Fin: la Sibila y Gonzalo de Berceo contaban mejor el Apocalipsis

Casi dos semanas después de su estreno queda claro que no ha arrasado en taquillas la película "Fin", una adaptación de…

Casi dos semanas después de su estreno queda claro que no ha arrasado en taquillas la película "Fin", una adaptación de Jorge Torregrossa a partir de la elogiada novela apocalíptica de David Monteagudo. Eso no quiere decir que no tenga su interés.

El argumento parece apasionante en nuestra época de apocalipsis, zombies y civilizaciones que se derrumban, cuando todos soñamos con abandonar nuestras empresas en quiebra y retirarnos al campo, a vivir con austeridad y autenticidad y quizá poder conocer de verdad a nuestras familias y amigos.

En la película, un grupo de amigos cuarentones decide reunirse en una casa de montaña, después de 20 años sin verse. Muy pronto se dan cuenta de que no han dejado del todo atrás sus pecados de juventud, que arrastran sus heridas, y que deberán pagar por ellas.

El más grave es su abandono de "Ángel el profeta", un antiguo compañero de fiestas al que dejaron en una institución cuando perdió su equilibrio mental. "Gritaba chorradas de la Biblia", dicen. Es la única alusión a la Biblia con palabras, pero hay muchas alusiones con imágenes y conceptos. "Estuve enfermo y no me visitasteis" cobra especial relevancia aquí.

Hay quien ha comparado la película y la novela con "Diez negritos", de Ágatha Christie… un grupo de gente queda en un sitio aislado, y empiezan a morir. Otros se centran en lo apocalíptico road-movie y citan el Cormac McCarthy de La carretera (un libro de 2006 que tuvo su película). También gustará a quien le gustase The happening (2008), de M. Night Shyamalan: misterio sin explicación. El director Torregrossa se defiende diciendo que tampoco en "Los pájaros" de Hitchcock se sabe por qué los animales han enloquecido.

Muchos críticos han coincidido en que la película se queda a mitad de camino entre el género de ciencia ficción o fantasía o thriller apocalíptico y la historia de personajes y psicologías. Dicen que no cierra ninguna de ambas posibilidades.

Añadamosque le falta teología. Un apocalipsis sin teología, o se explica científicamente (sería ciencia ficción) o se explica fantásticamente (sería fantasía). Sin explicación, queda muy cojo. Pero, claro, también nuestro mundo descreído está muy cojo, porque no tiene referencias teológicas.

Dicen que los personajes sufren angustia juvenil, no metafísica. Parecen cómodos en el absurdo. Y cuando al final se anuncia un nuevo principio, una nueva Eva, un nuevo Adán, no parecen sentirse agradecidos por la nueva oportunidad. Cuando uno siente que ha de dar gracias por la vida, termina creyendo en Alguien al que dar las gracias, que sería Dios. Aquí no pasa.

Lo cierto es que para enmarcarlo bien hay que remontarse a los versos sobre el apocalipsis del viejo juglar sagrado Gonzalo de Berceo en el siglo XII, y antes, a su inspiración, el Canto de la Sibila, profecías cristianas del siglo II sobre el fin del mundo. Los personajes de la película (que parece ambientada en el Levante español) quizá podrían recordar el Canto de la Sibila que se mantiene en la catedral de Palma y se está extendiendo actualmente por Cataluña y Valencia. O, como decíamos, los poemas de Gonzalo de Berceo.

Una de las escenas, la de las estrellas que se apagan, tiene al menos2.400 años de antigüedad en nuestra tradición: viene de Isaías 34,4: "Todos los astros del cielo se desintegrarán, el cielo se envolverá como un rollo y todas las estrellas se apagarán, como se marchita y cae una hoja desprendida de una vid o de una higuera".

Después, desaparece gente que está a nuestro lado. Eso es del mismísimo Jesucristo: "Os digo que en aquella noche estarán dos en una cama; el uno será tomado, y el otro será dejado. Dos mujeres estarán moliendo juntas; la una será tomada, y la otra dejada. Estarán dos en el campo; el uno será tomado, y el otro dejado." (Lucas 17:32-35)

En la Edad Media, clasificaron los signos del Fin del Mundo en 15 días distintos. No todas las versiones coincidían exactamente. "Fin" toma algunos signos y deja otros. Los recordamos con Gonzalo de Berceo.

Así, en el tercer día:

"Las aves también ellas, menudas y granadas,
andarán dando gritos todas mal espantadas;
así harán las bestias, las salvajes y domadas,
no podrán a la noche volver a sus posadas".

Esto se refleja en la película en la huída de las aves, la estampida de las cabras y el ataque de los perros.

En el día noveno:

"El día que viniere, el noveno pasado,
estarán todos los hombres fuera de su forado;
andarán aturdidos, pueblo mal desarrado,
mas para hablar ninguno será tan osado".

Y efectivamente nuestros personajes abandonan su refugio y caminan errantes y aturdidos y en silencio la mayor parte del tiempo.

El día número 12, según Berceo, caen los astros, aunque hemos visto que la película prefiere, como Isaías, decir que "se apagan". Otra cosa es que se caigan artefactos voladores de los humanos modernos.

"Non será el dozeno qui lo ose catar,
ca verán grandes flamas por el aire volar;
verán a las estrellas caer de su lugar
como caen los figos que caen del figar".

Y el día 13, según Berceo, se acabó todo: mueren los vivos y llega el Juicio.

"Del trezeno hablemos, los otros terminados:
morirán todos los vivos, menudos o granados,
mas, a poco de término, serán resucitados,
para venir al Juicio, justos y condenado
".

Pero aquí ni la novela ni la película postmodernos pueden seguir a la Sibila o al trovador de clerecía. No tienen fe para mostrar el Juicio ni los resucitados.Porque el Apocalipsis tiene una función: educar y avisar y hacer visible a Cristo. Y eso es lo que la novela y la película no pueden ni permitirse. Cuando los personajes llegan a una iglesia, uno pone una vela por sus hijos. Pero no hay ni fe ni esperanza. Precisamente, lo que Berceo sí intentaba suscitar. Y también, deseo de justicia.

"Cuando el pobrecillo a vuestra puerta vino,
pidiendo en mi Nombre con hábito mezquino,
vos dar no le quisisteis ni del pan ni del vino;
hoy, si en él hubierais pensado, os sería padrino."

La gran diferencia estriba en que para los medievales y la fe cristiana, toda la Verdad saldrá a la luz. Para el postmoderno, apenas sale algún pecado, y sólo se revela a un par de personajes, y no hay gran verdad que revelar. Tampoco hay claros arrepentimientos. En este sentido, Gonzalo movía masas y aún se lee, mientras que "Fin" está condenada a ser olvidada muy pronto (excepto quizápor fans hispanosdel género apocalíptico).Gonzalo es más potente.

"El día del Judicio mucho es de temer,
más que ninguna cosa que pudiese ser;
todos verán sus males ante sí tener,
no podrá cosa alguna de su mal esconder
.

Todo cuanto hizo, menudo o granado,
excepto si por penitencia lo hubo lavado,
todo estará a ojo en medio del mercado,
conocerlo han todos, no les será ocultado
.

Las vidas de los hombres allí serán contadas,
de buenos y de malos serán mal porfazadas,
como serán abiertas sin puertas las posadas,
parecerán las paredes que fueron mal tapiadas.

Digamos Paternoster, que esto nos ganemos,
laudemos la Gloriosa, merced le reclamemos;
todos Ave María a su honor cantemos,
que nos, con el su Hijo y con Ella reinemos".

Gonzalo de Berceo acaba así con esperanza: con Cristo y la Virgen, seremos reyes. En "Fin" apenas hay Cristo y Virgen, excepto como figuras poco vivas en un templo mediterráneo, y no aportan consuelo ni esperanza. Cuando llega el final, como promesa de principio, a los personajes no les importa no ser reyes, sino seguir siendo desterrados hijos de Eva y engendradores de más hijos desterrados. Peor aún, ni siquiera saben que son desterrados.

Hay más sentido en el barco del Show de Truman que choca con la pared pintada de azul en el fin del mundo. Truman al menos descubre la verdad y el amor. En el barco de "Fin" hay algo de amor, pero poco de verdad.

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