Éxito económico de Irlanda: un modelo para España

Irlanda, con tan sólo 4 millones de habitantes, ha protagonizado en los últimos años un vuelco espectacular en su economía hasta el punto de convertir…

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Irlanda, con tan sólo 4 millones de habitantes, ha protagonizado en los últimos años un vuelco espectacular en su economía hasta el punto de convertirse en un modelo de referencia en la Unión Europea (UE). Los ejes de este espectacular salto a la primera línea de la economía europea están basados en su intensa convicción católica, que ha facilitado un buen nivel de demografía; en el generoso gasto público en educación, con un considerable aumento de la oferta de profesionales jóvenes con un alto nivel profesionalidad; y un más que moderado impuesto de sociedades o sobre beneficios para las empresas, que ha eclipsado uno de los problemas que afectan a algunos países europeos, entre ellos España: la deslocalización. En este sentido, las claves del éxito económico de Irlanda no dejan de ser un buen ejemplo a imitar para el Gobierno español.

Datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) facilitan algunas pistas comparativas que inciden en el hecho de que el modelo irlandés sea un referente para España. La tasa de crecimiento de la riqueza acumulada entre 1995 y 2003 fue de un 84,3 por ciento para Irlanda, frente a un 29,6 de España. La productividad o ritmo de crecimiento acumulado ha sido de un 32,9 por ciento para Irlanda y, el de España, tan sólo de un 5,6 por ciento. En empleo, el crecimiento irlandés raya el 38,6 por ciento, mientras que el español es del 22,6 por ciento. Por otra parte, según el informe IMD – World Competitiveness Yearbook de 2003, el porcentaje de la población irlandesa de entre 25 y 34 años con estudios superiores, casi un 50 por ciento, es superior al de Estados Unidos, Bélgica, Francia, Reino Unido, Alemania y, por supuesto, España.

Arraigado catolicismo: demografía joven

Irlanda es un país de mayoría católica y tiene el nivel de religiosidad más alto de Europa, después de Polonia. Este hecho incide en unas pautas de comportamiento que facilitan un enorme capital humano y convierten a Irlanda en un país joven, con un buen nivel demográfico. Las políticas de ayuda a la familia se han traducido en una media elevada de hijos por familia, hasta conseguir una población menor de 25 años que alcanza el 38 por ciento de la población irlandesa.

Con una demografía tan joven, el Estado, en lugar de gastar en pensiones, puede invertir en educación. El Gobierno irlandés ha apostado por la educación y, así, si comparamos sus inversiones con las españolas el resultado es el siguiente: En educación Primaria y Secundaria Irlanda invierte un 9,3 por ciento del PIB, comparado con el 7,8 que invierte España. En estudios superiores, la inversión de Irlanda es del 4,1 del PIB, frente a un 2,4 de España.

Evitar la deslocalización

Desde su ingreso en 1973 en la UE, el despegue económico de Irlanda y las generosas condiciones que ofrece para la captación de industrias han facilitado el interés de cientos de multinacionales para invertir en un país que en 2003 registró el mayor crecimiento en Europa (19 por ciento). Así, si comparamos los porcentajes del impuesto de sociedades o sobre beneficios del 2003 encontramos que mientras España está en un 35,26 por ciento, Irlanda baja hasta el 12,50 por ciento. Unas cifras que dicen mucho a favor de la política de presión fiscal a las empresas de Irlanda, y muy poco en lo que respecta a los impuestos que tienen que pagar las empresas instaladas en España. Buena muestra de ello es el fenómeno de deslocalización que se está produciendo en los últimos años en muchas regiones de la geografía española.

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