Familia, no dimitas: una batalla pacífica y sincera

“Conviene hacer realmente todos los esfuerzos posibles para que la familia sea reconocida como sociedad primordial y, en cierto modo, soberana.” Juan …

“Conviene hacer realmente todos los esfuerzos posibles
para que la familia sea reconocida como sociedad primordial
y, en cierto modo, soberana.”
Juan Pablo II
 

Este fin de semana he tenido el privilegio de poder participar en el  Congreso Internacional sobre Familia y Sociedad,  organizado por el Instituto Superior de la Familia, que se ha celebrado en Barcelona.
 
Durante tres días, expertos de renombre internacional han presentado, a los más de trescientos participantes, diversos estudios para analizar el estado actual de la familia, su problemática,  sus dificultades, y  buscando soluciones efectivas de apoyo a la familia puesto que, como repetía Juan Pablo II : "El futuro de la humanidad se fragua en la familia." 

 
Es verdad que la problemática con la que nos enfrentamos  deja mucho que desear: descenso imparable de la natalidad que imposibilita un correcto cambio generacional  y convierte a Europa en un continente cada día más viejo, maternidad tardía, descenso de matrimonios, aumento de abortos (sólo en Europa se asesina  a un no-nacido cada 25 segundos), aumento de divorcios, aumento de los hijos nacidos fuera del matrimonio, violencia doméstica galopante y un largo etcétera nefasto para la buena salud de la sociedad.
 
Es verdad que las cifras son devastadoras, como podemos observar en el Informe  sobre la Evolución  de la Familia en Europa 2008 [ http://www.ipfe.org/Informe_Evolucion_Familia_Europa_2008_def_esp.pdf ]  , presentado recientemente por el Instituto de Política Familiar (IPF) en el Parlamento Europeo.
 
Pero también, es verdad que estos datos  no pueden dejarnos  con los brazos cruzados. Construir la familia es posible. Sólo nos falta recobrar la confianza en la familia y defender a la familia desde la familia.

Para ello, es verdad, que muchas veces necesitaremos presentar una batalla pacífica y sincera  ante los ataques deliberados  de los que pretenden exaltar el quebrantamiento del modelo de familia, con el único fin de destruirla. Y es que, como decía uno de los ponentes: “Familia débil, sociedad débil”.
 
Pero, no  podemos  ni debemos renunciar, nuestra felicidad depende de ello, a “unir fuerzas para sostener, con todo medio posible, a las familias desde el punto de vista social y económico, jurídico y espiritual”, como subrayó recientemente Benedicto XVI y a exigir a los poderes públicos unas  políticas familiares efectivas de apoyo a la familia, “que ofrezca la posibilidad concreta a los padres de tener hijos y educarles en familia”.
 
En definitiva, no debemos, no sería justo para las generaciones venideras,  abandonar la defensa de la familia, puesto que es un bien insustituible para la persona y, por lo tanto, un valioso patrimonio común  para la sociedad.

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