podemos ser menos.

Algunas veces he escuchado por ahí que Scott Hahn, Marcus Grodi o Steve Ray son en realidad grandes empresarios de la Nueva Evangelización. Tengo el agrado de conocer a varios de esta camada de conversos que ahora evangelizan para la Iglesia en América y les puedo asegurar que ninguno de ellos es millonario, de hecho puedo dar testimonio de más de un tiempo de aprieto por el que estos buenos hombres y mujeres pasan para servir a Cristo.

Más de uno de ellos estaría en una posición mucho mejor si se hubieran quedado protestantes. Más de uno de ellos recibe duros ataques de católicos que simplemente les envidian la popularidad que tienen sin saber los dolores que vienen con ella.

Las piedras claman

En el primer Domingo de Ramos, los fariseos le pidieron a Cristo que hiciera callar los Hossanas que sus discípulos gritaban vitoreándolo en su entrada a Jerusalén. “Si estos no gritaran, las piedras clamarían” contestó Jesús misteriosamente (Lucas 19, 40). A veces me pregunto si el marcado silencio de la Iglesia ante el proselitismo protestante del siglo XX no ha ofendido a Dios.

De otra manera no me explico la larga lista de conversos protestantes que están inundando el universo católico con todo tipo de obras y ministerios de apologética. Nosotros que estábamos muertos como piedras estamos haciendo el trabajo que la Iglesia se olvidó de hacer.

Para muchos conversos que vienen del protestantismo, el catolicismo significa "profundizar en la historia, en la Escritura y en Cristo"

Sin querer por esto ponerme de ejemplo, recuerdo que yo mismo me catequizé solo. Al tiempo que pude conectarme con un sacerdote que tuviera tiempo de atenderme ya había estudiado y aceptado todas las doctrinas esenciales del catolicismo y creo que me hubiera bautizado solo si eso hubiera sido posible. Gracias a Dios, dos sacerdotes “del internet”, el Padre Daniel Gagnon y el Padre Juan Carlos Sack me dieron una mano y me acercaron a la pila bautismal.

Luego, casi sin querer, vinieron las preguntas, al principio unas pocas, luego verdaderas andanadas de mensajes, llamadas, visitas de amigos y hasta desconocidos que querían saber de mi conversión. Eso me llevó a crear una página en la red www.voxfidei.com mayormente porque ya me estaba cansando de explicar las mismas cosas vez tras vez y era más fácil publicarlas una vez y que quedaran allí para futura referencia. Nunca me imaginé, seis años atrás, que esa inocente iniciativa iba a ser el principio de una nueva carrera.

Ya pasados los cincuenta he comenzado de nuevo, atendiendo a conversos y educando a católicos para que puedan defender la fe y ayudar a otros a entrar a la Iglesia de las Edades, la Santa Iglesia Católica. Y así estoy hoy, trabajando en radio y en televisión, escribiendo, educando, orando y abriendo las puertas a otros para que puedan compartir este tesoro de la fe.

Quienes me conocen desde hace muchos años pueden dar testimonio de que soy una de esas piedras que claman, no por derecho propio sino porque Dios nos impulsa a hacer lo que tantos que nacieron católicos no están dispuestos a hacer. Dios los está llamando a celos como lo hizo con Israel en el primer siglo (Romanos 11, 11).

Es la hora de la excelencia (con perdón)

En el caso de nuestro continente cultural hispano, las cosas podrían estar un poco mejor en lo que toca a dispersar y hacer conocer la fe católica. Hay muchas páginas en la red, muchas publicaciones en los medios y algunos intentos de llevar la defensa de la fe a la radio y la televisión. Tenemos que orar para que esos intentos fructifiquen y para que vengan personas capacitadas a ocuparse de la viña del Señor.

El obvio ejemplo, al menos en su versión de habla inglesa, es EWTN(web en español: http://www.ewtn.com/spanish)la obra de la Madre Angélica. Le sigue a un paso de distancia la obra del Padre Fessio, Ignatius Press (http://www.ignatiusinsight.com/). Estos dos casos de excelencia mediática deben ser imitados.

Como tenemos la costumbre de imitar todo lo que sea norteamericano, no debiera costarnos mucho esfuerzo. Solo que esta vez, en vez de imitar vicios podemos imitar virtudes, que los americanos las tienen y muchas, como ser excelencia en la producción y dedicación al trabajo, tenacidad y confianza en la Divina Providencia. Muchos de los esfuerzos católicos en la red dan resultados excelentes, otros no tanto.

Tenemos esas páginas de acumulación donde se mezcla material sin ton ni son hasta el punto en que se alcanza esa paradoja—bien apuntada por Umberto Eco—de la superabundancia de información que termina siendo lo mismo que la ausencia de información. Si debo navegar un índice de cien líneas para hallar un tema, hay algo que falla. Si cuando llego a la página en la que se analiza la sucesión apostólica me encuentro con una foto de las bailarinas del Bolshoi o de una manada de elefantes… hay dos cosas fundamentales que suceden: surgen dudas sobre la coherencia del contenido o sobre la profesionalidad del editor.

La integridad del mensaje católico

La coherencia a veces pasa por la integridad de los que publican o promocionan el mensaje. No hace mucho, un conocido mensuario americano de corte católico se vió expuesto al escándalo por la repetida inconducta sexual de uno de sus directores. El mensaje y la revista sufrieron horrores y eventualmente superaron el mal rato. La lección es una: si no estás seguro de que puedes mantener una conducta digna o te precede una fama dudosa; arregla esas cosas antes de lanzarte a defender la fe en público. Cristo mismo silenció a cierto espíritu maligno que sin embargo daba testimonio de que Él era el Mesías (Lucas 4, 34-35).

De los que desobedecen al Magisterio de la Iglesia y pretenden hacerse pasar por católicos tenemos unos cuantos. Nos hacen la prédica con ciertos asuntos selectos que generalmente tienen que ver con temas morales o defensas de la fe en general. Eso es usado como una cápsula para promover opiniones cismáticas entre los católicos fieles al Magisterio y al Santo Padre. No me han faltado encuentros con alguno de esos. No es necesario ser perfecto para ser apologista pero si es necesario un mínimo de decencia pública y un cien por ciento de obediencia a la enseñanza católica.

¿Estoy pidiendo demasiado? Todo eso se puede agrupar en una sola palabra: “excelencia” que es todo lo contrario de chapucería, improvisación, infidelidad o mala información.

No es imposible: si una hermana de claustro pasada su mediana edad puede producir EWTN y rescatar para Dios miles de almas, bien podemos nosotros hacer una buena página web o escribir apologética decente, buscar la ilustración adecuada, maximizar el efecto evangelizador de lo que publicamos… ¡Vamos! que no nos están pidiendo morir martirizados en el circo romano.

Volviendo al principio

Yo sé que toda esta prédica puede caer en saco roto. Predico porque soy bastante caradura. Predico en contra de la práctica constante de la chapucería y no en contra de las inevitables imperfecciones eventuales. Predico en contra de los que se encogen de hombros y siguen en lo mismo aunque saben muy bien que está mal hecho.

Nos propondremos la excelencia y la lograremos en algunos frentes, pero fracasaremos miserablemente en otros. De todos modos creo que Cristo irá supliendo lo que nos falta y cuando fallemos propongámonos no fallar de nuevo. Nada nos impide escuchar los consejos de gente más capacitada, dándoles las gracias por mejorarnos y por haber tomado nota de nuestros defectos. De hecho debiéramos buscar la crítica cualificada más bien que el aplauso.

En este oficio de reflejar a Cristo en todo lo que hacemos, buscando la excelencia, la Iglesia nos ha dejado ejemplos de muy buena prédica.

Parafraseando a San Josemaría Escrivá: “el trabajo, todo trabajo, desde el más material hasta el más intelectual, no es cuestión económica, ni sociológica, sino antropológica. Los trabajos deben corresponder a una auténtica vocación profesional, que exige preparación y dotes muy específicas, para que puedan recibir el calificativo de excelentes. No hay que darlo por supuesto: hay que aprender las cosas y a hacerlas bien.”

Da mucha alegría ver como ex-protestantes y católicos de nacimiento defienden la fe en el internet. Mi propuesta es que hagamos de la comunidad hispana en red una comunidad de excelencia sin par, que demos gloria a Dios con intervenciones mediáticas que rescaten la cultura entera para el catolicismo.

Esto no es pretencioso ni arrogante: ¡si ha sido la comunidad católica la que creó la cultura occidental! Basta ver como la cultura se ha vulgarizado bajo el secularismo para entender que tarde o temprano la tendremos que construir de nuevo. ¿Por qué no empezar ahora? ¿Por qué no empezar en este rincón de la viña que nos ha dado Dios? Si vamos a defender la fe, consideremos el “todo” de esta tarea, enfrentemos la jornada con dignidad, con seriedad, con fe y con el deseo de hacer lo mejor que nuestras pobres manos puedan hacer.

Tenemos el ejemplo de buena gente como Scott Hahn, Marcus Grodi, Steve Ray, Bruce Sullivan, Doug Keck, el Padre Fessio, la Madre Angélica y tantos otros que han demostrado a todas luces que cuando uno se propone la excelencia, Dios suple lo necesario para lograrla. Si no creemos al menos eso, estamos en el trabajo equivocado.

Llegándose el que había recibido cinco talentos, presentó otros cinco, diciendo: "Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes otros cinco que he ganado." Su señor le dijo: "¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor." (Mateo 25, 20-21)

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