Feminismo Joven y perspectiva de género

El feminismo joven, (véase un ejemplo en el texto de la periodista de La Vanguardia, Cristina Sen, de 29 enero 2017, Feminismo para todas) es una aplicación específica estratégica de la perspectiva de género. De hecho, no hay hoy ningún otro feminismo más que el que se mueve dentro de aquel marco de referencia.

Sus características fundamentales son:

  • La cuestión no es la distribución del poder entre hombres y mujeres, sino cómo lograr al Poder con mayúsculas. Hace notorio, por lo tanto, lo que era una pretensión revestida de disimulación: se trata de una ideología política que, como las otras, aspira simplemente a mandar.
  • La finalidad de esta política es liquidar aquello que denominan binarismo hombre/mujer, para considerar el género como un continuo de lo que se tiene que hacer desde las instituciones públicas, en las que ya se está presente. Son los grupos LGBTI, etc… y de feminismo de género
  • Se trata, por tanto, como confesión explícita, de liquidar la naturaleza humana en lo que tiene de esencial: su condición femenina y masculina.
  • Se presenta a sí mismo como mordaz –que, traducido, quiere decir con derecho al insulto-, despreocupado y festivo, como expresa uno de sus últimos símbolos, que definen con valor universal. Una gorra rosa con orejas de gato, el pussyhat, empleado en las manifestaciones contra Trump, y que quiere expresar el doble sentido de pussy (coño) y la misoginia de Trump. Este uso abundoso de expresiones que les parecen “fuertes” (Sacad el rosario de nuestros ovarios, No es país para coños, el libro de la periodista Lopez Varela, Putas) revela un interesante paralelismo de lenguaje con el machismo más cavernario. Con una diferencia nada menor: aquello que entre los hombres era visto como un lenguaje de gente poco educada, es cultivado por periodistas y universitarias que hacen ostentación de titulaciones y cargos.
  • Reivindican la sororidad, como expresión sustitutiva de fraternidad, reduciendo así la expresión ilustrada, símbolo de la Revolución Francesa, a una consigna machista, porque, según su interpretación del lenguaje, sólo corresponde a los hombres.
  • Acentúan la dimensión liberal de la igualdad marginando todo análisis de las causas ligadas a las relaciones de producción. Para esta visión, desigualdad significa no invertir bastante en casas de acogida para mujeres maltratadas, que no se subvencionen todos los estudios de género, que se pueda limitar la libertad de abortar en consideración al ser humano no nacido, la visualización de los colectivos LGTBI, etc…
  • Mantiene como barco insignia de su estrategia, la violencia machista, que se continúa presentando también en el marco de nuestro país como un hecho estructural, sin atender a las causas que la fomentan: ruptura de las relaciones, prostitución y pornografía, como fenómenos que cosifican a la mujer, educación que ha abandonado el respeto por la dignidad humana, y el más específico por la condición femenina, sustituidos por una dialéctica de lucha de clases, el sistema de creencias de la pareja. En realidad, no se busca tanto reducir la violencia sino conseguir la máxima publicidad de la misma para fundamentar el carácter estructural de la violencia de la sociedad patriarcal
  • Este feminismo de género, que se presenta como joven, añade nuevas e inasimilables contradicciones a esta ideología. Por un lado, proclama que la liquidación del binarismo no tiene que ser solamente objeto del debate teórico, sino que tiene que experimentarse en el propio cuerpo, en la propia sexualidad, lo que constituye una orientación absolutamente basada en la subjetividad. Por otro lado, en un intento de mantener la etiqueta de izquierdas, la concentración de la perspectiva de género en aquello que es más personal, el propio cuerpo y la sexualidad, porque entiende, acertadamente, que esta es una visión liberal que ha abandonado la dimensión estructural, reconociendo así la crítica al que ha sido un factor de enmascaramiento de las causas de la desigualdad social. Ahora hay que pasar, afirman, a la lucha contra las grandes estructuras de estado, pero, esta idea sigue sin contemplar su dimensión económica, la del modus y relaciones de producción, que sólo tienen interés en cuánto afectan a mujeres, inmigrantes, precarias. De este modo, suprime la causa económica del conflicto social, que integra a mujeres y hombres por igual, y la disimula bajo una cuestión de género.
  • No es la única gran contradicción. Vieja o joven, esta ideología de género sigue incapaz de concluir la evidencia de que la prostitución es una fórmula mercantilizada de violencia a gran escala contra la mujer, que, además promueve una visión de la mujer proclive a violentarla. Esta realidad, que fue la causa fundamental de la prohibición de la prostitución en Suecia, sigue sin ser aceptada. Líderes de lo que se presenta como la nueva izquierda, como Ada Colau, defienden la regulación de la prostitución.
  • Algo parecido sucede con otro trasiego mercantil, el de los vientres de alquiler. En este caso, la contradicción nace en buena medida por el hecho de que el grupo de la ideología de género de gays, no acepta, que aquella posibilidad pueda ser censurada.
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