Fondo de 50.000 millones de euros: de acuerdo, pero ¿para quién?

El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, anunció este martes, 7 de octubre, la creación de un fondo con cargo al Tesoro de 30.000 mil…

El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, anunció este martes, 7 de octubre, la creación de un fondo con cargo al Tesoro de 30.000 millones de euros, ampliables hasta un máximo de 50.000, para garantizar “que las empresas y los ciudadanos sigan financiándose”.

 

Al mismo tiempo, el presidente español informó de que se eleva la garantía de los depósitos o ahorros hasta los “100.000 euros por titular y entidad”, cuando hasta ahora el tope estaba en 20.000 euros.

 

Sin embargo, a pesar de lo positivo de las medidas anunciadas por Zapatero, su golpe de efecto deja en el aire algunas dudas e insuficiencias: ¿quién se beneficiará realmente de los 50.000 millones? El presidente no explicó qué sistemas de control garantizarán que el dinero llegue a las pymes y las familias.

 

Asimismo, los ciudadanos ven garantizados sus depósitos hasta los 100.000 euros, pero, ¿qué pasa con los depósitos de las grandes empresas? Y, en el otro extremo, ¿qué pasará con los fondos de pensiones?

 

En ese sentido, Zapatero se limitó a decir que los detalles sobre sus propuestas los ampliará el ministro de Economía, Pedro Solbes, el próximo viernes, 10 de octubre.

 

Foto con los banqueros

 

Veinticuatro horas antes de anunciar estas dos medidas, el presidente del Gobierno ya las anticipó, pero sin concretar las cifras, en la reunión que mantuvo en el Palacio de La Moncloa durante dos horas con los principales banqueros españoles. La foto fue la noticia del día en toda la prensa.

 

En la reunión, que se convocó de forma precipitada esa misma mañana, estuvieron presentes Alfredo Sáenz, vicepresidente del Santander; Ángel Ron, presidente del Popular; Francisco González, presidente del BBVA; Miguel Blesa, de Caja Madrid; Isidro Faine, de La Caixa; y Braulio Medel, de Unicaja.

 

Pero, el fruto del encuentro de Zapatero con los representantes de los principales bancos no parece que contemple soluciones que ayuden a paliar tres de los grandes problemas, junto con los de la garantía de los depósitos y la liquidez, que conforman el eje de la actual crisis económica española: el problema de la vivienda, la desbocada inflación y la baja productividad.

 

Cabe señalar que sobre estos cinco problemas, a pesar de las advertencias de analistas españoles e internacionales, el Gobierno no ha hecho prácticamente nada hasta el momento de hacerse la foto con los banqueros.

 

Garantía, pero no para todos

 

Con respecto al primer problema, el de la pérdida de confianza financiera, en el que bancos y cajas de ahorros no se prestan dinero o se lo prestan caro, el mayor riesgo que se corre es que esta desconfianza se transmita a los ciudadanos y que estos acaben retirando su dinero.

 

En ese sentido, la propuesta del Gobierno de garantizar los ahorros de hasta 100.000 euros viene a dar una cierta tranquilidad, aunque no resuelve el problema de las grandes empresas que realizan depósitos mucho más elevados.

 

Eso lo han solucionado países como Alemania, Irlanda, Portugal, Grecia o Dinamarca garantizando el 100% de los depósitos.

 

Es obvio que la medida anunciada por ZP no garantiza los fondos de inversión, pero no parece del todo lógico que tampoco se contemple ningún tipo de garantía para los fondos de pensiones, cuestión más delicada por cuanto afecta a un colectivo sobre el que se debería tener una especial sensibilidad.

 

Más liquidez: ¿llegará a los ciudadanos?

 

El segundo problema, la falta de liquidez, lo ha solucionado aparentemente Zapatero con la propuesta de inyectar un fondo de entre 30.000 millones y 50.000 con cargo al Tesoro y mediante la compra de “activos seguros”.

 

“Ante la restricción de crédito” que hay actualmente, el objetivo es “que las empresas y los ciudadanos sigan financiándose”, aseguró.

 

Se supone que así se incentivará la concesión de préstamos a ciudadanos y empresas, algo que, ante la crisis, los bancos hacen con cuentagotas, grandes condicionantes y a precios caros.

 

Sin embargo, si los destinatarios son las empresas y las familias, cabría preguntarse por qué no se aplican directamente esos 50.000 millones a dar créditos a sus destinatarios vía ICO, por ejemplo. Esta es una fórmula menos compleja que la que propone el Gobierno.

 

Mariano Rajoy insistía después del anuncio de Zapatero en que hay que ver “cuál va a ser el precio que pagamos y que vaya realmente a empresarios y familias y no a tres o cuatro con nombres y apellidos”.

 

Y esa es la sombra de la sospecha que se cierne sobre la propuesta del Gobierno: que no vayan a ser, al final, las grandes inmobiliarias y los bancos, que a su vez han prestado excesivo dinero a esas constructoras, quienes salgan más beneficiados.

 

La creación de una comisión de control en el Congreso que supervise la compra de activos, a qué precio se compran esos activos, si son verdaderamente fiables y que se hace con el dinero, podría ayudar a despejar las dudas.

 

Los tres problemas olvidados

 

Por último, hay que insistir en que en la reunión de Zapatero con los banqueros y su posterior anuncio de medidas contra la crisis, el presidente ha obviado los otros tres grandes problemas de la economía española:

 

1. La crisis inmobiliaria y el gran volumen de viviendas sin vender, entre un millón y un millón y medio, que no se podrán ‘colocar’ hasta pasados tres o cuatro años.

 

2. La desbocada inflación, la mayor entre los países del entorno. Con efectos a nivel social, ya que castiga más a los trabajadores con sueldos más bajos, y a nivel económico, ya que es el factor que más afecta a la competitividad. Con el agravante de que si no ganamos competitividad el déficit exterior no hace otra cosa que incrementarse.

 

3. La baja productividad. Desde mediados de los 90 hasta 2008 los índices de productividad son excesivamente bajos, entre el 1% y valores negativos. De hecho, la baja productividad pasada es un claro indicador de un PIB exiguo en el futuro. Aunque, en temas como el de la productividad, es difícil adoptar medidas que aporten soluciones a corto plazo.

 

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