Experimentos fuera de la ética: Izpisúa quiere fusionar humanos con ratones

Los detractores de la Oriana Fallaci defensora de la vida humana desde el momento de la fecundación, que la acusaban de catastrofista por asegurar que…

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Los detractores de la Oriana Fallaci defensora de la vida humana desde el momento de la fecundación, que la acusaban de catastrofista por asegurar que las investigaciones con embriones son propias del doctor Frankenstein, tienen sobrados motivos para guardar silencio. El investigador Juan Carlos Izpisúa, director del Centro de Medicina Regenerativa de Barcelona, acaba de anunciar que implantará células madre de embriones humanos en ratones, dentro de lo que es la primera investigación realizada en España en que se fusionarán células humanas con las de otra especie animal.

 

El proyecto, que fue aprobado hace un par de semanas por la Comisión de Seguimiento y Control de la Donación y Utilización de Células y Tejidos Humanos, responsable de controlar las propuestas de Investigación en España, ha dado sus primeros pasos con la descongelación, el pasado 11 de julio, de seis embriones humanos procedentes del Instituto Dexeus. En total le han sido cedidos 140 embriones desde el Banco de Células Madre, institución creada en Catalunya y cuya responsable es Anna Veiga.

 

Lejos de toda ética y cerca de la clonación

 

Según Izpisúa, los experimentos que se llevarán a cabo en el centro que dirige, fuera de toda ética y con algo más que fundadas dudas sobre su legalidad, tienen como objetivo averiguar si las células implantadas son capaces de convertirse en cualquier tipo de tejido.

 

“El ensayo consistirá en coger células madre humanas que se trasplantarán a un embrión de ratón para comprobar si esas células contribuyen al crecimiento del conjunto del embrión, es decir, si son pluripotenciales”, explica Izpisúa.

 

El propio investigador reconoce la permisividad de las autoridades españolas cuando asegura, en un artículo publicado por el diario EL MUNDO, que en la mayoría de países estos ensayos experimentales serían imposibles de realizar por problemas de tipo ético. “No se trata de crear un híbrido, porque sólo se trasplantarán unas células a otras, sin dejar en ningún caso que nazca un ratón… Además, nunca llegaría a tener una estructura humana, de igual modo que cuando se trasplantaron genes humanos a una mosca, lo que nació fue una mosca”, justifica.

 

Sin embargo, este tipo de experimentaciones no dejan de ser una puerta abierta a la clonación reproductiva y no están contempladas específicamente en ninguna ley española.

 

Para regeneración cardiaca, las adultas

 

Por otra parte, el investigador añade que, una vez que se compruebe si efectivamente las células madre de embriones humanos son pluripotenciales, se intentarán diferenciar células de tejido cardíaco. “Pero ese es el paso siguiente”, precisó Izpisúa, quien anunció que esa parte del experimento la realizará en el Instituto Salk de California.

 

El primero de los objetivos de estos ensayos es obtener en laboratorio células cardiacas que permitan regenerar corazones infartados. Ahora bien, cabe preguntarse qué sentido tiene eliminar embriones humanos para conseguir algo que ya hace tres años se está llevando a cabo, usando células estaminales adultas, en diferentes hospitales españoles, entre ellos la Clínica Universitaria de Navarra, pionera en aplicar este tipo de técnicas.

 

En estas intervenciones, que permiten regenerar el tejido dañado tras un infarto, se inyectan células madre obtenidas de tejido adulto del propio paciente en la zona afectada. Previamente, las células han sido sometidas a cultivo en laboratorio. Los resultados de las más de una docena de intervenciones, de las que ForumLibertas.com tiene conocimiento y se ha hecho eco puntualmente, son que esas personas caminan totalmente recuperadas por las calles de diferentes ciudades españolas.

 

Investigadores que no creen en lo que hacen

 

Otro aspecto que cuestiona el porqué de estos experimentos con embriones es el hecho de que muchos de los científicos que realizan ensayos de estas características no confían en obtener resultados, en muchos casos, ni a largo plazo. El propio Izpisúa asegura en este caso que el objetivo propuesto “no es nada sencillo”, porque de las 10.000 líneas celulares de ratón que existen en el mundo sólo siete u ocho son capaces de diferenciarse en tejidos, mientras que de seres humanos se calcula que hay una veintena. “Puede que ninguna de ellas funcione”, sentencia el investigador.

 

En declaraciones anteriores, además, Izpisúa también ha reconocido que todavía “estamos lejos” de poder usar células madre embrionarias para curar enfermedades como el Parkinson. “Implantar este tipo de células en un enfermo le puede provocar cáncer”, porque “no sabemos cómo actúan una vez introducidas en el cuerpo humano”, advirtió en esas declaraciones realizadas en febrero pasado.

 

El dinero, del bolsillo de los ciudadanos

 

Pese a los fracasos obtenidos hasta ahora y los que se auguran, el Centro de Medicina Regenerativa contará con 18 millones de euros de inversión pública para los próximos cuatro años, una cantidad que su director espera incrementar con aportaciones privadas. Sin embargo, el capital privado parece no estar por la labor, a excepción hecha de aquellas multinacionales que ven en estas investigaciones, de cara a futuras clonaciones, el negocio del siglo. Tal como publicaba LA VANGUARDIA el pasado 10 de julio, “la iniciativa privada se muestra remisa a sumarse al patrocinio del Centro de Investigación de Medicina Regenerativa de Barcelona”.

 

Al mismo tiempo, cientos de científicos que respaldan la investigación con células estaminales embrionarias, reunidos en California a finales de junio, admitieron que este tipo de estudios no han progresado mucho y que están perdiendo millones al tratar de perfeccionar sus polémicos experimentos. Esta realidad está haciendo que las empresas privadas que han estado aportando dinero para los experimentos con embriones se estén cuestionando si están haciendo lo correcto.

 

Ante todo lo expuesto, habría que preguntarse si merece la pena seguir destruyendo embriones para investigaciones que no dan resultados y que, en algunos de sus objetivos, han sido superadas por los estudios con células madre adultas, que sí han dado algunos resultados terapéuticos positivos.

 

Recuperando las reflexiones de Oriana Fallaci, no es justo que para poder optar a la clonación se destruyan “a nuestros hijos jamás nacidos, a nuestros futuros nosotros mismos, a los embriones humanos que duermen en los congeladores de los bancos o de los institutos de investigación. Masacrándolos, reduciéndolos a fármacos para inyectarse o tragar o, incluso, haciéndolos crecer lo suficiente para matarlos como se mata un ternero o un cordero y extraerles los tejidos y órganos para venderlos como se venden las piezas de recambio de un coche”.  

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